9 | Alejarme

2314 Words
Everly Releo el párrafo en mi libro y debo hacerlo dos veces antes de comprender finalmente sobre lo que habla para poder subrayar lo importante. Aquello que necesito saber para mi exámen del lunes. Debido a las distracciones de los últimos días aplacé mis horas de estudio y ahora no puedo darme el lujo de desperdiciar más tiempo. Es sábado por la noche y estoy sentada aquí desde la tarde. Incluso los chicos de mi clase me invitaron a una fiesta pero tuve que declinar. No más distracciones. Froto mi rostro algo cansada y continúo con mi lectura, cuando tocan a mi puerta y me levanto de un salto cuando creo que puede ser mamá o Cecilia con mi comida. Que bueno porque muero de hambre. Pero me detengo en seco con los dedos alrededor del pomo de la puerta cuando soy consciente de que podría no ser ningúna de ellas. Sino el dolor de cabeza constante que me acecha, esta vez dignandose a tocar. —Sé que estás ahí, Everly —advierte del otro lado de la madera una voz masculina que reconozco perfectamente. Otra vez vuelve a molestarme, pero al menos ahora lo tengo lejos y estoy en un sitio seguro. Cualquier lugar lejos de él es seguro. —No voy a abrirte, Amos. —Está bien —responde ante mi negativa y de inmediato mi ceño se frunce, sospechando de tan tranquila aceptación—. Entonces me quedaré en el corredor esperando pacientemente a que decidas dejarme pasar. —Espero que te diviertas —digo con sarcasmo, pero esto no termina aquí. Él me ignora. —Puedo estar aquí toda la noche, Everly —su tono suena retador. Por un instante lo medito. Si él permanece allí y alguien aparece lloverán las preguntas. Y no dudo en que el idiota diga algo que me ponga en aprietos, seguro de que se librará dejandome todo el peso de eso a mí. No caigas en su manipulación. Cierro mis ojos e inhalo profunda y duramente por la naríz, antes de exhalar con hartazgo. —Eres una pesadilla —le digo a la cara cuando abro la puerta. Tiene los brazos cruzados sobre su pecho, provocando que la camiseta que lleva se ajuste a los músculos tensos de sus bíceps y sus hombros fuertes. Una expresión de calma y seguridad tiñen su rostro, como cuando sabes que tienes todo a tu favor y no debes preocuparte de que algo no salga como tu quieres. Y lo detesto. Detesto también que sea tan condenadamente atractivo. Luce como un ángel caído el muy maldito, puesto en la tierra exclusivamente para atormentarme. Quizás por eso nuestros destinos se cruzaron. Tal vez sea el motivo por el cual me veo inexplicablemente atraída por él desde niños. Y también la razón por la que, a pesar de saber que no debo sentirme atraída por él, no puedo evitarlo. Como si estuviera en mi naturaleza o algo así. Su cabello azabache sutilmente desordenado le da un aire rebelde y relajado, sus perfectas cejas negras parecen oscurecer sus iris grisáceas. Su piel es impoluta, su mandíbula definida, su naríz recta y su boca… ¡No le mires la boca, estúpida! Él entra como de costumbre, con la mirada en alto con ese aire de Soy dueño de todo. —Esto está empezando a cansarme, Amos —digo cuando cierro la puerta—. ¿No tienes algo mejor que hacer que venir a molestar? Eres como una plaga. Me llama la atención la forma en que pasa por encima de todos mis comentarios. Regreso a mi escritorio y reacomodo las hojas, releo lo último que apunté y trato de continuar con mi lectura. Aunque es algo difícil ignorar la presencia de Amos. Siento el calor de su cuerpo y el sutil rastro de su perfume masculino justo detrás de mí y muerdo mi labio inferior mientras intento centrarme en mi lectura. Mi mente solo repite Ignoralo. Ignoralo. Ignoralo. Pero con Amos no es tan fácil, ignorarlo no lo hará desaparecer como por arte de magia. Siento como apoya una mano en mi respaldo, provocando que sus dedos rocen mi espalda, y la otra en el borde de mi escritorio, se inclina hasta que su rostro queda a la altura del mío. Está justo a mi lado así que si llego a girarme hacia él posiblemente nuestras narices se toquen. Pensar en eso, en esa cercanía, solo evoca recuerdos de sus labios sobre mi rostro, por mi mentón, la comisura de mi boca, mi mejilla… y mis labios. De pronto me olvido de cómo leer. Aclaro mi garganta, intentando mantener la compostura. —¿Ahora vas a ignorarme? —Estoy ocupada, no sé si lo notaste —respondo con indiferencia, sin mirarlo. De verdad, ¿no tiene algo más que hacer? Como con su novia, por ejemplo. Dejo mi libro en el escritorio pero entonces Amos gira mi silla para hacerme quedar frente a él. Su mano aún continúa en el respaldo pero la otra está en el apoyabrazos. Inclina su rostro hacia el mío pero no me muevo y, aunque lo observo con molestia, no voy a mentir que mi corazón comenzó a acelerarse. Definitivamente este no es un lugar seguro. —¿Qué diablos quieres? —Me cruzo de brazos. —Respuestas. —¿Sobre qué? —Sobre esto. Su mirada no abandona la mía y solo demuestro que no entiendo a qué se refiere cuando la confusión converge con la molestia en mi expresión. Quiero necesito que se vaya. —Me dejas dormir contigo, luego me evitas y ahora me ignoras, ¿qué es lo que te molestó? —Yo no te dejé dormir conmigo, Amos. Parece que se te olvidó la cantidad de veces que intenté hacer que te fueras. Estabas ebrio y diciendo incoherencias, en un momento solo te dormiste en mi cama —explico—. ¿Qué más podía hacer? ¿Arrastrarte por toda la mansión hasta tu habitación? Trabajo para tus padres y el señor Bernard, no soy tu maldita niñera, Amos —aclaro dándole un empujón para que se mueva y así poder poner algo de distancia. Me cruzo de brazos, a la defensiva. —La próxima vez que estés ebrio no vengas a tocar mi puerta. O mejor, no vuelvas a aparecer por aquí. Su rostro se inclina a un lado. —No estaba tan ebrio como para decir incoherencias. ¿Qué? ¿Acaso es lo único que escuchó? —Lo dudo. Estabas tan ebrio que no debes recordar nada —mi tono molesto va perdiendo fuerza a medida que soy consciente de mis palabras. Pero sobre todo de la molestia que estás me provocan. No debe recordar el beso. ¿Y por qué eso siquiera me importa? Mejor para mí, supongo. —Tampoco olvido el beso. Mi corazón da un brinco. Lo miro. Su expresión no demuestra más que otras veces, lo que sigue sin poder permitirme entender aunque sea un poco lo que está pensando o qué está sintiendo. —¿Qué ocurre? ¿creíste que lo había olvidado? —Tenía la esperanza de que sí. Amos me da una mirada de sospecha, una que grita Mentirosa. —¿Segura? Comienza a avanzar hacia mí. ¿Cómo puede saber lo que me pasa? ¿Acaso soy tan fácil de leer? Pero aún me queda fingir. —Tan segura como de que tienes novia y no deberías estar haciendo esto —replico y nuevamente puedo notar el atisbo de molestia en su mirada—. Pero ten por seguro que eso fué un error y no volverá a suceder. Se detiene a unos pasos de mí, —No digas eso. —¿Qué cosa? ¿Que no volverá a suceder? —No. Lo otro —luce tan serio que casi logra convencerme que en verdad es algo que le importa. —Es la verdad, Amos —Esta vez soy yo quien avanza un paso hacia él. En sus iris se forman nubes oscuras y pareciera estar retándome a decirlo—. Permitir que me besaras solo fué un maldito error. Mentirosa. Resuena como un eco en mi mente. Si fué un error… ¿por qué se sintió tan bien? —Tengo cosas más importantes que hacer que seguir escuchándote. Déjame en paz. Su mirada pareciera suavizarse. Y es el único gesto que, aunque demuestra algo diferente, sigue sin mostrarme nada. —Te lo dije, Everly —inclina su rostro y me observa un instante. Mi expresión se relaja cuando sube su mano hasta mi rostro y sus nudillos acarician mi mejilla como aquella noche. —No puedo —murmura. Siento mi corazón latiendo en todo mi cuerpo, en mi tórax, en mis mejillas, en mi vientre. Aprieta mi pecho y no me deja respirar. Paso saliva, sintiendo como los nervios intentan apoderarse de mí. No le creas. Aparto la cara de su toque. —Solo dices estupideces —Me convenzo a mi misma. Intento pasar por su lado pero, en un movimiento que no veo venir, él tira de mi brazo haciendo que mi pecho choque con el suyo. Mis manos caen sobre su pecho intentando poner distancia, pero su mano en mi espalda no me permite alejarme. Antes de poder decir nada, Amos me besa. Sus dedos se hunden entre los mechones de mi cabello en un agarre firme que lo hace tener todo el control sobre el beso. El gesto me toma desprevenida, sobre todo por su intensidad. Evidentemente este es el verdadero Amos y nada me tenía preparada para esto. Es un beso que arrastra consigo la esencia oscura y depredadora de Amos. No es gentil como la noche de la fiesta, no es una caricia. Es un huracán que arrasa con todo pensamiento racional y coherente, una tormenta salvaje que pone a temblar los muros que se supone deben protegerme. Mis uñas se clavan en su pecho pero él no se inmuta. Muerde mi labio inferior dándole paso a su lengua para explorar mi boca y algo estalla en mi vientre. Siento que tengo sentimientos encontrados. Sensaciones salvajes que despiertan en mi interior hambrientas por más. Y entonces sé que no puedo hacer otra cosa más que ceder a mis instintos. A mis deseos más profundos. Y lo beso también. Y creo sentir su sonrisa contra mis labios. Fundo mi boca con la suya hasta que siento mis pulmones arder por la falta de aire. —¿Puedes sentir cómo me apodero de cada mínimo rastro de autocontrol, Everly? —murmura contra mis labios. No quiero que lo sepa. No quiero que lo mencione. Solo quiero que me bese y desaparezca para poder odiarlo. —Jódete, Amos —suelto casi sin aliento y él vuelve a besarme. Lo hace como si lo hubiera anhelado tanto, como si detenerlo solo significara no volver a probarlo. ¿Esto tiene el más mínimo sentido? ¿Desearlo aún cuando debo alejarlo? Aunque creo que a este punto nada lo tiene. Y quizás esté bien así. Sus manos fuertes me alzan de la cintura dejándome sobre el escritorio, se mete entre mis piernas y mis brazos rodean su cuello. Puedo sentir una de sus manos en mi cadera deslizándose debajo de mi blusa y acariciando la piel de mi cintura con su pulgar, desatando una ola de calor en mi vientre. Está siendo excitante, bien, pero creo que es hora de terminarlo. Pero no quiero alejarme. Me convenzo de que puedo mantener el control incluso cediendo un poco a mis propios imprudentes e irracionales deseos. De que esto no irá más lejos. Si puede ponerme así con un beso… ¿qué tan lejos podría llegar? Lo suficiente para que la caída acabe conmigo, eso es seguro. Pero no es porque se trate de Amos, es solo una reacción normal a tanta intensidad, intento convencerme a mí misma. Bueno, en verdad no creo confiar mucho en mi misma en este punto. Amos se separa de mí y su boca se ve incluso más apetecible. Pero ya va siendo hora de que vuelva en mí y lo envíe lejos. —Puedes pelear conmigo cuánto quieras, Everly, pero comienzo a afectarte, aunque eso no te agrade —Escuchar eso no me agrada. El que él pueda saber que me pasa pero yo con él no, no me agrada. —Puedes intentar convencerte de que me quieres lejos, pero mientras tu cuerpo reaccione así ante mí no voy a dejarte ir. —¿Por qué? ¿cuál es el fin de todo esto? —Que seas mía de una vez por todas —pronuncia con seriedad. Sus palabras me arrebatan el aliento tanto como el beso. Porque quizás sí me veo peligrosamente atraída a la idea de ser suya. —Y que admitas lo que comienzas a sentir por mí. ¿Entonces ese es el objetivo final? ¿Enamorarme y follarme? —¿Quieres saber que siento por tí, Amos? —pronuncio, sintiendo como una ola de rabia comienza a recorrer mis venas—. Te detesto. Detesto tu presencia, detesto tus actitudes confusas y este juego estúpido, detesto que quieras hacerme caer con trucos baratos como si fuera una adolescente tonta, como si no tuvieras una novia que no se cansa de molestarme cada vez que me tiene cerca —Las palabras simplemente brotan de mi boca. Le doy un empujón y me bajo del escritorio, dirigiéndome a la puerta. Si él no se va, lo haré yo. —Nunca tendrás nada de mí, Amos —aseguro—. Así que hazle entender a tu ego que conmigo no tienes chances de ganar —escupo con enojo antes de salir de allí, dirigiéndome a paso rápido y molesto a la cocina. Creyendo, por un instante, que quizás si logré vislumbrar algo más en su mirada… pero lo ignoro. Amos jamás podría verse… dolido.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD