En el fondo, él tenía razón, los otros hombres usarían una delicadeza premeditada, pero el fin era el mismo. -No estoy acostumbrada con esas palabras crudas. -Tendrás que acostumbrarte. No puedo cambiar, no fui socializado, lo siento. Me estoy conteniendo lo mejor que puedo, quería haberte hecho el amor en cada rincón de mi propiedad. Ella abrió la boca, y él aprovechó y metió la lengua en su boca. -Me gustas, solo que no sé comportarme bien y ser cortés. Ella se quedó en silencio con la información, decir conscientemente que le gustaba, sabía que era mucho para él. Devolvió el beso, bajó la mano hacia su pene. -Quiero otra chupada, tu boca es muy caliente. Ella terminó riendo. -Eres un idiota. -Lo sé. Por suerte, él entendía la ironía, su madre le había enseñado eso, fue labori

