CAPÍTULO 1
★ ITZEL LEÓN
Soy una mujer independiente. No tengo familia, vivo sola desde los 18 años y, a mis 25 años, no sigo órdenes de nadie. Soy psicóloga y mi propia jefa; poseo mi propio consultorio y me gusta tener el control de todo en mi vida.
Estoy soltera, no porque no sea bella y no tenga un gran cuerpo; al contrario, siempre estoy entrenando y tengo un cuerpo deseable.
La razón de mi soltería es que no soy para nada sumisa; me gusta ser quien lleve las riendas no solamente en mi vida y mi trabajo, sino también en la intimidad.
Hay noches en las que me gusta ir a divertirme y sumergirme en el mundo de la dominación y la sumisión; por supuesto, yo soy la que domina, porque soy de las que dicen que antes muerta que sumisa. Disfruto dar órdenes; me es muy excitante dar órdenes y castigar a los hombres sumisos; ello me lleva a la cima del placer muy rápido.
Ser yo quien domine, quien los castigue y les haga todo tipo de cosas con su consentimiento, claro, me enloquece. Verlos estremecerse mientras se mueren por estar dentro de mí y no poder hacer nada hasta que yo les dé el permiso y la orden me hace sentir mucho calor, y me encanta ver en sus ojos cómo se mueren por entrar y ser solamente yo la que tenga el poder de decidir si dejarlos o no.
Es excitante y placentero ser dueña de tal poder; también me gusta que se dirijan a mí con respeto. Esos hombres sumisos se arrodillan ante mí y yo puedo hacer lo que quiera con ellos; ninguno se resiste y es magnífico que sea así.
En la cotidianidad, hay muchos hombres que se muestran imponentes y muchos pensarían que no se doblegan ante nadie. Pero, al entrar a los clubes que yo visito cuando tengo ganas de pasar una buena noche y disfrutar de mucho placer —placer que me otorga ser la dominatriz del juego—, esos hombres cambian por completo al pisar los clubes b**m; parecen unos gatitos bien entrenados que obedecen a su señora sin dudarlo.
Me encanta tener tal poder en mis manos y me encanta pasar noches tan maravillosas. Disfruto mi vida, mi sexualidad, mi soledad y mi independencia; aunque muchos esperan que, al ya tener un departamento propio, mi propio consultorio y al ser tan independiente en todos los sentidos, es hora de que me case y tenga hijos.
No soy una mujer hecha para eso; soy una dominatriz, no una ama de casa sumisa a su esposo. Hoy en día, los hombres solamente buscan eso: una mujer sumisa que se quede en casa y los atienda al llegar de trabajar y que se encargue de cuidar a los niños. Esa no soy yo; esa no es una tarea para una dominatriz.
Esa es la razón de mi soltería y creo que voy a seguir así por un largo rato. Estos juegos con esos hombres, juegos donde yo mando, son muy placenteros y no pienso dejarlos para vivir una vida aburrida y cotidiana, casada con un hombre que me quiera tener en la casa limpiando y cuidando niños. No, yo antes muerta que sumisa.
★ BRYAN LOMBARDÍA
Soy arquitecto, tengo 34 años, soy dueño de mi propia constructora, soltero desde hace un par de años, pues antes tenía un contrato con mi secretaria. Un contrato de sumisión en el que ella aceptaba ser mi sumisa y someterse a los deseos de su amo, o sea, yo.
Todo con respecto a ese contrato marchaba bien; ambos mantuvimos en secreto cada detalle de lo que pasaba en nuestra intimidad y ella me obedecía en todo. Muy pocas veces llegué a castigar a Lorena, y cuando lo hice, aceptó cada castigo sin dudarlo; una sumisa excelente.
El único problema con Lorena es que quería ser madre y, pues, yo no quiero hijos o una familia; me gusta mi libertad, mi independencia y ser el jefe, el que manda, el dominante; me gusta ser el amo, es algo que disfruto.
Muchos tienen muy malas opiniones sobre el b**m, pues no conocen nuestro mundo. Cada golpe, cada castigo, los azotes y las ataduras, todo está perfectamente planeado en medio del acto s****l, pues el propósito es provocar placer, no dolor.
Existen muchas personas con malas experiencias en el mundo b**m y es porque lo probaron con personas que no conocen del tema, no saben manejarlo.
Ya con la dirección de la psicóloga, salí de mi oficina, me despedí de mi hermano Jonathan y luego bajé al estacionamiento, donde subí a mi auto y me puse en marcha hacia el consultorio de la doctora León.
Supongo que esa doctora será otra de las viejas amigas de mi mamá que intentarán manipularme para que me relacione con una de sus hijas, lo cual no va a pasar. Me gusta demasiado mi estilo de vida.
Prefiero un buen contrato con una sumisa que sepa complacerme y obedecer mis órdenes, a una esposa latosa que me discuta por todo y me recrimine mis llegadas tarde y mis gustos tan peculiares en la intimidad.
Por lo que, sin importar lo que mi madre y sus amigas planeen, yo no voy a cambiar. Me gusta mi estilo de vida y no pienso modificarlo.
Al llegar al edificio, un guardia me preguntó a qué piso iba y, luego de que le dijera que voy al consultorio de la doctora León, me indicó en qué nivel debía estacionar.
Al parecer, cada doctor tiene su propio estacionamiento. En este caso, me tocó el tercer piso del estacionamiento, así que, después de dejar mi auto, subí al elevador y marqué el último piso, donde se encuentra ubicado el consultorio de la doctora León.
En cuanto llegué al último piso, me recibió la asistente personal de la doctora y me llevó hasta el consultorio, donde me indicó que esperara cinco minutos, ya que la doctora estaba terminando con un paciente en la habitación de al lado y luego vendría conmigo.
De por sí, ya estoy molesto por tener que estar aquí y ahora resulta que debo esperar a la dichosa doctora León. Esto sí es el colmo.
Esperé cinco minutos. No soy muy paciente y estaba por irme cuando la puerta se abrió y entró una hermosa mujer, con cabellos rizados, piel blanca, ojos de color café y labios perfectos, de esos que invitan a besarlos. Es una mujer muy hermosa. Me atrevería a afirmar que ella sería una excelente sumisa. Quizás hacerle caso a mi madre y venir aquí no resulte tan malo… Creo que encontré a mi siguiente sumisa.
—Disculpe mi tardanza, señor Lombardía. Mi cita anterior se alargó, pero no volverá a pasar —dijo la hermosa mujer de cabello ondulado mientras tomaba asiento detrás de su escritorio y se colocaba los lentes. Posteriormente, alzó la mirada y ambos nos quedamos observándonos fijamente a los ojos por algunos segundos.
Se ve aún más hermosa con lentes. No lo sé… Esta mujer me produce demasiado calor. Me la imagino gimiendo, mientras la sujeto de esa hermosa cabellera y sus manos están atadas a su espalda.
—No se preocupe, tan solo fueron cinco minutos. Nada grave —respondí.
Mi enojo con mi madre se fue por un tubo. Jaja, saliendo de aquí le enviaré el contrato a esta hermosa mujer. Estoy seguro de que no se negará.
ITZEL LEÓN
Mi día se complicó muchísimo. Esperaba tener mis acostumbradas citas tranquilas, escuchando los problemas de los demás, pero un joven de 18 años con depresión intentó suicidarse en mi consultorio. Me costó mucho tranquilizarlo y tuve que extender su sesión unos minutos para reunir a sus padres y hablar con ellos.
Afortunadamente, pude salir a tiempo para atender a mi siguiente paciente. Bueno, llegué cinco minutos tarde, pero eso no importa. Esta noche saldré a quitarme el estrés y a pasarla bien con algún sumiso en El Abismo, el club al que voy con frecuencia.
Hay muchos otros clubes, pero El Abismo es mi favorito. Sin ánimos de ofender a los demás, este es el mejor lugar para quienes disfrutan del b**m.
Después de solucionar la situación con el chico, caminé a mi consultorio personal, donde me esperaba mi siguiente paciente. Según su madre, está aquí porque le teme al compromiso y quiere que yo lo ayude. Veré qué puedo hacer por él.
Fuera de mi consultorio, saludé a mi asistente personal, Taylandia «o Tay, como suelo llamarla», quien me recibió con una sonrisa cómplice.
—Hay un bombón esperándote —soltó con picardía.
Solté una risa, porque para ella todos los hombres son unos bombones y sueña con que la dejen temblando de las piernas. Tay, en el mundo del b**m, es una sumisa, pero a diferencia de muchas, ella disfruta plenamente de su papel.