Varios días después, me encuentro en la terraza de la finca, sintiendo la brisa suave del atardecer. April está a mi lado, apoyada en la barandilla y mirando el paisaje, disfrutando del momento como si el caos que me rodeó en Venezuela fuera solo un sueño lejano. Pero mi mente sigue atrapada en un laberinto de recuerdos y misterios sin resolver.
Rubén Darío. Ya no es el Lobo quien me persigue – ese hombre ya pagó con su vida – ahora es él el que se escapa con la idea de que algún día volverá por más. Recuerdo cómo Almonte trabajó para él antes de convertirse en doble agente, cómo su ambición lo llevó a robar mercancía tanto para Rubén como para mí, creyendo que podía jugar con fuego sin quemarse. Lo que inicialmente parecía un simple acuerdo comercial se convirtió en una espiral descendente de traiciones que acabaron con su vida, con la de su hermano Rodrigo y con la de Valeria.
Las sombras del pasado me susurran: Rubén fue quien le ordenó a El Lobo que me matara, que se quedara con nuestra mercancía. Pero Almonte decidió hacerse una vida oculta, protegiéndose tanto de mí como de su propio patrón. Su ambición lo condujo a una trampa mortal; pensó que podía deshacerse de todos, pero terminó pagando el precio más alto. Y Valeria… su muerte resonó en mi alma como un eco doloroso. Una vida más, una esperanza menos, todo por la codicia de unos pocos.
—Tyler, ¿estás bien? —pregunta April, sacándome de mis pensamientos. Su voz suena cansada, no como antes.
La miro. Su mirada es clara, pero ahora veo en ella cansancio y tristeza, lejos de los juegos oscuros que me atormentan. A veces, me pregunto cómo podría vivir una vida normal, una vida donde no tuviera que buscar venganza, donde las sombras del pasado no se cernieran sobre mí. Pero hoy sé que esa idea sigue rondando mi cabeza, aunque ya no sea la única cosa que pienso.
—No puedo quedarme aquí quieto —respondo firmemente—. Tengo que hacer frente a Rubén Darío. Él debe pagar por lo que hizo. No solo por lo que intentó robarme, sino también por la muerte de Valeria, de Almonte, de Rodrigo.
April se gira hacia mí completamente, y veo que sus ojos están llenos de lágrimas contenidas:
—¿Y qué? ¿Seguirás con esta maldita guerra para siempre? —grita, perdiendo el control—. ¿Cuándo vas a darme calor a mí, cuándo vas a darme amor como prometiste? ¿Para qué me trajiste a esta tierra que no siquiera conozco, si al final solo me dejas sola mientras tú te vas a jugar a atrapar al delincuente? ¡Yo me voy para Los Ángeles, Tyler! ¡Tienes esa guerra metida en el cerebro y no ves nada más a tu alrededor!
—No, amor, no te vayas —digo, intentando acercarme a ella, pero ella se aleja hacia la puerta de la casa.
Mientras entro detrás de ella, veo que ya ha sacado su maleta de la alcoba y comienza a colocar sus cosas dentro con manos temblorosas.
—¡Déjame en paz! —grita cuando intento detenerla—. ¿Ya recuperaste todo? ¡Sí! Tienes la mercancía, tienes el dinero, incluso conseguiste más de lo que perdiste. ¿Y cuál es lo que sigue? ¿Otra caza? ¿Otra batalla? No aguanto esta maldita guerra, Tyler. Lo siento, pero esto no era para mí. Nunca lo fue.
La discusión se hace cada vez más acalorada; las palabras salen de nuestras bocas como fuego, sin poder detenerse:
—¿No entiendes que no es solo por el dinero? —grito yo también—. Es por la justicia, por todos los que murieron por culpa de él.
—¡La justicia no te va a devolver a los muertos! —contesta ella, cerrando la maleta con fuerza—. Pero sí te va a llevar a la tumba antes de tiempo. ¿Y qué pasa conmigo? ¿Qué pasa con nosotros? ¿O nunca hubo un nosotros?
Me quedo callado, sin saber qué decir. Tengo la respuesta en la cabeza, pero no consigo pronunciarla. Ella tiene razón. He estado tan absorto en atrapar a Rubén que me olvidé de lo que realmente importa.
—Ok —digo finalmente, bajando la voz—. Vamos un tiempo para donde tu abuela, para que estés con ella. Descansemos de todo esto. Pero por favor, no te vayas para siempre.
April mira hacia mí, con las lágrimas rodando por sus mejillas:
—No sé, Tyler. Necesito pensar. Necesito saber si realmente quieres esta vida… o si quieres a mí.