SINTIÉNDOLO | CAPÍTULO 3
Ángeles Beckham.
Este hombre, al cual no he visto nunca en la vida, me mira como su fuera la cosa más preciosa y extraña que hubiese pisado nuestro planeta. Para impresionado conmigo, diría que yo también lo estoy con él porque siento un raro magnetismo hacía él, es un hombre atractivo así que puedo que esa sea una de las causas, pero aun así, hay algo más. Como si ya lo conociera.
Mientras bailábamos su agarre sobre protector nunca me soltó, pero en lugar de sentirme acosada o sentir que estaba ocupando demasiado de mi espacio personal e íntimo, pero no, no lo sentí con él. Me protegía, como sí necesitará sentirme a su lado para estar completo. Pero esto no es una historia de amor comenzando, eso me lo dejo claro de un principio, no le interesa una relación romántica conmigo, solo quiere sexo y placer.
Toma de su stroh, mientras observa mi cuerpo de arriba abajo sin ningún tipo de pudor, no bajo la mirada, me acerco y me siento sobre él, terminando de beber mi trago. Cabe recalcar que estamos en una habitación.
–Mm –solo ese sonido brota de su garganta, a la vez que su cabeza se hace hacia atrás. Me muevo sobre él, sosteniéndome de sus hombros. Bajo mis manos al borde su camisa e introduzco mis manos dentro de ella, escuchando lo suspirar cuando mi frío tacto lo toca.
– ¿Le gusta señor? ¿Le gusta que una mujer lo manosee a su antojo? –Pregunto quitándome los tacones, intento levantarme, pero él me toma de la cintura, obligándome a quedarme como estaba –, qué sucede –él niega con la cabeza.
–No es nada, quédate como estas, no te muevas –sonrío de lado, afirmo mis manos sobre su pecho, mientras continuo moviéndome. Puedo sentir como mis movimientos hacen estragos también en mi interior.
–Darién, no es tú verdadero nombre, ¿no es así? –no tengo idea de dónde surge esa pregunta, pero lo hace.
–No, supongo que alguien te habrá explicado, qué solemos no decirles nuestros verdaderos nombres a las personas con las que nos acostamos –asiento, ya me lo había dicho Gia –Supongo que Ginger tampoco es tu verdadero nombre, ¿cierto?
–Así es, mi verdadero nombre no es Ginger, pero me parece un nombre hermoso...
–Concuerdo, es verdaderamente hermoso, como la mujer que lo lleva –sonrío ampliamente.
–No sé suponía que no debíamos saber nada el uno del otro... –él se encoje de hombros.
–Fuiste tú quién pregunto, Ginger. Pero no te preocupes no te diré nada como para que sepas quien soy... –raramente una sensación de amargura se instala en mi pecho.
–Lo sé, lo lamento –me disculpo, aunque básicamente no hice nada malo – ¿Qué tal si quedo embarazada? –él se ríe.
–No pasará, no suelo cometer ese tipo de irresponsabilidades –me asegura, recorriendo mi espalda con su espalda.
–De acuerdo, lo siento, no hay porque ponerse a la defensiva...
–No estoy a lo defensiva, hermosa Ginger. ¿Recuérdame por qué no te he hecho mía y estamos hablando? –sus ojos se oscurecen, su rostro se acerca al mío, sus dientes muerden mi labio inferior tirando de este después.
–Dígame usted señor, por qué no me toma y hace lo que sea conmigo, que yo haré lo que sea contigo –una sonrisa perversa crece en su rostro.
– ¿Lo que quiera contigo? –cuestiona alzando una ceja.
–Salvo secuestrarme, claro está –ambos reímos.
–No pienso secuestrarte, hermosa mía. Tal vez por está y unas cuentas noches más, pero no de por vida.
– ¿Piensa convertirme en su esclava s****l, señor? –interrogo en tono burlón, él me levanta y se levanta también.
–No estaría nada mal, Ginger... pero lamentablemente eso va en contra de la ley –muerdo mi labio y me recuesto de espaldas a la cama, mientras bajo la parte superior de mi vestido, dejando mis pechos al aire –, ¿esta es una invitación, señorita? –indaga, quitándose el pantalón junto con el bóxer.
–Desea que se convierta en una invitación señor –pregunto batiendo mis pestañas rápidamente. Él se coloca entre mis piernas. La única restricción que existe para que nuestros cuerpos estén completamente piel con piel, son mis bragas, sus dedos tocan mi v****a sobre la tela de mi ropa interior.
– ¿Ansiosa, señorita? –suspiro profundamente. Él hace a un lado la tela de mi ropa interior y toca mi parte íntima sin nada que lo interrumpa –. Lo mojada que estás me dice que sí, ¿deseas que te penetre ya? –saca la única prenda que hay en mi cuerpo.
–Mm... Sí –accedo, mientras que dos de sus dedos se adentran en mí. Levanto un poco la cabeza y veo que la suya se acomoda entre mis piernas – ¿Qué? ¿Qué estás...? –Él me mira por un segundo y vuelve a acomodarse entre mis piernas –Darién, ¿qué vas a...? Ah –un gemido se escapa de mi garganta cuando siento su lengua recorrer mis labios íntimos y después se centra en mi clítoris. Trato de sacalarlo de allí, pero me gana el deseo y el placer que su boca me provoca.
Mi mano izquierda se aferra con fuerza a las sabanas, bajo mi cuerpo, mientras que mi mano derecha, hace presión sobre la cabeza de Darién, para que no vaya a parar, mi cuerpo no desea que se detenga.
– ¿Te gustas esto, Ginger? ¿Te gusta que te coma el coño? –pregunta, permitiéndome sentir directamente su aliento sobre mi sensible y caliente piel.
–Mm... –no respondo con palabras, lo que parece no gustarle ya que me mira con más fuego del natural en sus ojos.
–Con palabras, linda... –sus dientes muerden ese punto tan delicado en mi cuerpo, que me obligó a cerrar las piernas alrededor de su cuerpo y cabeza, pero no funciona, continua haciendo presión, me gusta, pero tiene una mezcla de dolor que me hace querer detenerlo –. Habla, Ginger.
–Sí... sí –succiona mi clítoris, haciendo que mi espalda se curve hacia arriba -¡Oh, Dios mío! –las sensaciones dentro de mi sistema son irreconocibles, se siente tan bien, pero al mismo tiempo siento que he pecado, por permitir que este hombre haga esto.
Reconozco los fluidos que abandonan mi sexo y abro los ojos. Me he corrido, solo con tener sus labios y lengua sobre mi sexo unos minutos.
La vergüenza surca mi cuerpo, siento como el calor, bastante presente en la habitación, sube hasta mi rostro, me tapo las mejillas con intención de que él no lo note. Pero es tarde, él sabe lo que ha hecho y provocado.
Está orgulloso de lo que logro. Jamás desde que mantengo una vida s****l activa, nunca me había corrido tan pronto, no he durado ni media hora.
–Bravo, Ginger. Te corriste, pero demoraste más de lo que creí, ¿qué hay de diferente en ti? –cuestiona, inhalo y exhalo, recuperando de la energía que ha dejado mi cuerpo. Él se coloca sobre mí. Cruzo mis brazos y piernas alrededor de él, sintiendo al instante como su pene, acaricia mi vientre, él gruñe, acerca sus labios a los míos y me besa salvajemente.
–Eso debería preguntar yo, pero primero voy a preguntar, ¿quién te enseño a dar tan delicioso sexo oral? –mi lengua lame su labio inferior y baja hasta la parte inferior de su cuello.
– ¿Te encanta qué use mí lengua? –asiento, me enseñaron a decir la verdad, así que debo decirla –. A mí, me encantas tú –antes de ser consciente, su m*****o ingresa en mí, violentamente, lo que provoca que entierre mis uñas en la piel de su espalda –. ¿Te lastime? –parpadeo confundida.
–Básicamente casi me partes, pero ahora, ¿te preocupas? –el sarcasmo en mi voz, lo hace reír.
–Básicamente te gusto, te gusta todo lo que te hago, así que no te creo, estás disfrutando y apuesto que esta es la primera vez que experimentas sexo con dolor... –sus cejas se alzan. Sus caderas vuelven a moverse hacia mí, penetrándome con fuerza.
–Tienes razón, está es la primera vez y sí me gustas, me gusta mucho –accedo con sinceridad, mientras le sonrío.
– ¿Qué te gusta? ¿Te gusto yo o…? –Me penetra y muerde parte de cuello –, ¿te lo que te provoco? –cuestiona él, bajando sus besos hasta mis senos.
–Ambos, me gustan ambos –acaricio los pequeños rastros de barba sobre su mentón y a los costado de su rostro.
–Perfecto, preciosa –él sonríe de lado y vuelve a penetrarme pero esta vez con mucha más fuerza, tanto así que gemidos entre placer y adoloridos brotan de mis labios –, ¿te duele mucho? –niego con la cabeza, sin mirarlo. Ni siquiera puedo verlo bien, no por el estúpido antifaz en nuestros rostros.
– ¿Puedes quitártelo? –interrogo señalando su antifaz, mientras la cama debajo de nosotros se mece. Cuando pregunto, él se detiene mirándome horrorizado. Cómo si supiera quien soy.
–No, no podemos, Ginger. Esto... es para proteger –ruedo los ojos cambiando de posición, ahora soy yo quien está sobre él sonríe –. Ginger... –murmura, cuando empiezo a moverme sobre su pene.
–Olvida lo que pregunte, disfruta... –susurro en su oído, él lleva sus manos a mis glúteos y los amasa, enterando sus dedos en mi piel –, es mi turno de controlarte, Darién. Ahora seré yo quien guíe está situación –se ríe.
–Como mí hermosa amante quiera –me inclino sobre él y lo beso, este corresponde de inmediato –. Muévete, preciosa –ordena con voz firme, al mismo tiempo su mano derecha nalguea mi trasero, con fuerza, mientras doy pequeños saltitos sobre su sexo. Muerdo mis labios, al sentir lo profundo que este puede llegar.
Definitivamente este hombre es mi nueva droga, Darién es mi nueva y más adictiva droga.
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Se viste, va a irse, es lo más normal, puesto a que no tiene obligación por quedarse, fue solo una noche, una noche de placer que no debe repetirse, no debe repetirse porque tengo el presentimiento de que si lo hace se volverá insano. Él es un hombre que parece tener su vida arreglada y al igual que yo no desea experimentar una relación y salir lastimado o tal vez ya lo fue y por eso tiene sexo casual con cualquier mujer que le guste y también lo desee a él. Yo por mi parte, disfrute está noche y espero que se repita, pero no con él, por la seguridad de mis sentimientos y los suyos, no debe volver a pasar. Debo asegurarme de no volver a caer en sus encantos.
Me mira y al hacerlo sonríe, esta abotonando su camisa, se ha puesto su pantalón y sus zapatos, ya casi está por irse...
– ¿Te pasa algo, Ginger? –pregunta, no hablo, pero sacudo la cabeza negando –, ¿segura? –asiento, él ríe. Se aproxima a la cama donde yo ya estoy vestida. Pero antes de que llegue hablo.
–Estoy bien, puedes estar tranquilo –él parece arrepentido de haber preguntado, pero se me hace imposible descifrar por completo una emoción a través de un antifaz –, me iré antes... –al decirlo se voltea y me mira sorprendido.
– ¿Disculpa? –Pregunta, me encojo de hombros –no dejarás al menos que te invite a cenar...
–Cómo sabes que no... –él levanta una ceja.
–Tú estomago sonó varias veces, no entiendo que haces aquí, bebiendo cosas fuertes y teniendo sexo, sin cenar –mi sonrojo debe estar más fuerte que nunca –. No tienes por qué sentirte avergonzada, quizás estabas... –lo interrumpo.
–Dijimos que no sabríamos nada el uno del otro, si te pones a suponer tal vez descubras quien soy y donde trabajo y eso sería realmente incomodo, ¿bien? –cuestiono poniéndome de pie.
–Bien, no haré más preguntas. Pero al menos debes venir a cenar conmigo –niego con la cabeza y su ánimo decae.
–No, puedes irte tranquilo, cenaré en casa de mi amiga. De hecho de estar buscándome, debo irme.
–Auch, creo que lastimaste mis sentimientos y aplastaste mis buenas intenciones –bromea –. Creo que estás a la defensiva porque crees que lo hago porque me gustas sentimentalmente pero estás equivocada.
–No importa porque lo haga lo que realmente importa es que tengo que volver, porque... –me callo, cuando estoy a punto de mencionar a mi hermanito –tengo cosas importantes que hacer, sobre todo mañana.
–De acuerdo, no insistiré más. Pero si volvemos a encontrarnos no te salvarás –es un hombre tenaz así que no me queda otra que aceptar.
–Está bien.
–...