Samantha tenía un plan. Y pensaba llevarlo a cabo cuente lo que cueste.
Alberto le comentó que el padre de William quería imponerle su propio y él para no llevarle la contraria en todo. Acepto por lo menos conocerlo, escuchar el plan de ese. Y luego el de ella. Pero nunca fue ni pensaba ser ella una mujer que se pensara en segundo plano, así que… esa noche, se la paso analizando el caso, llevando a cabo las posibles contra demandas y defensa de la misma. Aunque le había pedido a Alberto que no se involucrara, este parecía hacer caso omiso.
— ¿Sabes dónde se reunirán? — Samantha estaba ideando algo. Pero no muy segura de aquello.
— ¿Qué piensas hacer mujer de Dios? — Alberto se cruzó de pie, mirando fijamente a su amiga, la cual tenía una sonrisa de lado. Y una mirada cómplice —, Sabes que… Te acompaño. No me importa lo que vayas a hacer, yo me lanzo contigo.
— ¿No te dije que te salieras de esto?, tú no entiendes en serio.
— Estás loca Sami. Esto se va a poner interesante.
— ¡Solo te advierto!, Cero sentimentalismos, él no es tu amigo es únicamente el caso…
Así siempre pensaba ella, incluso en algunos momentos llegaba a referirse a los clientes como caso tal… número tal…, muy a lo Samantha.
Incluso, Pocas veces ella podía siquiera cambiar de opinión, que en ese momento lo haya hecho, era un asunto de tomar en cuenta.
Tenía el informe, tenía la información de la chica, su dirección, todo sobre ella. Y sin duda, al ver todo eso, Samantha ya había dado el caso por ganado. Siempre ha sido intuitiva, sabe descifrar las buenas y las malas intenciones de los demás, y justamente eso era lo que estaba haciendo.
— Sí, sé exactamente dónde y a qué hora. Pero no entiendo que piensas hacer, ya sabemos que William te contrato como abogada. Y tampoco entiendo. ¿Por qué no lo has hecho firmar contrato contigo? — él seguía y seguía hablando, haciendo que la cabeza de Samantha volara. Estaba loca por decirle que se callara, pero decidió mantenerse calmada.
—Mejor vámonos. Antes de que me arrepienta que estés aquí.
—¿Te he dicho que eres cruel?
—¿Te he dicho que no me importa?
Para ella hubiese sido más fácil no involucrarse en esos asuntos, en este momento sabía que todo lo que había construido eran basándose en su falta de sentimiento, pero saber que en algún momento saldrían a la luz, y convertirse en un problema, era y seguirá siendo un caos.
— pensó samanta en aquel entonces.
Estaba a punto de perder lo que la caracterizaba, pero sabía que no se lo permitiría. El destino no le ganaría. Porque ella jamás pierde. Ni antes la vida, ni ante el amor.
Cuando Samantha apenas era una niña jugaba a ser actriz, y por cosas del destino, nunca fue la buena en su historia. La imaginación se le volvió realidad, y en su vida de adulta. (Según quien la conoce) ella no era la buena. Había jugado y había ganado.
— ¡Hola, Vanessa! — Ella se encontraba en su oficina, revisando los últimos pendientes, y redactando el contrato que debía firmar William, si quería que su plan de hacer el caso más interesante y divertido se diera. Debía ver al padre de William.
—Hola, Lic. ¿Se acuerda de la chica que vino la otra vez a buscarla? — ella indica con la cabeza que sí, y que continuará—volvió, ayer en la tarde estuvo aquí, y le dejo esto— le había entregado una carta sellada, en la cual no contenía, firma o remitente.
Ella decidió no abrirla en ese momento. La amontonó con las demás que le había entregado esta semana. Se le habían ido los días y no podía perder más tiempo en leer cartas y demás.
Esperaba por Alberto para ir a la reunión que tendría William con su padre, y el abogado que esté quería ponerle. Cuando Alberto llegó, aún no estaba convencido de llevarla allí. Él conocía muy bien a Samantha. Y ya sabía que algo se traía entre manos.
— No haré ninguna locura, si es lo que piensas — dijo ella hay ver su expresión de arrepentimiento.
— A veces creo que eres bruja. — quizás para él esto era un asunto y momento divertido, pero para ella era un asunto delicado, y lo que pensaba hacer sería el comienzo de esta historia.
— Te lo confirmó— dijo esta divertida
—Mejor vámonos, antes que me arrepienta, porque créeme. Lo estoy pensando mucho, amiga.
Ella tomó su bolso, cerro su laptop, y ambos salieron de por la puerta principal. Despidiéndose de Vanessa se dirigieron al auto de Samantha.
—Porque no nos vamos en un solo autor — Dijo Alberto refiriéndose a que se fueran en el suyo.
— Claro, súbete ven — indico Samantha dando por hecho que había ganado. — Algún día nosotros los mortales perderemos ante ti.
— Espero en Dios que no.
Al final terminaron yendo ambos en el auto de Samantha, aun en contra de los deseos de Alberto.
Resulta que la reunión se haría en las instalaciones de la empresa del padre de William, este hombre era más persistente y desconfiado que Samantha, pero entre ambos, no se sabía cuál era más astuto.
— Jaque — dijo Samantha para ella, al llegar a la puerta del edificio. Tomando sus cosas y dirigiéndose hacia adentro. Cuando llegaron esta le cedió el paso a Alberto, él conocía bien el edificio, y podía llevarla a donde sea que se dirigiesen. En el camino hacia otro piso más arriba, este saludo a varias personas, pareciese que se la pasara metido allí, cosa que no le sorprendió a Samantha para nada.
— ¿Cuántas chicas de aquí te has tirado? — pregunto ella muy seria, y con la fama que este tiene, nunca esperaría un ninguna como respuesta.
— ¿De qué hablas, mujer?, Soy un hombre serio y tranquilo — la risa sarcástica de él no se hizo esperar.
— Que te lo crea tu madre.
Cuando vinieron a darse cuenta entre la corta conversación y demás, ya estaban en la puerta de la oficina. Alberto decidido no decirle a William que ella quería ir, sabía que él lo vería como una locura, y en realidad lo es, claro que sí. Pero hacer cambiar a Samantha de opinión, era mejor comprarse un camello y hacerlo andar en el mar.