-Después de la boda no puedes decirme que no. -Puedo. -¡Joder! Claro que puedes, vas a ser mi mujer, realmente mi mujer. ¿Y vas a seguir diciéndome que no? -Aun siendo tu mujer, tengo derecho a decir que no cuando no lo desee. -¿Y por qué no vas a querer? Su mente no lo comprendía. Pasaba la mayor parte del día pegado a su cuerpo. -¿Es malo que te toque o no te gusta mi tamaño? Él se quedó esperando una respuesta, pero Lia ni supo qué responder. -Es bueno, pero necesitas tener calma. -¿Por qué vas a decir que no, entonces? -No lo sé. -Si no lo sabes, no puedes decir que no. Ella se rindió, las cosas simples no tenían lógica para él, lo dejaría para resolver después o se volvería loca. -Voy a hacer un bocadillo. ¿Qué quieres comer? -Pastel -¿De qué? -Cualquiera, pero después

