Miranda ya está ebria cuando por fin logramos sacarla del club bar restaurante. Edward y Celine no están tan borrachos pero no se ven muy sobrios que se diga, Esteban los llevará a todos en su auto, es el único que no está alcoholizado.
Yo como voy a Queens decido esperar a tomar un taxi.
Aunque mi compañero se ofrece a darme el empujón lo rechazo amablemente, ya son las nueve de la noche y el camino es largo. No me lo imagino yendo y viniendo.
Además, no planeo irme ahora.
Los chicos de la banda siguen adentro divirtiéndose, es mi momento para coquetear con el tal Cy.
Esteban va en busca de su auto, mientras tanto yo me encargo de cuidar de mis lindos compañeros ebrios en la acera mientras que él vuelve, para que en sus mentes voladas por el alcohol no se les ocurra cruzar la calle o aventarse contra algún camión.
Edward mantiene abrazada a las chicas, riéndose de algo que dicen. Yo aprovecho de tomar fotografías de las luces de la ciudad sin dejar de vigilarlos para que no se maten en el proceso.
La vista de Nueva York es hermosa de noche. Así que no pierdo tiempo para hacer algunas buenas capturas de mi paseo por la ciudad. Obtengo la imagen de un chico que cruza la calle tomado de la mano de su novia, ambos van riendo. Me parece una escena tierna.
También le saco algunas fotos a mis compañeros sonriendo y tambaleándose como idiotas. Me muevo buscando otra buena escena, enfoco la puerta de entrada y salida de La Cueva del Oso, el letrero con su nombre brilla con luces neón de diferentes colores, me encanta. Pero esta se abre y el cantante de cabello rubio sale de allí.
Hola, bombón.
Está haciendo bastante frío acá afuera, lo veo frotar sus manos a través de mi lente y luego dar algunos pasos encendiendo un cigarrillo. Aprovecho de sacarle algunas capturas, sus ojos brillan por el efecto del licor, el sujeto se voltea y me mira.
La expresión de sorpresa es evidente.
Mierda.
Bajo la cámara tan rápido como puedo, pero es tarde, el rubio suelta el cigarrillo y camina en mi dirección.
—No soy tan famoso y una paparazzi ya me sigue. Grandioso.
Intento hacerme la desentendida, incluso trato de acercarme a mis compañeros. Pero el sujeto me acorrala.
—¿Podrías borrar las fotos?
—¿Perdón?
Rueda los ojos, los tiene de un color azul cielo. No me había fijado en ellos hasta ahora, será porque es primera vez que lo veo tan de cerca.
Su cabello se ve más dorado a esta distancia también.
—Cariño, no te hagas la tonta. Me tomaste varias fotos ¿Puedes borrarlas?
¿Cómo se supone que un sujeto que aspira a ser un artista reconocido se enfade porque lo fotografíen? ¿No es eso absurdo?
Niego con la cabeza, intentando una vez más hacer ver que no es cierto.
Qué vergüenza, Jesucristo.
—Tienes fotos mías allí. —Señala mi cámara, hace un movimiento que por un segundo me hace pensar que me la arrebatará. Pero no es así, sólo se acerca más.
—A ver, galán. No te creas tan importante, solo saco fotografías de la ciudad, no de ti. Mi cámara estallaría nada más al enfocarte. —Respondo con carácter, siendo medio grosera con él.
¿Y saben qué? Me vale.
Eso lo deja sin una respuesta por el momento.
Sonríe de lado. Es guapo, pero no tanto como Aarón. O tal vez sí, pero a mí me van más los mayores.
—De acuerdo. —Estira su mano hacia mí a modo de presentación.— Me llamo Cy.
¿Que realmente se llama así? Sí claro... Ajá.
—Ah, ya veo, así te dicen.
No tomo su mano, situación que lo corta porque sus mejillas se sonrojan un poco. Está avergonzado.
—No, así me llamo.
Retira su mano para meterla en el bolsillo de su chaqueta de cuero.
—Ese no es tu nombre real, es tu nombre artístico. —ataco.
Carcajea, luce divertido ahora.
—Ese es mi nombre.
—Nadie le pone Cy a un bebé ¿Qué clase de enfermo mental haría algo así?
—Mis padres. —responde.
—Seguro te llamas Augusto Ismael. Pero es vergonzoso para ti y por eso te autodenominas Cy.
Eso lo hace reír bastante. Miro detrás de él a mis compañeros hacerme muecas, Miranda grita que lo bese de una vez pero Celine le cubre la boca.
Haré como que no los conozco.
Por suerte, el sujeto frente a mí no escucha.
—No, no es así, querida. —Habla muy tranquilo y seguro, incluso vislumbro en él un poco de soberbia, por su manera de hablar y gesticular— Cy es mi nombre real pero tú no estás lista para esta conversación porque no eres más que una chismosa que fotografía a desconocidos sin su consentimiento. Ah y con complejo de sabelotodo, por cierto ¿Tus ojos siempre son así o sólo estás poseída?
Qué carajos...
No sé qué cara pongo pero Cy se echa a reír, se está burlando.
—Ajá, muy gracioso.
Alza una ceja con arrogancia.
Celine me llama cuando Esteban aparece en su auto. El rubio se percata de ello.
—Espero verte pronto, Linda Blair.
¿Es en serio?
—Yo espero que no.
Camino rápido hasta el auto y le pregunto a Esteban si aún está disponible el empujón a Queens, por fortuna dice que sí y me regala una sonrisa. De esa manera no tengo que quedarme con la presencia del rockerito en espera de algún Uber.
Volteo hacia atrás antes de subirme al asiento de copiloto, Cy sigue ahí sonriendo. Me mira, encendiendo otro cigarro.
—¡Disfruta mis fotos, poseída!
Le saco el dedo del medio por la ventana.
—Qué extraña manera de ligar tiene Jaden. —balbucea Miranda.
Todos se ríen.
***
Casi tengo los ojos pegados de la espalda. Son las cuatro de la tarde y mis párpados se cierran solos. Me sacudo, necesito reaccionar de este trance llamado: Casi no dormí anoche.
Llegué a casa de la abuela pasada las once de la noche porque Esteban decidió llevarme a mí de última, cuando estacionó frente a la casa no sé qué sucedió, supongo que los restos del alcohol, mi putería infinita, el cansancio y mi falta de actividad donde ya saben hicieron que mi compañero y yo tuviéramos varias jornadas de sexo duro y sin control en los asientos traseros de su auto.
No estuvo para nada mal.
Así que terminé entrando a casa pasada la una, por suerte la abuela estaba dormida. Después de eso comí la cena que me guardó ella en el microondas, me duché y terminé durmiendo casi a las tres de la mañana.
Y hoy estoy desecha, aunque desperté a las diez de la mañana con la baba regada por toda mi cara. Pasándome el sábado más aburrido de mi vida, ruedo mi taza hacia adelante con los dedos y bufo, hasta la abuela salió a jugar bingo con sus vecinas. Mi celular vibra con más mensajes de Esteban que no pienso responder.
Por su bien es mejor que no se enamore, yo no soy su tipo de mujer. Anoche después de hacerlo en su auto me di cuenta de que es un sujeto serio, de esos que se casan y tienen hijos, perros, gatos y viven felices para siempre.
Hasta dijo algo de querer salir conmigo y conocernos mejor, me pidió disculpas por el arrebato ¿Y quién coño se disculpa después de haberse pegado una buena follada?
No es mi estilo, a mí me gustan las relaciones abiertas, los chicos malos.
Ruedo los ojos cuando la pantalla de mi móvil se ilumina con una llamada entrante de Miranda. Espero que no sea nada del trabajo.
—¿Hola?
—¡NOCHE DE CHICAS! —Grita del otro lado de la línea, va acompañada porque se oye otra voz— ¡Celine y yo iremos a Broadway! ¿Vienes o qué?
Bostezo, esta es mi oportunidad para salir del aburrimiento. Y nada me lo impedirá, ni el mismísimo sueño hijo de puta que traigo.
—¡De acuerdo!
—Pásame tu ubicación, iremos a buscarte.
—Va. —me animo.
Cuelgo y de inmediato les envío un mensaje con mi ubicación adjunta. Corro hasta mi habitación temporal y busco en mi maleta lo que usaré. Después de escoger un pantalón de jeans, unas botas negras y un suéter blanco salgo como alma que lleva el diablo a ducharme.
Intento con toda mi alma estar lista antes de que ellas lleguen y lo logro. Así que cuando ya estoy vestida y peinada con una cola de caballo en lo alto de mi cabeza, sentada en el sofá, esperando que me toquen la bocina afuera, aprovecho de buscar a Cy en Google.
Me aparecen muchas fotografías de él, es el vocalista y pianista de la banda Side Gloomy.
Entonces así se llama su banda...
Los googleo y descubro que sí son reconocidos en la ciudad, con un fracaso de álbum debut: Pieza de media noche; y un par de temas que entraron al ranking del top 100 de Rock en Estados Unidos este año. Nada mal, hasta cuentan con un club de fans.
Descargo varias fotos de ellos, algunas de entrevistas, unas de sesiones de fotos y otras de pequeños conciertos en Tabernas. Son talentosos, de eso no hay duda, pero les falta mucho más alcance, aún tienen camino por recorrer.
Entro a mi cuenta de pictagram y busco la cuenta oficial de ellos, realmente tienen un muy buen fandom, cuentan con 1 millón de seguidores, y 400 fotos. Sigo a cada uno de los integrantes, entre esos a Cy.
Su cuenta está llena de comentarios morbosos de chicas calientes. Consigo una foto donde él aparece sacando su lengua, sostiene un micrófono, lleva las uñas pintadas de n***o, el cabello levemente desordenado y una camiseta de mangas rotas con un estampado de los Rolling Stones en el pecho, me río cuando leo un comentario donde le colocan: "Dejaría que me metieras la lengua en lugares que ni imaginas".
Diablos, señorito.
Porque sí, descubro que es un chico. Míster odioso despierta el deseo tanto en mujeres como en hombres.
¿Será gay?
Entro a sus historias, la última fue colocada hace tres horas y en ella anuncia que Side Gloomy estará tocando en Hard Rock Cafe, parece algo muy privado, incluso las entradas ya se agotaron según su anuncio.
Bien por ellos.
Una bocina resuena desde afuera repetidas veces, corro a la puerta y salgo de casa. Las chicas van en un descapotable rojo mirando hacia todas partes, en cuanto me ven agitan sus manos emocionadas.
—¡Hola a ustedes! —Troto hasta el auto y de un brinco me meto a la parte trasera.
—No nos perdimos. —Habla Celine emocionada, es quien conduce. Tienen la estéreo a un volumen algo elevado.
Me gusta el ambiente.
Tres chicas en son de diversión en Nueva York. Y por un momento me siento encantada con la ciudad.
—Amor infinito por la tecnología. —Miranda voltea a verme— Tenemos tres entradas a Hard Rock Cafe, nena.
¿Qué?
—¡Side Gloomy va a tocar allí! —se agita Celine mientras acelera.
No me jodan, eso ya lo sé.
—Es tu oportunidad para hablar con el papucho de Cy.
—Eso ya lo hice anoche. —ataco.
—Para reacomodar tu conversación con Cy. —Corrige Miranda— No creo que sacarle el dedo del medio haya sido muy amable. Estaba borracha pero recuerdo todo.
Me río recordando la situación, qué vergonzoso.
—De acuerdo, iremos a comer y a verlos tocar. Pero no tengo nada que hablar con ese sujeto.
Ellas se ríen.
Me parece que ellas van a joderme toda la tarde con la estúpida insistencia.
El camino a Broadway es rápido, nos pasamos todo el viaje riendo y conversando sobre mi vida alocada en Seattle. Celine aparca el auto en el estacionamiento del restaurante y todas nos aproximamos a la entrada, es Miranda quien entrega los tickets y enseguida pasamos. Tomamos lugar en una de las mesas frente al escenario ya repleto de instrumentos, es increíble la cantidad de gente que hay aquí. Hay un bordeado de seguridad delante de la tarima con tipos enormes custodiando.
Una chica con uniforme bastante retro y divertido nos atiende en la mesa, las chicas piden unas súper hamburguesas con papas fritas y una botella de Vodka. Yo pido una ensalada y un jugo de manzana sin azúcar.
—Es mi momento de conseguirme un novio. —Suelta Miranda de repente.
Celine y yo la vemos. Yo no sé qué pensar, apenas la conozco, Celine sí parece tomárselo un poco mal.
—¿Uno nuevo? ¿Otro más?
De acuerdo, no comprendo esto.
—Octavio y yo terminamos hace tres meses. No es un muerto, no tengo que guardarle luto.
Me río.
No sé quién es Octavio, pero por su nombre lo imagino como un pelele aburrido con cara de idiota. De esos que se ahogan con sus propias babas, aunque sinceramente no imagino a Miranda con alguien así.
—No necesitas un novio para ser feliz. —Sigue la pelinegra.
—Es verdad, un novio no. Es demasiado formal ¡Necesito un pene! ¡Un polvo, un amigo con derecho!
Mis ojos se desorbitan cuando el grito que pega se escucha tan fuerte que algunas personas voltean a vernos.
—Baja la voz. —La regaña la morena.
Yo me cubro la boca para que no se me escucha la risa. Como este par sigan con el tira y afloja de los maridos, novios o como quieran llamarlo, yo terminaré orinándome encima de la risa.
—Pero has tenido más sexo estos meses de soltera que teniendo novio ¿Para qué quieres uno?
—No me llenan. Quiero calor, cariño, amor de verdad. —Se justifica mi supervisora.
—¿Tú qué opinas de todo esto, Jay? ¿Un rato quiere un amigo con derecho y al otro quiere sentirse querida?
Las observo a ambas, yo con sinceridad prefiero una vida ligera sin compromisos, estoy a punto de responder pero me atraganto con las palabras cuando mi vista recae sobre el pelirrojo que se encuentra de pie en la barra bebiendo algo en un vaso de vidrio. Justo detrás de ellas.
—¿Si me meto con un jefe sería peligroso? —Cambio el tema.
Miranda aplaude y Celine se cubre la cara frustrada.
—Con tal de que no sea el dueño de la compañía, se dicen cosas tan siniestras de él...
—¡Con nadie! ¿Estás loca? —Celine se altera aún más.
Me río sin quitarle la mirada de encima a Aaron.
Qué pequeño es el mundo, de todos los lugares que hay en la ciudad justo tenía que venir aquí.
—¡Bu! Aburrida. Tú lo dices porque tienes novio.
Celine sonríe de lado. Está coladita por el bartolo de Edward.
Me levanto de nuestra mesa, dispuesta a acercarme a mi próxima presa. Las chicas me miran desconcertadas, entonces todos comienzan a aplaudir, y el escenario se llena con la presencia de Side Gloomy.
—Ahora vuelvo. —anuncio.
De inmediato comienza el Rockeo en el lugar, todos aplauden, gritan y utilizan sus móviles para grabar y sacar fotos.
Me detengo un momento a mirar a Cy cuando empieza a cantar.
—Todos dicen que soñar está de más cuando eres oro, atesoran los esfuerzos y los logros, ¡Es tan triste! —Su voz suena rústica y de inmediato sus compañeros le hacen voces repitiendo lo que ha dicho— Pero olvidan todo el fuego que habita en mi interior, quiero más, lo quiero todo. Nací para ser el rey del Rock.
Acto seguido todas las personas comienzan a corear: "Nací para triunfar, nací para triunfar. Siente la melodía de las cuerdas, Rock and Roll. Nací para triunfar, nací para triunfar, nací para ser el rey del Rock".
Es la letra más vacía, estúpida y engreída que he escuchado en mi vida. Instrumentalmente tienen fuerza, y la voz de Cy es impactante, pero la letra me da dolor en los ovarios.
Estoy lista para avanzar hacia Aarón cuando el rubio sobre el escenario clava sus ojos en los míos y sonríe de lado, divertido.
Maldición, no.
—¡Hey, poseída! —Me saluda en medio de la canción— No se descuiden, saca fotografías sin permiso.
Y sigue cantando.
Las chicas me miran divertidas y aunque parece algo tonto no se imaginan la rabia que me explota en el pecho. Volteo hacia Aarón, el pelirrojo también me observa. Sus ojos fríos me atraviesan, lo veo dejar el vaso con la bebida entera sobre la barra y se apresura a la salida.
¿Qué? ¿Acaso me está huyendo?