Jamás me había subido a una, pero era algo que deseaba bastante.
—"Rueda del amor" —leyó Luke en un cartel que había bajo esta. Lo mire de reojo por unos segundos.
Tenía puesta una remera blanca con una cara feliz en el centro, unos skinny jeans y unas zapatillas, y todo lo quedaba malditamente bien. Luke era atractivo, ¿quién podría negarlo? Estaba segura que hasta Melody y Scarlett habían fantaseado con él en algún momento. Podría decir que el piercing en el labio era la frutilla del postre (¿a qué hombre no le quedaba bien?) pero la verdadera frutilla era que Luke era amigable y te daban ganas de abrazarlo en todo momento. Tenía un sentido del humor extraño, un perfecto acento, ojos más claros que el agua, cuando canta tiene la voz de un ángel, y una pequeña barba que le quedaba excelente. Ugh, me maldecía a mi misma por pensar tanto en él. Luke era amable conmigo porque me había mandado al hospital, fin del asunto. Él no me amaba, él no gustaba de mí, él me veía como una amiga y yo estaba bien con ello. A mí tampoco me gustaba él. Pero era muy atractivo, y no podía pasarlo por alto.
Los demás chicos se fueron corriendo y con Luke los miramos irse, pero no los seguimos. Pronto clavo sus ojos en los míos.
—¿Quieres subirte? —me señalo con la cabeza la rueda de la fortuna.
Podría haber dicho que si.
Podría haber dicho que me encantaría.
Podría haber dicho que moría de ganas.
Sin embargo solo dije...
—Seguramente me maree. Mejor sigamos a los chicos —Luke asintió, tomo mi mano y salimos disparados detrás de los demás.
Los chicos estaban jugando a uno de esos juegos típicos de feria donde ganas un peluche por dispararle a cosas.
—¡Un pingüino! —grito Luke como un niño pequeño al ver uno de los peluches, y pronto le dio dinero al encargado para jugar e intentar ganarlo.
Después de varios intentos, lo consiguió. Tomo el peluche del pingüino y me miro fijamente. La mirada de Luke era encantadora, como todo lo que tenia que ver con el. Como si lo hubieran hecho en una fabrica ensamblando parte por parte para crear un muñeco perfecto.
—Para ti —me lo tendió.
—No Luke —negué— Es tuyo, te lo has ganado.
—No, lo gane para ti —me sonrió y después de quedarnos mirándonos unos segundos en silencio lo tome.
—Gracias —dije, para luego tirarme en sus brazos y abrazarlo. El pronto me rodeo con sus largos brazos y desee quedarme allí el resto de la vida, pero los chicos nos llamaron, haciendo que nos separemos.
Al final del día nos habíamos subido a casi todas las atracciones. Volví a casa con un peluche de un pingüino, varias fotos que nos habíamos tomado en una cabina (muy graciosas, por cierto), el estomago lleno de comida de feria y un montón de anécdotas y recuerdos bonitos.