CAPÍTULO 18 bajo la lluvia estrellada.

1019 Words
La luna comenzaba a iluminarse tras las montañas de La Romana, tiñendo el cielo de un cálido color grisasio. En el cuarto de hotel, el aroma de la cena se mezclaba con la emoción de la noche. April, con su cabello suelto y un vestido que resaltaba su figura, se miraba en el espejo, ajustando un collar que le había regalado. —¿Estás lista? —pregunté, mientras me acercaba a ella. Su belleza siempre me dejaba sin aliento, y en ese momento, más que nunca, deseaba que se sintiera especial. —Casi, solo un toque más de labial —respondió, sonriendo con esa chispa en los ojos que me hacía olvidar las preocupaciones del mundo. Mientras ella se preparaba, mis pensamientos vagaban hacia el día siguiente. La finca. Era un nuevo comienzo, una oportunidad para alejarnos del caos de la ciudad y encontrar un poco de paz en la naturaleza. Había contratado a algunos hombres para que nos ayudaran con los animales y la limpieza. La idea de tener una vaca y gallinas me hacía sonreír. Era un sueño simple, pero en ese momento, todo lo que deseaba era que ella estuviera feliz. —Mañana será un día largo —dije, tratando de ocultar la inquietud que me causaba el viaje. Mauricio, mi mano derecha de confianza, nos llevaría a la finca. Tenía sus propios problemas, pero sabía que podía confiar en él. Sin embargo, la razón detrás de mi viaje era más oscura. Había rumores de una traición, de una "maldita rata" que había estado causando estragos en mi vida. Necesitaba encontrar respuestas, y no podía arriesgarme a que April estuviera en peligro. —¿Por qué no me dejas ir contigo? —preguntó, girándose hacia mí con una mirada desafiante. —Amor, no es seguro. Quiero que estés a salvo. Te prometo que te compraré todo lo que necesites para que no te sientas sola.... Podrás explorar el campo, conocer a los vecinos. No te faltará nada. —Pero estaré sola —insistió, su voz temblando ligeramente. —No estarás sola. Tendrás a la sirvienta y a los empleados. Y yo estaré de regreso tan pronto como pueda. Confía en mí. Ella suspiró, comprendiendo mis intenciones. Sabía que lo hacía por su seguridad, pero el miedo a la soledad la inquietaba. La miré a los ojos, buscando la forma de calmarla. —Te prometo que todo saldrá bien. Solo un poco más de tiempo, y podremos decidir juntos si quedarnos aquí o regresar a nuestro hogar. April asintió, aunque su expresión seguía siendo de preocupación. Salimos a la cena, ya estábamos listos, y mientras nos sentábamos a la mesa, sentí que el futuro era incierto, pero al menos teníamos ese momento juntos. La vida era un camino lleno de sorpresas, y yo estaba decidido a enfrentar lo que viniera, siempre a su lado. UN MES DESPUÉS La finca estaba más hermosa de lo que jamás hubiéramos imaginado. La casa de lujo se alzaba en medio de los campos verdes, con amplias ventanas que daban a la piscina grande y cristalina. La terraza de madera tenía hamacas y mesas de piedra, perfectas para disfrutar del sol caribeño. Los jardines estaban llenos de flores tropicales – hibiscos, jazmines y buganvillas que coloreaban todo el lugar. —Mira esto, amor —le dije a April, mientras caminábamos por el pasillo principal—. Todo está listo como te prometí. Ella miraba a su alrededor con los ojos brillantes de emoción, aunque en el fondo veía su preocupación por el viaje que tenía que hacer. —Es precioso —susurró, acariciando la barandilla de madera de la terraza—. Pero no quiero quedarme aquí sola mientras tú te vas. —Lo sé, amor —respondí, tomándola de la mano—. Pero tengo que cumplir con mi objetivo, tengo que encontrar a esa rata y acabar con los problemas de Rubén Darío de una vez por todas. No puedo seguir viviendo con el miedo de que algo te pase. Había contratado a todo el personal necesario para que ella estuviera cómoda y segura: Virginia, una joven cocinera local que preparaba los mejores platos típicos dominicanos; Rosa, una señora mayor con mucha experiencia, que se encargaría de mantener la casa impecable y de cuidar de todo como si fuera suya. Además, había contratado a tres empleados para la granja – que ya tenían vacas, gallinas y hasta un pequeño huerto de frutas – y dos guardias que cuidarían la finca las 24 horas del día. —Conoce a Rosa —dije, presentándole a la señora que acababa de entrar a la sala—. Ella se encargará de todo lo que necesites en la casa. Y Virginia estará aquí todas las mañanas para prepararte la comida que más te guste. —Mucho gusto, mija —dijo Rosa con una sonrisa cálida, estrechándole la mano a April—. No te preocupes por nada, aquí estaré para lo que necesites. Virginia apareció en la puerta con una bandeja con jugo de mango y pastel de coco. —Es un placer conocerla, señorita —dijo la joven—. Mañana le preparo el mejor sancocho que haya probado en su vida. April sonrió, agradecida por la calidez de las mujeres. Luego se volvió hacia mí, con los ojos llenos de emoción. —Está todo perfecto —dijo—. Pero te extrañaré mucho. ¿Cuánto tiempo estarás fuera? —No más de dos semanas, amor —le prometí, abrazándola fuerte—. Mauricio y yo vamos a México primero, luego a Colombia. Tenemos que cerrar algunas cosas y dar con el traidor. Después volveré y ya nunca más nos separaremos. Podremos decidir si nos quedamos aquí para siempre o si volvemos a casa. Ella asintió, poniendo la cabeza en mi pecho. La finca era perfecta, el hogar que siempre habíamos soñado, pero sin él a mi lado, sabía que no sería lo mismo. Mientras tanto, tendría a Rosa, Virginia y todos los empleados para acompañarla, y la tranquilidad de saber que estaba a salvo en ese paraíso en medio de La Romana.
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