Era una noche oscura y húmeda, las luces de la ciudad parpadeaban como estrellas perdidas en un mar de asfalto. Cerré la puerta de casa con un seguro, dejándome atrás la voz de mi tío y su preocupación. "No tengo hambre", le había dicho; la verdad era que no tenía ganas de nada. La rutina de la universidad, la ausencia de amigos, y la sombra constante de Tyler pesaban sobre mis hombros como un abrigo de plomo. Él había sido mi primer amor, un rayo de luz en medio de la oscuridad, hasta que se convirtió en un espejismo. Quería olvidarlo, liberarme de esa carga, así que esta noche decidí salir y dejar todo atrás, aunque solo fuera por unas horas. Llegué a la plaza, un lugar vibrante donde los jóvenes se reían y disfrutaban de la vida, ajenos a mis problemas. Entré en el bar donde lo conocí

