CAPÍTULO 19 El Amanecer de Nuestra Misión

1236 Words
El sol apenas comenzaba a despuntar en el horizonte cuando la radio de Tyler resonó en la habitación, interrumpiendo el silencio de la mañana. La voz de Mauricio, su amigo y cómplice, se escuchaba a través de los altavoces, llamando a Tyler para que se apurara. “¡Vamos, hermano! No podemos perder tiempo, la finca nos espera”, decía con un tono enérgico que dejaba claro que la aventura estaba a punto de comenzar. Tyler se levantó de un salto, los ojos aún entrecerrados por el sueño. “¡Ya voy, ya voy!”, respondió mientras se vestía rápidamente. Yo me incorporé del sofá donde había dormido medio envuelta en una manta, y lo seguí hasta la puerta, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a bullir en mis venas. —¿Ya te preparaste todo? —le pregunto mientras agarro mi bolso y mi chaqueta ligera. —Sí, amor. Todo está en la camioneta de Mauricio. Solo falta nosotros —me dice, tomándome la mano y dándome un beso rápido en la frente. En cuestión de minutos, estamos listos. Salimos de la casa y nos dirigimos al auto de Mauricio, que ya nos espera en la entrada con el motor encendido. —¡Listos para la gran aventura! —grita Mauricio desde el volante, sonriendo de oreja a oreja. —¡Más que listos! —contesto yo, mientras me subo al asiento trasero junto a Tyler. El motor rugió al ponerse en marcha, y pronto estamos en camino hacia La Romana. El paisaje se deslizaba ante nosotros, una mezcla de palmeras altas y campos de caña de azúcar que parecen saludar nuestro paso con cada kilómetro que avanzamos. —Miren ese cielo —digo, señalando hacia la ventana—. Está tan bonito, como si supiera lo que vamos a hacer. —Sí, como si nos estuviera deseando suerte —dice Tyler, tomándome la mano y apretándola con fuerza—. El ladrón no se va a escapar esta vez. Ya les dije a los muchachos que estén preparados. Vamos a caerle atrás al capitán y recuperar la avioneta y la mercancía. No podemos permitir que se salga con la suya. —Lo sé, amor —respondo, aunque siento cómo mis manos tiemblan un poco de nervios—. Pero ¿estás seguro de que es el momento adecuado? —Más que seguro. La finca es el lugar perfecto para planificar todo. Allí nadie nos molesta, nadie nos mira. Podemos trazar cada paso con calma. Me siento un poco nerviosa, pero la emoción de la aventura me mantiene alerta. Conozco bien la finca, hemos pasado momentos inolvidables allí, y sé que será el refugio ideal para prepararnos. Finalmente, llegamos. El portón de hierro se abre lentamente y el camino de tierra nos lleva hasta la casa principal. El aire fresco del campo y el canto de los pájaros nos dan la bienvenida. —Mira cómo luce el lugar —dice Tyler, bajándose del auto y abriéndome la puerta—. He pedido que lo prepararan todo para nosotros. Yo miro a mi alrededor y sonrío. La casa se ve más hermosa que nunca, con las flores del jardín en plena floración y la piscina brillando bajo el sol matutino. —Es perfecto —susurro—. Aquí sí podemos trabajar en paz. Tyler y yo nos miramos, sabiendo que estamos a punto de embarcarnos en una misión que cambiará nuestras vidas. Con el sol brillando sobre nosotros y la determinación en nuestros corazones, comenzamos a descargar las cosas del auto. La finca se convertirá en nuestro cuartel general, y el ladrón no tendría idea de lo que se le venía encima. Noche de Pasión en Nuestra Alcoba Ya es de noche. La casa está en silencio, Mauricio se fue a descansar en la cabaña de los trabajadores y los guardias están en sus puestos. Tyler y yo subimos a nuestra alcoba principal, el lugar más lujoso de toda la finca. La habitación es amplia, con paredes de piedra y madera, y una cama king size cubierta con sábanas de algodón egipcio. Las ventanas dan a un balcón privado donde se ven las estrellas brillando en el cielo caribeño. Las lámparas de pared emiten una luz cálida y suave que baña todo en tonos dorados. —Te veo cansada, amor —dice Tyler, acercándose a mí y quitándome la chaqueta—. Hoy fue un día largo. —Un poco, sí —respondo, dejándome llevar por sus manos que deslizan por mi espalda—. Pero estoy feliz de estar aquí, contigo. —Yo también, mi amor —me susurra al oído, mientras sus labios rozan mi cuello—. Quiero hacerte olvidar por un rato todos los problemas, todos los planes. Solo quiero estar contigo. —Por favor —susurro, volviéndome hacia él y poniéndome de puntillas para besarlo—. Necesito sentirte cerca. Nuestros besos se hacen más profundos, más apasionados. Sus manos recorren mi cuerpo con ternura, mientras yo me enredo en su cabello, jalándolo hacia mí con urgencia. —Eres la mujer más hermosa del mundo —me dice, mientras desabrocha mi blusa con cuidado—. Cada vez que te miro no puedo creer que seas mía. —Solo tuya —respondo, mientras le ayudo a quitarse la camisa—. Y tú eres mío, siempre. Llevamos nuestros cuerpos hasta la cama, donde las almohadas de plumas nos reciben suavemente. La luna llena entra por las ventanas, iluminando su piel bronceada y mis manos que exploran cada centímetro de él con anhelo. —¿Te gusta esto? —me pregunta, sus labios sobre mi pecho, mientras sus dedos dibujan círculos en mi espalda—. Dime lo que sientes. —Me encanta —susurro, arqueándome hacia él—. Me haces sentir tan especial, tan amada. —Porque te amo más que nada en este mundo —dice, bajándose lentamente por mi cuerpo, besando cada rincón con dedicación—. Y quiero demostrártelo cada día, cada noche. Nuestros cuerpos se mueven en perfecta armonía, como si siempre hubieran estado hechos el uno para el otro. El aroma de las velas aromáticas que encendimos en la habitación se mezcla con el olor de nuestra piel y el sudor de la pasión. —Te necesito —digo, agarrándolo por los hombros y llevándolo hacia mí—. Ahora, Tyler. —Yo también, amor mío —responde, entrando en mí con suavidad, mientras sus ojos se fijan en los míos, llenos de amor y deseo—. Juntos, siempre juntos. El tiempo se detiene en ese instante. Solo existimos nosotros dos, en nuestra alcoba lujosa, bajo las estrellas y la luna. Cada movimiento, cada susurro, cada latido en sintonía es un recordatorio de lo fuerte que es nuestro amor, de cómo nos sostenemos el uno al otro en medio de todo el caos que nos rodea. Después, quedamos acurrucados uno junto al otro, su pecho contra mi espalda y sus brazos abrazándome con fuerza. La brisa fresca de la noche entra por el balcón abierto, moviendo las cortinas de seda. —Te amo, April —dice, besándome la cabeza—. Mañana tendremos que volver a pensar en el plan, pero por ahora… solo somos nosotros. —Te amo más, Tyler —respondo, cerrando los ojos y sintiendo cómo el cansancio y la felicidad me envuelven—. Nada importa mientras estemos juntos.
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