CAPÍTULO 3 : Miradas que arden

2005 Words
La tarde caía lenta y cálida, envolviendo la villa en un resplandor dorado que hacía brillar el agua de la piscina. Después de comer, dejamos la mesa con sus restos de ensalada de mariscos y tarta de mango, trasladándonos a la terraza donde el aroma de vainilla y sal marina todavía flotaba en el aire. La risa era constante, ligera, como si nada en el mundo pudiera salir mal. Pronto, la piscina se convirtió en nuestra siguiente parada: agua fresca que aliviaba el calor del día, sol sobre la piel y una sensación peligrosa de libertad que me hacía olvidar todo lo demás. Todo parecía perfecto… salvo por un detalle que no lograba ignorar. Tyler me miraba. No era una mirada casual ni curiosa como la de cualquier hombre que ve a una chica atractiva. Era fija, profunda, penetrante, como si intentara descifrar cada pensamiento que pasaba por mi cabeza. Cada vez que giraba la cabeza, ahí estaban sus ojos miel, oscuros bajo el sol, atentos a mi cada movimiento. Sentí un cosquilleo extraño en el estómago, una inquietud dulce y atemorizante que me hacía temblar aunque estuviera a pleno sol. No era un capricho pasajero. No era solo atracción física. Había algo más entre nosotros. Algo que vibraba en el aire cada vez que estábamos en la misma habitación, algo que hacía que el tiempo se detuviera y el mundo desapareciera a nuestro alrededor. Buscando recuperar el control de mis emociones, me levanté y dije que iba a cambiarme de ropa. Subí a mi habitación —una suite con vistas al mar, decorada en tonos blancos y azules— y abrí mi maleta con las manos ligeramente temblorosas. Elegí mi bikini n***o, el que siempre me hacía sentir segura, fuerte, con tirantes finos y un corte que resaltaba mi figura sin ser vulgar. Me miré en el espejo: cabello rojo suelto sobre mis hombros, piel ya tostada por el sol, ojos grises que parecían más oscuros de lo normal. Me pregunté si él vería en mí lo que yo empezaba a sentir por él. Cuando regresé a la terraza, el sol comenzaba a esconderse en el horizonte, pintando el cielo de tonos anaranjados, rosados y púrpuras intensos. La tarde se transformaba lentamente en noche, y las luces de la villa se encendieron una a una, creando un ambiente mágico y peligroso al mismo tiempo. Alice y Vanessa estaban en la orilla de la piscina, riendo mientras charlaban, pero cuando Tyler vio que bajaba las escaleras, se quedó callado, mirándome con esa intensidad que me desarmaba. Después de una hora más en la piscina, jugando y riéndonos como niñas pequeñas, decidimos ir a una discoteca frente al mar que Tyler mencionó: La Luna Azul, un lugar exclusivo con música en vivo y vistas espectaculares al océano. Nos cambiamos rápidamente, usando algo ligero sobre los bikinis: yo me puse una falda corta blanca y una blusa de encaje transparente, Alice se vistió con un vestido corto rojo que le quedaba como un guante, y Vanessa eligió unos pantalones cortos negros y un top plateado. Cuando estaba por salir de la villa, me detuve súbitamente. —¡Chicas, esperen! Olvidé mi teléfono —grité mientras daba media vuelta y regresaba a la habitación. Tenía que llamar a mi abuela, aunque fuera solo para decirle que estaba bien. —¡Ve! No tardes mucho, que Tyler ya está esperando —respondió Alice con una sonrisa cómplice que en ese momento me pareció falsa. Abrí la puerta de mi suite sin hacer ruido… y choqué de lleno con un cuerpo firme y caliente. Tyler. Me sostuvo por la cintura con sus manos grandes y fuertes antes de que pudiera caer al suelo. El contacto fue eléctrico, como si una corriente pasara por todo mi cuerpo. Su aroma me envolvió por completo: madera, ámbar y un toque de sal marina que me hizo sentir mareada. Nuestros rostros quedaron demasiado cerca, tan cerca que podía sentir el aire caliente de su respiración sobre mis labios. —Sé que te gusto, April —dijo con una seguridad que no dejaba lugar a dudas—. No intentes negarlo. Y tú también me gustas. Más de lo que debería. No me dio tiempo de reaccionar, ni de decir que tenía razón o que estaba equivocado. Inclinó el rostro lentamente, como si me diera tiempo a alejarme, y me besó. Fue un beso inesperado, cargado de deseo y una ternura que no esperaba de él, breve pero tan intenso que me dejó sin aliento. Sus labios eran suaves a pesar de su apariencia ruda, y su mano se deslizó desde mi cintura hasta mi mejilla, acariciándola con ternura. Me aparté de inmediato, retrocediendo hasta que mi espalda golpeó la pared, con el corazón golpeándome el pecho tan fuerte que creí que saldría volando. —No… no podemos hacer esto —murmuré, confundida, mientras intentaba recuperar la respiración—. Alice te gusta a ti. Ella fue quien te conoció primero. —Eso no significa nada —respondió él, acercándose de nuevo—. El corazón elige a quien quiere, April. Y el mío ya decidió. Quiero conocerte de verdad. Desde que te vi en la discoteca, no he dejado de pensar en ti. En tu cabello rojo, en tus ojos grises… en la forma en que te mueves cuando bailas. —No sabes de qué hablas —respondí en tono ligero, intentando disimular cómo me temblaban las manos—. Me conoces desde hace apenas un día. —El tiempo no importa cuando sientes que encontraste a la persona correcta —dijo mientras bajábamos las escaleras juntos, su mano rozando la mía de vez en cuando—. Dame una oportunidad de demostrarte lo que puedo ser para ti. Al llegar abajo, Alice apareció frente a nosotros de la nada, como si la hubiera estado esperando. Su expresión había cambiado completamente: la sonrisa había desaparecido, y sus ojos estaban oscuros de celos. —¿Por qué tardaste tanto? —preguntó, observándonos con atención, con la mirada clavada en nuestras manos que casi tocaban—. Ya estábamos listas para irnos. —Buscaba mi teléfono —dije rápido, apartándome de Tyler como si me quemara—. Lo dejé en la cama, se me olvidó. Alice frunció el ceño, mirándome de arriba abajo como si intentara encontrar alguna mentira en mi rostro. —Qué raro… yo lo vi ahí hace un rato, sobre la mesita de noche. Estaba encendido, con una llamada de tu abuela. El silencio fue incómodo, tan pesado que parecía poder cortarlo con un cuchillo. Tyler no apartaba la mirada de mí, mientras Alice nos observaba con una mezcla de rabia y dolor en sus ojos. —Bueno, ya lo encontré —dije, intentando sonreír—. Vamos, antes de que cierren la discoteca. La discoteca frente al mar vibraba con música electrónica y luces de colores que se reflejaban en el agua. El local estaba lleno de gente bien vestida, bebiendo cócteles caros y bailando como si no hubiera mañana. Tyler nos consiguió una mesa en una terraza privada con vistas al océano, y se ofreció a traer las bebidas mientras nos instalábamos. Todo parecía normal… hasta que Alice se levantó de un salto y fue tras él, sin decir nada. Desde lejos, los vi discutir en la barra. Sus gestos eran exagerados, sus manos se movían con ira, y aunque no podíamos oír lo que decían, se notaba que la tensión estaba por las nubes. Tyler intentaba hablar con calma, pero Alice no lo dejaba, señalándome con el dedo cada dos por tres. —Alice siempre ha sido dramática cuando se trata de chicos —murmuré a Vanessa, aunque mi voz salió más tensa de lo que esperaba. Estaba mordiéndome el labio inferior hasta sentir el sabor metálico de la sangre. —No es solo dramática, April —respondió Vanessa, molesta, mientras guardaba su teléfono en el bolso—. Está celosa y lo sabe. Y la verdad, no me gusta cómo está actuando. Ustedes son mejores amigas, no rivales. Pero cuando regresaron a la mesa, el ambiente cambió por completo. Alice se sentó sobre la pierna de Tyler sin pedir permiso, colocó sus brazos alrededor de su cuello y lo besó con insistencia, abriéndole la boca con la suya como si no hubiera nadie más en el lugar. Yo aparté la mirada de inmediato, incómoda, sintiendo cómo un nudo se formaba en mi garganta. —¿Por qué hace eso? —le susurré a Vanessa, mirando hacia el mar para no ver la escena que se desarrollaba a mi lado. —Está armando un espectáculo para ti —respondió ella, dándome una mano en el hombro—. Para demostrarte que él es suyo. Pero mira a Tyler, April. Él no está cómodo. Tenía razón. Tyler estaba tenso, sus manos estaban apoyadas en la mesa en lugar de rodear la cintura de Alice, y su mirada buscaba la mía cada vez que podía. Cuando Alice finalmente terminó el beso, él habló con firmeza, aunque su voz era calmada. —Alice, no podemos comportarnos así frente a tus amigas. Esto no es apropiado. —¿Por qué no? —replicó ella, pasándose una mano por su cabello rubio con una sonrisa provocadora—. Ella sabe que eres mi novio. Que tuvimos una noche maravillosa juntos. Que eres mío. Tyler se tensó aún más, y vi cómo su mandíbula se apretaba con ira contenida. —No hemos hablado de eso. Apenas nos estamos conociendo, como te dije antes. No soy de hacer cosas a la ligera. Alice explotó en ese momento, levantándose de un salto y haciendo que la silla chirriara contra el suelo. —¿Te gusta ella? ¡Lo veo en tu mirada! ¡Lo he visto desde que llegamos a la villa! Todo este cuento de invitar a mis amigas fue solo para conocerla, ¿verdad? ¡Eres un mentiroso! Sentí el calor subir a mis mejillas hasta que me quemaban, y bajé la cabeza para evitar las miradas de los demás clientes que ya estaban observándonos. —Déjame en paz, Alice —respondió Tyler, frustrado, mientras también se levantaba—. Solo quiero que todos se diviertan. Que pasemos un buen rato. No estoy aquí para pelear. —Eso mismo me dices a mí, pero te la pasas mirándola como si fuera la última mujer en la Tierra —escupió ella con sarcasmo, señalándome con el dedo—. ¿Qué tiene ella que yo no tenga, Tyler? ¿Es el pelo rojo? ¿O que es tan buena niña todo el tiempo? —Esto no está bien —intervine por fin, levantándome también, con la voz firme a pesar de que me temblaran las piernas—. Vinimos a pasarla bien, no a pelear como niños pequeños. Si no puedes controlarte, Alice, mejor nos vamos a la villa. No queremos arruinarle la noche a nadie más. Alice bufó de ira, mirándome con ojos llenos de odio, y luego se giró hacia Tyler con una expresión que mezclaba dolor y rabia. —Ella siempre tiene la razón, ¿verdad? Siempre es la buena, la perfecta April Stuart. Pues bien, te digo una cosa: yo la conocí primero, y no la dejaré llevarte tan fácilmente. Nunca. El resto de la noche pasó entre música, baile y risas forzadas. Alice se fue a bailar con unos chicos que conocía, Vanessa se unió a ellos para distraerla, y yo me quedé en la mesa con Tyler, charlando de todo y de nada pero sin mencionar lo que había pasado. Pero las miradas entre nosotros seguían cargadas de preguntas sin respuesta, de deseo que no podíamos expresar y de una tristeza que ya empezaba a hacerse presente. No sabía si lo nuestro era real… o el inicio de algo que terminaría haciéndonos daño a todos. Lo único claro era que ya nada estaba siendo un juego. La balanza se había inclinado, y la guerra entre amor y amistad había comenzado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD