(Primera persona – Alice) El dolor empezó en la madrugada, como un cuchillo lento que giraba dentro de mí. Me desperté empapada en sudor y sangre. La sábana estaba roja entre mis piernas y el olor metálico me golpeó tan fuerte que vomité al lado de la cama. Intenté levantarme, pero las piernas no me respondieron. Caí de rodillas en el piso de mármol frío del baño. Mis padres no estaban. Se habían ido de viaje dos días antes y volvían mañana. La casa estaba vacía, silenciosa, solo el eco de mis jadeos. Saqué el teléfono con manos temblorosas y marqué el número de Vanessa. —Vanessa… ven… por favor… estoy sangrando… mucho… la clínica… salió mal… Al otro lado se oyó su respiración agitada. —¿Qué? Alice, ¿qué hiciste? ¡Llama al 911 ahora mismo! —No… no puedo… mis padres me matan… están de

