Al fin le habían quitado por lo menos la cinta que tenía en la boca, y la dejaron que hablara o gritara, pero Samantha es muy inteligente, y sabía que la segunda no era una opción, si le habían quitado la cinta, solo era porque si gritaba, nadie la iba a escuchar. — ¿Qué quieres? — Desde que entro por esa puerta, ya ella sabía quien era, solo que lo mejor era seguir haciéndose la tonta. — Cállate — dijo alguien que no era esa persona, pero a de ser una persona muy estúpida, porque para qué le quita la cinta dejando su boca si no la dejara hablar — Queremos que nos des un número, pero de cuenta de Banco. Queremos cuarenta millones de pesos — Samantha está maquinando en su cabeza, lo que ellos decían, pero cuando dijo esa cifra, ya sabían por donde iban. Además, el negociante,

