ESCENA 1: Un Adiós Tardío
—¿Por qué la dejaste ir? —preguntó la abuela, las lágrimas brotando de sus ojos cansados.
—¡April no es una niña! Ella es adulta, déjala que tome sus propias decisiones —respondió Ricardo, con la voz firme pero cargada de preocupación.
—No puedo —respondió la abuela de April, con voz temblorosa—. Ella no entiende los peligros que hay fuera.
—Ella lo sabe, es mayor de edad. Entiéndelo, por favor.
—¡No es un juego! No puedes dejar que se revolque con cualquiera.
[En el lujoso despacho de Tyler]
—Sí, patrón, ¿qué se le ofrece? —preguntó Mauricio, con una intensidad que podía palparse.
—Prepara el jet, vamos en busca de April —ordenó el jefe, su rostro decidido.
—A la orden, patrón.
[Media hora después, a bordo del jet]
—No sé dónde se metió esa maldita rata del capitán —murmuró Tyler, mirando por la ventana mientras el avión despegaba hacia Los Ángeles—. Pero espero que April pueda entenderme.
[En el restaurante donde April trabaja]
—¿Dónde la buscaremos primero? —preguntó Mauricio mientras estacionaban el vehículo n***o.
—Vamos al trabajo, allí tendré más confianza —respondió Tyler, ajustándose la chaqueta de cuero.
[Al llegar, se estacionaron en la acera. A lo lejos, se veía el aeropuerto, donde los destellos de los aviones iluminaban el cielo.]
—¿Esa es ella? —preguntó uno de los hombres, viendo a April servir a los clientes con una sonrisa profesional.
—Sí, es hermosa —susurró Tyler, sus pensamientos llenos de anhelo.
[En el interior del restaurante]
—¿Qué desean? —preguntó la camarera que los atendió primero.
—No a ella, llévale esto —dijo Mauricio, señalando a April con la cabeza.
—¿Quiénes son? —preguntó April, acercándose y mirando a los hombres de n***o con recelo.
—El patrón quiere verte —dijo Mauricio, serio.
—Lo siento, no conozco su patrón —respondió April con indiferencia, aunque su voz tembló ligeramente.
[Abril sale del bar unos minutos después, enfrentándose a Mauricio en la acera. Al girarse, se encuentra con Tyler, quien acababa de bajar del vehículo.]
—¿Qué quieres? —preguntó, con una mezcla de curiosidad y enojo.
—Sabía que vendrías —dijo Tyler, acercándose—. Pero no me esperabas aquí.
—¿Un narcotraficante? Vaya, qué sorpresa —dijo April, con sarcasmo en su voz.
—No es lo que piensas. Estoy aquí para ti, April.
—Deja de decirme lo que debo pensar —ella replicó, cruzando los brazos—. No quiero tener nada que ver contigo.
[Las miradas de los dos se encontraron, un mar de emociones entre ellos]
—He cometido errores, pero he cambiado —dijo Tyler, su voz firme—. Solo quiero que me des una oportunidad para explicarte.
—¿O para engañarme de nuevo? —ella se burló—. No necesito tus mentiras.
—¡Escúchame! —explotó Tyler—. No estoy aquí para jugar contigo. He estado fuera por demasiado tiempo, y me duele no haberte comunicado… también de protegerte.
—¿Protegerme de qué? ¿De ti mismo? ¡Eres la razón por la que estoy huyendo!
[Un silencio incómodo los rodeó, ambos luchando con sus emociones]
—Solo te pido que me escuches —dijo él, casi suplicando—. Necesito que sepas que, aunque el camino ha sido oscuro, quiero salir de esto… por ti.
[Abril miró a sus ojos, viendo una chispa de sinceridad]
—No prometas lo que no puedes cumplir.
—Te prometo que haré lo que sea necesario para enmendar las cosas —dijo él, su voz era un susurro lleno de desesperación.
[Abril suspiró, todavía dudando, pero sintió que en el fondo había algo más en él]
—No estoy lista para volver, Tyler. Pero no puedo seguir corriendo.
—Entonces, empecemos de nuevo, juntos —dijo él, extendiendo su mano como señal de paz.
[Ella miró hacia el cielo, donde se veían los destellos de los aviones que despegaban del aeropuerto, y luego le comenzó a sonreír mientras le daba la mano]
—Solo si prometes que esto no se interpondrá entre nosotros de nuevo.
—Lo prometo —respondió, sintiendo que esta era la segunda oportunidad que ambos necesitaban.
ESCENA 2: En el Aeropuerto
Mientras tanto, en el aeropuerto internacional de Los Ángeles, Ricardo corría por los pasillos con una sola idea en mente: llegar a tiempo antes de que Alice abordara su vuelo a Europa. Llevaba en la mano un pequeño ramo de rosas rojas – las favoritas de ella desde que eran jóvenes.
La encontró en la puerta de embarque, con su maleta de mano en la mano y su padre hablando por teléfono a un lado. Cuando Alice lo vio acercarse, suspiró profundamente.
—Ricardo, ¿qué haces aquí? —preguntó, con la voz baja para que su padre no la escuchara.
—No podía dejarte ir sin decirte algo —respondió él, extendiéndole las flores—. Alice, sabes que fuimos felices una vez, cuando los tres estábamos juntos – tú, yo y April – riendo en el cine o bailando en las discotecas. Las cosas no van a ser igual que antes, lo sé… pero quiero intentarlo de nuevo.
—Ricardo, no deberías estar aquí —dijo ella, mirando hacia su padre con preocupación—. Mi vuelo está a punto de salir.
—Dame una oportunidad por favor —le rogó, tomándole su mano—. Olvida a ese tal Tyler. Tú sabes que él se fue, y cómo quiera se burló de las dos – a ti te dejó esperando, a April se fue sin decir nada. Se fue así que olvídalo y dame esa oportunidad a mí por favor.
Alice miró sus ojos, viendo la sinceridad en ellos. Pensó en todo lo que había pasado, en su rabia hacia April, en la decepción que sentía por Tyler. El anuncio de la aerolínea sonó por los altavoces: era hora de abordar.
—Me va a dejar el avión —dijo ella, apretándole brevemente la mano—. Yo lo pensaré y te llamaré cuando lo piense. No puedo decidir ahora, Ricardo… todavía estoy muy confundida.
Ella se dio la vuelta y se unió a la fila de pasajeros, mientras Ricardo la miraba alejarse, sujetando las rosas en la mano. Sabía que no había obtenido una respuesta definitiva, pero al menos había conseguido que ella pensara en ello.
[Y así, bajo un cielo lleno de estrellas y destellos de aviones sobre la ciudad, April y Tyler iniciaron un nuevo capítulo, mientras Ricardo esperaba la llamada de Alice. Todos dejando atrás lo que había sido, listos para enfrentar juntos lo que vendría.]