CAPÍTULO 9 La Decisión de Gerardo

1569 Words
Hay decisiones que no se toman por amor, sino por supervivencia. LOS ÁNGELES La casa estaba demasiado ordenada para el caos que se respiraba dentro – cada cojín en su lugar, cada cuadro recto en la pared, como si el orden exterior pudiera contener lo que se desmoronaba por dentro. April permanecía sentada en el sofá de terciopelo oscuro, con las manos entrelazadas tan fuerte que los nudillos se habían puesto blancos. Ya llevaba tres días sin saber nada de Tyler – ni llamada, ni mensaje. La abuela Mónica tejía en el sillón frente a ella, los dedos moviéndose con precisión, sin levantar la voz ni perder la compostura; no lo necesitaba. Su silencio pesaba más que cualquier grito. Ricardo, su tío, fue el primero en romperlo, apoyándose en el marco de la puerta. —Ese muchacho no es para ti, April. Ya lo sabes. Se fue sin decir nada, como si nunca hubiera existido. April alzó la mirada, encontrando la seriedad en sus ojos. —No saben nada de él. Solo lo ven como un extraño con dinero. Seguro que tiene sus razones. —Precisamente —respondió la abuela, sin dejar de tejer—. No sabemos de dónde viene, ni quiénes son sus padres, ni qué hace para vivir con esa clase de lujo. Y eso es lo peligroso. Ahora mismo no sabemos ni si está vivo o muerto. —No es un delincuente —dijo April, casi suplicando, aunque su voz seguía firme—. Solo es… reservado. Le gusta mantener su vida privada. Ricardo negó con la cabeza, sacudiendo ligeramente los hombros. —Los hombres reservados esconden cosas, mija. Cosas que no siempre son buenas. Y tú no estás hecha para cargar secretos ajenos. No te mereces eso. Ya escuchaste lo que dijo Alice – que se mueve en círculos peligrosos. La abuela se acercó un poco más, dejando su trabajo sobre el respaldo del sillón. —Aquí no te criamos para ser la distracción de nadie —dijo con calma, pero con una firmeza que no dejaba espacio a discusiones—. Si él es lo que dicen en los círculos donde se mueve… tarde o temprano te va a arrastrar a problemas que ni siquiera puedes imaginar. Y ahora ni siquiera puedes contactarlo para saber qué pasa. April sintió el nudo en la garganta apretándose más. —No me ha hecho daño. Nunca me ha hecho nada más que bien. —Todavía —respondió Ricardo, con tono triste—. Y ese es el problema. El daño viene cuando menos te lo esperas. No hubo gritos. No hubo escándalo. Solo una sentencia clara, pronunciada como si fuera una verdad incuestionable: —Aléjate de él —dijo la abuela, poniéndole una mano sobre el hombro—. Por tu bien. Por el bien de toda esta familia. April subió a su habitación sin responder, temiendo que si abriera la boca, las lágrimas saldrían a borbotones. Cerró la puerta con suavidad y apoyó la frente contra la madera fría. En su cama, su celular seguía sin señales de vida de él. Y por primera vez desde que lo conociera, dudó. MÉXICO – RUTA HACIA LA FINCA DE GERARDO Tyler viajaba en el coche junto a su hermano, con la mirada fija en el camino polvoriento que llevaba a la finca. Había olvidado su teléfono en Los Ángeles y la impotencia le quemaba por dentro – no podía llamar a April para explicarle nada, ni a su madre para darle tranquilidad. Solo sabía que su hermana de 17 años estaba con Gerardo, y que el capitán Almonte había vendido su mercancía a Rubén Darío, el capo colombiano que quería acabar con él. —No puedo creer que Almonte nos haya traicionado —dijo su hermano, rompiendo el silencio—. Lo conocí desde que era chico. Él mismo ayudó a cuidar a nuestra hermana cuando éramos pequeños. —La traición no tiene fronteras ni recuerdos —respondió Tyler, con voz seca—. Tú estabas a cargo de la operación desde aquí. Tenemos que saber cómo pudo hacer esto sin que nadie se diera cuenta. El celular de su hermano vibró – era Mauricio, llamando desde Los Ángeles. —Habla —ordenó Tyler, tomándoselo de las manos de su hermano. —Jefe, conseguí más información —dijo Mauricio por el otro lado—. Almonte no actuó solo. Rubén Darío le prometió un puesto alto en su organización y dinero suficiente para empezar de cero en Colombia. Además, hay alguien dentro de tu equipo en México que le pasó los datos de la ruta. Tyler cerró los ojos un segundo, sintiendo cómo la tensión subía por su espalda. —¿Quién? —Aún no lo tenemos claro. Pero lo que sí sé es que Gerardo no tiene nada que ver con esto. Él solo tiene a tu hermana para asegurar que tú vuelvas y arregles las cosas – teme que Rubén Darío extienda su poder hasta nuestras tierras. —Ya llegamos a la finca —dijo Tyler, mirando por la ventana los altos muros de piedra—. Me encargo de hablar con él. No puedo permitir que piensen que estoy distraído o débil… ni que mi familia pague por mis errores. Colgó y guardó el celular en el bolsillo. Miró el paisaje mexicano que pasaba a su lado – el mismo donde había crecido – y ya no había rastro del hombre relajado que había estado con April días antes. Ya no había espacio para la calma. MÉXICO – FINCA DE GERARDO El cielo estaba nublado cuando el vehículo de Tyler entró por los portones de la finca. Las lluvias de la temporada se acercaban, y el aire olía a tierra mojada y agave. No iba armado. No iba a declarar guerra. Iba a recuperar a su hermana y a buscar respuestas. Gerardo lo recibió en la terraza principal con cordialidad genuina, extendiendo la mano con una sonrisa que mostraba más años de experiencia que de amabilidad. A su lado, sentada en una silla pequeña, estaba la hermana de Tyler – tranquila, comiendo una manzana, aunque sus ojos mostraban miedo. —No esperaba verte tan pronto, Tyler —dijo Gerardo, señalando una silla frente a él—. Tu hermana está a salvo. No le he hecho nada. Pero la mercancía que salió de aquí rumbo a Colombia nunca llegó a tus socios. Y eso pone en riesgo todo lo que hemos construido juntos. —Lo sé —respondió Tyler, aceptando la mano con un apretón firme, mirando brevemente a su hermana para asegurar que estaba bien—. Y por eso vine a hablar contigo. El capitán Almonte nos traicionó – la vendió a Rubén Darío. No te estoy acusando. Solo te aviso, porque esto afecta el territorio que compartimos. Gerardo levantó una ceja, sorprendido, y tomó un sorbo de su café n***o. —Si hubiera sido cosa mía, lo sabrías antes de aterrizar en la pista. Me gusta que la gente sepa con quién está tratando. Y a mí no me interesa el puesto de nadie – solo mantener a salvo a mi gente y nuestras tierras. —Eso lo sé. Por eso vine a decirte lo que pasó. Y a pedirte que dejes ir a mi hermana. Ella no tiene nada que ver con esto. Gerardo apoyó los codos sobre la mesa de piedra, observándolo con atención. —Entonces tienes un enemigo que ya conoces… y uno que creías controlado. Rubén Darío no va a parar hasta tomar tu lugar. Alguien dentro de tu propio equipo le está pasando información. Tyler apretó la mandíbula, sintiendo cómo el peso de la responsabilidad se apretaba en su pecho. —Por eso estoy aquí. Para asegurarme de que no estamos en contra, y para saber si tienes alguna idea de quién podría estar ayudándolo desde dentro. Gerardo se inclinó hacia atrás en su silla, mirando hacia los campos de agave que se extendían hasta el horizonte. —Muchacho, este negocio no perdona distracciones. Ni errores. Si bajas la guardia por un segundo, alguien más toma tu lugar. Eso es la única regla que importa. Y tú… últimamente has estado más pendiente de lo que pasa en Los Ángeles que de lo que ocurre aquí en casa. Tyler asintió, entendiendo perfectamente la advertencia. —Por eso estoy aquí. No voy a dejar que nadie me quite lo que he construido… ni que nadie toque a mi familia. No hablaron de mujeres. No hablaron de sentimientos ni de vidas privadas. Solo de poder, rutas y lealtades – las únicas cosas que importaban en ese momento. Gerardo asintió y señaló a la joven: —Puede irse contigo. Pero cuando encuentres a Almonte y recuperes la mercancía… ven a verme. Rubén Darío va a llegar hasta aquí, y necesitaremos estar unidos si queremos sobrevivir. LOS ÁNGELES – NOCHE April se recostó en la cama, mirando su celular en la oscuridad de la habitación. La pantalla iluminaba su rostro cada vez que revisaba las notificaciones, pero siempre aparecía el mismo mensaje: nada nuevo. Ningún mensaje. Ninguna llamada. No sabía que Tyler estaba miles de kilómetros de distancia, en medio de un México que conocía como la palma de su mano, entrando más profundo en el mundo que había intentado dejar atrás para estar con ella. Ni que su silencio no era abandono… sino la única forma que encontraba de protegerla.
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