El Cortejo #2

1360 Words
—Ven hija, deja eso ahí y vamos a dormir. Yo solo recogí la basura para ponerla en el canasto y me fui detrás de ella. Desde que había muerto mi padre yo dormía con mi madre, habíamos sufrido mucho con la enfermedad de él, asi que eso nos había unido más, mi madre lo era todo para mí. Llevábamos seis años solas cuando los Kovacs nos llegaron a hacer compañía… en principio pidieron hospedaje por dos meses, pero ya iban por el decimo mes y no se les miraba indicios de querer irse. Como ayudaban con los quehaceres del hogar mi madre ya ni quería cobrarles la renta porque la señora Hanna ayudaba mucho en la cocina y a recolectar los vegetales ademas de que también cuidaba de las gallinas. Su esposo y sus hijos traían todos los animales ricos en grasas que nos ayudaban a mantener la temperatura de nuestro cuerpo. Eran de mucha ayuda y nos proveían de alimentos. Aun asi ellos insistían en entregarle monedas de oro a mi madre y eso nos servía para darle mantenimiento al hostal que funcionaba muy bien para huéspedes de paso. Pero era extraño cuando los huéspedes nunca volvían y algunos hasta se iban dejando todas sus pertenecías en las habitaciones. Asi también las desapariciones en el pueblo iban en aumento y los aldeanos cada vez nos miraban con más desconfianza porque éramos las únicas que recibíamos extranjeros todo el tiempo y ellos sospechaban que ese tipo de visitas tenían algo que ver con todo lo que acontecia. —¿Seguras? ¿Que no vieron nada extraño? —No jefe, los últimos hasta se fueron en la madruga sin despedirse. El jefe del pueblo interrogaba a mi madre, pero mirándome a mí. Era un viejo asqueroso con fama de que le gustaban las chicas jóvenes. —Como se creció Isabel, su esbelta figura y esos risos dorados llaman mucho la atención, sería bueno que consiguieras un marido. —Ay jefe yo ya no me siento capaz de conseguirme otro esposo. —No me refiero a ti mujer… me refiero a un marido para ella. Janice tu hija ya está en la edad y ustedes necesitan un hombre en este hogar y que se haga cargo del hostal. —Pero tendríamos que buscar prospectos en otro pueblo porque aquí la mayoría ya están casados. —Pues estamos algunos viudos y conozco otros que se divorciarían de inmediato para poder estar con una chica como Isabel. —Gr gr gr alguien se aclaró la garganta y caminaban dirigiéndose directo a la cocina. Los Kovacs venían llegando, cargando un alce bastante grande. Adam se detuvo por unos segundos y le lanzo una mirada aterradora al jefe del pueblo… quien sacudió su cabeza y siguió hablando… —Detesto los extranjeros… solo me pregunto ¿Cuándo diablos se largaran de nuestro pueblo? —Esta familia han sido de gran ayuda para mí y no quisiera que se fueran nunca. —Que despreciable… como se nota que prefieres a los que no son de tu r**a… somos la r**a aria Janice ¿Qué rayos pasa contigo? Isabel preciosa no sigas el ejemplo de tu madre porque debes formar un hogar con uno de los tuyos ok… nunca lo olvides… yo estaba seria y ni si quiera le respondí porque yo ya que llevaba más de un mes besándome con Adam en cada rincón del hostal. —Yo no tengo preferencia jefe, solo atiendo mis huéspedes como debe de ser… pero prometo que tomare en serio su consejo. Con esta respuesta al imbécil le cambio el rostro por completo y paso su cara de repulsión a marcar una inmensa sonrisa. —Si mujer yo sé que no eres tonta, hare el comunicado en el pueblo para que te envíen las notas del cortejo. Me despido y él se fue caminando seguido por dos de sus secuaces… tres semanas después llego la primera y única carta… donde se podía leer claramente la propuesta matrimonial del señor Klaus Dragadas el maldito jefe del pueblo. Mi madre se ponía la mano en la frente y mostraba toda su frustración. —No puedo creerlo… como este viejo cerdo puede manipularnos de esta manera. Evidentemente el muy maldito elimino las demás cartas para no tener competencia. —No madre, lo siento, pero yo me rehúso por completo. ¡No quiero aceptarlo y no lo hare!! Y nadie me puede obligar. —Hija, pero se trata del jefe del pueblo… él tiene el poder para cerrarnos el negocio si asi lo decide… ella se tapaba la cara con sus manos y yo podía discernir que ella no sabía qué hacer. Para nuestra sorpresa al día siguiente en la recepción amaneció una nota… mi madre la leía en voz alta… donde Adam Kovacs explicaba que tenía las intenciones de formar parte del cortejo. Mi madre me miro y yo le sonreí… —¡Acepto! —Hija cálmate… debemos hablar con ellos primero. Mi madre les toco la puerta y ellos la dejaron entrar a su habitación. No sé cuánto tiempo conversaron, pero se me hizo eterno… cuando mi madre salió… yo la esperaba sonriendo y con mucha curiosidad. —¿Entonces? dímelo… —Tranquila hija, si el chico está muy interesado en ti, pero el cortejo de los húngaros es diferente, asi que tendrás que usar este vestido para que Adam te pueda entregar una sortija que cargaras en tu dedo para toda la vida. Ella me entregaba un fino vestido de encaje, bastante delicado y hermoso. En ese momento no había nada que pudiera opacar mi felicidad. —¿Cuándo nos reuniremos con ellos? Le pregunte llena de ansiedad… —Pues Adam lo quiere hacer hoy mismo asi que ve a vestirte para que podamos comenzar… vamos te ayudare a peinar tu cabello. Yo estaba completamente emocionada y corrí para llegar a nuestra habitación, al entrar comencé a quitarme la ropa para tomar un baño y después mi madre me ayudaba a colocarme el vestido… puso un colorante de frambuesas en mis labios y acomodo mi rubia cabellera de manera alegante. Cuando salimos a la sala los Kovacs ya estaban frente a la chimenea y Adam vestía un fino traje n***o de terciopelo, el me miraba intensamente y se mostraba ligeramente alegre. Abel era quien no podía disimular su incomodidad… insistía en terminar rápido con todo porque estaba urgido en salir a tomar algo a la cantina del pueblo… pero la verdad era que ese lugar se trabajaba más bien como de un prostíbulo y él estaba urgido por ir a desahogarse. Adam me tomo de la mano y dio paso al compromiso, colocándome una sortija bastante brillante en mi dedo para después depositar un suave beso en mis labios. Todos aplaudieron excepto Abel, quien después de vernos en vivo dándonos un beso, él quiso irse… nosotros nos quedamos bebiendo un poco de licor y comiendo un postre que la señora Hanna había preparado con mucho cariño. —Isabel quieres acompañarme afuera, me gustaría mostrarte algo… yo afirme y lo seguí… salimos caminando rumbo al bosque que teníamos frente a nosotros —No se alejen mucho no olviden la ventisca… mi madre se preocupaba, pero yo ya iba detrás de mi hombre y solo seguimos caminando. —¡Salud! Gritaban los padres de Adam motivando a mi madre para que la siguieran pasando bien. —Vamos Isabel quiero que veas lo que tengo preparado para ti… nos adentramos a la profundidad del bosque y ahí me encontré sola… no lo miraba por ningún lado… —Adam ¿Dónde estás? Adam… entonces el me tomo de la cintura y me acerco a él… Adam estaba serio y sus ojos se habían puesto un poco enrojecidos. —Antes de que decidas formar un hogar conmigo quiero que sepas quien soy en realidad. Pero tenerlo tan cerca era demasiada tentación para mí y me lace a besarlo apasionadamente. Yo experimentaba la excitación cuando el deslizaba su lengua por mi cuello. —Adam eres mi amor… hazme tuya… —La verdad es que primero necesito mostrarte algo, pero es que te ves extremadamente sensual con ese vestido…
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