Capítulo 25: La Noche del Lobo

1194 Words
ESCENA 1: EL ENCUENTRO PELIGROSO INT. APARTAMENTO DE VALERIA - MADRUGADA Valeria apaga la luz de la mesita de noche y se prepara para acostarse. Ha seguido las indicaciones de Tyler: cerrado las persianas, bloqueado la puerta y mantenido el teléfono a mano. Pero el silencio del apartamento se siente pesado, opresivo. De repente, un crujido se escucha en la ventana del salón. Ella se sienta en la cama, con el corazón latiendo a mil por hora, y agarra un cuchillo de cocina que tiene debajo de la almohada. —¿Quién está ahí? —grita con voz temblorosa. Una figura alta y oscura aparece en la puerta del dormitorio, envuelta en sombras. Los ojos brillan con un brillo frío. —Valeria, Valeria… —susurra una voz rasposa—. ¿Verdad que pensaste que podías esconderte de El Lobo? —Te juro que no dije nada —gime ella, retrocediendo hasta el pared—. No les conté nada de Rubén Darío ni de ti. —No creas que soy tonto —dice el hombre, acercándose lentamente—. Sabía que hablabas con Tyler. Almonte siempre fue un idiota, y ahora su hermano también. Y tú… tú te metiste en cosas que no te concernían. Valeria intenta correr, pero él la alcanza en dos pasos y la agarra por el cuello, apretando con fuerza. Ella lucha, golpeándolo con los puños, pero es inútil. Los ojos se le nublan, y finalmente cae al suelo sin vida. El Lobo mira el cuerpo por unos segundos, limpia las huellas que pudo haber dejado y se va por la ventana, desapareciendo en la oscuridad. ESCENA 2: LA ESCENA ESCALOFRIANTE INT. APARTAMENTO DE VALERIA - AL DÍA SIGUIENTE, TEMPRANO Vairon, el hermano de Valeria, abre la puerta con su llave. Llega temprano como siempre para llevarle desayuno, ya que sabe que ella trabaja noches y duerme hasta tarde. —Valeria, soy yo —llama mientras entra—. Te traje café y pan con queso. No hay respuesta. El apartamento está en silencio, y la puerta del dormitorio está entreabierta. Al acercarse, ve algo que le congela la sangre: Valeria está tirada en el piso, con la cara azulada y los ojos abiertos. —¡VALERIA! —grita, arrodillándose junto a ella y comprobando su pulso—. No, no, no… Saca su teléfono con las manos temblorosas y marca al 911: —¡Ayuda! Por favor, vengan rápido. Mi hermana está muerta. Estoy en el edificio Las Flores, apartamento 3B. ESCENA 3: TYLER LLEGA AL LUGAR EXT. EDIFICIO LAS FLORES - MOMENTO DESPUÉS Tyler conduce rápidamente hacia el apartamento de Valeria, listo para ejecutar el plan de llevarla a un lugar seguro junto a Mauricio. Al llegar, ve varias patrullas de policía en la entrada y la gente del edificio reunida en la acera. Se baja del carro y se acerca hacia la puerta, pero un policía lo detiene: —Lo siento, señor. No puede pasar, es una escena de crimen. —Necesito entrar, soy amigo de la familia —dice Tyler, intentando pasar. —No hay excepciones. Tiene que esperar a que lleguen los investigadores —contesta el oficial, poniéndose en guardia. Tyler no puede contenerse. Se empuja al policía con cuidado pero firme y corre hacia el apartamento 3B. Dentro, ve a Vairon sentado en el suelo, llorando, y dos oficiales revisando el cuerpo de Valeria. —¡Hey! ¿Quién eres tú? ¡No puedes estar aquí! —grita uno de los policías, acercándose a él. Tyler saca su teléfono y marca rápidamente a Ríos mientras se enfrenta al oficial: —Soy el Teniente Ríos —dice con autoridad, esperando que la mentira funcione—. Llegué antes que mi equipo. Déjenme trabajar. Vairon mira hacia él, con los ojos llenos de ira y dolor: —¿Quién diablos eres? ¿Qué hiciste a mi hermana? ¿Quién te mandó? —Cálmate, por favor —dice Tyler, bajando la voz—. Estoy aquí para ayudar. Primero tengo que hacer una llamada. Marca a Mauricio: —Ven rápido al edificio Las Flores. Valeria está muerta. También llama al Teniente Ríos y dile que venga inmediatamente con el forense. Colga y se acerca a Vairon, quien sigue con la guardia alta: —Escucha, no soy el Teniente Ríos —confiesa Tyler con sinceridad—. Me llamo Tyler. Tu hermana me estaba ayudando a encontrar al hombre que la mató. Se llama El Lobo, y trabaja para Rubén Darío. Quiero ayudarte, Vairon. Pero necesito que me cuentes todo lo que sepas de él, de este lugar, de lo que Valeria te pudo haber contado. Juntos al comandante Ríos y sus hombres podemos dar con ellos. ESCENA 4: LLEGADA DE LOS INVESTIGADORES INT. APARTAMENTO DE VALERIA - MINUTOS DESPUÉS Se oyen sirenas acercándose, y poco después el Teniente Ríos entra con su equipo, seguido de Mauricio y el Doctor Vargas, el forense. —¿Qué está pasando aquí, Tyler? —pregunta Ríos, mirando el cuerpo de Valeria con tristeza—. Llegamos lo antes posible. —El Lobo la encontró —dice Tyler, con los dientes apretados—. Vairon es su hermano. Le he contado parte de la verdad, pero necesitamos que él nos ayude. Ríos se acerca a Vairon, quien se ha puesto de pie: —Soy el Teniente Ríos. Lo siento mucho por tu pérdida. Tu hermana estaba ayudándonos a atrapar a los hombres responsables de la muerte de Almonte y Rodrigo. Sabemos que el asesino se llama El Lobo y que trabaja para Rubén Darío. ¿Sabes algo que pueda ayudarnos? Vairon mira de Tyler a Ríos, luego hacia el cuerpo de su hermana. Las lágrimas vuelven a sus ojos, pero en su mirada aparece la determinación: —Valeria me dijo que Almonte le había contado sobre un almacén en los muelles —empieza a hablar, con voz rota—. Dijo que ahí es donde guardaban la mercancía robada y donde se reunían Rubén Darío y su gente. También me dijo que El Lobo siempre lleva una cicatriz en la mejilla izquierda, que se hace llamar así porque nunca deja rastros. —Eso es información clave —dice Ríos, sacando su libreta para anotar—. Tyler, Mauricio, prepárense. Mañana mismo vamos a realizar una operación en los muelles. No vamos a dejar que estas muertes queden impunes. El forense se acerca a ellos mientras revisa el cuerpo: —Fue estrangulada, sin marcas de robo. Quiso luchar, pero el atacante era más fuerte. No dejé muchas huellas, pero encontré esto —saca una pequeña medalla de metal del bolsillo de Valeria—. Parece que se la arrancaron del cuello, pero se le quedó entre los dedos. Tiene grabado un lobo. Tyler agarra la medalla con fuerza: —Esto será la prueba que necesitamos. Vamos a encontrar a El Lobo y a Rubén Darío, y les haremos pagar por todo lo que han hecho. La habitación se llena de silencio, mientras cada uno piensa en Valeria, en Almonte, en Rodrigo, y en todos los inocentes que han pagado el precio de la ambición de unos pocos. La caza ahora es personal.
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