Capitulo 7

1093 Words
Nadie se había convencido de que El señor Castillo hubiese aceptado a Samantha. La verdad ni ella misma lo hizo. Él era un hombre que no daba su brazo a torcer. Y aunque ella fuese una mujer de igual. Había que ver cuál de los dos resistía más jalar la soga de la que ambos se sostenían. — Necesito que me investigues a alguien urgente — se escucha la voz del señor Castillo, a través de su celular. Había llamado a Nelson Prieto, dígase el mejor detective privado que hasta ese momento se conocía en esa ciudad. Era un hombre que se cotizaba en el mercado. Y el precio por su trabajo era un tanto elevado. Pero el señor Castillo estaba dispuesto a conseguir lo que quería, cueste lo que cueste, y según él, Samantha le había declarado la guerra. — Sabes que mi trabajo es exclusivo. — Pagaré lo que tenga que pagar, pero es muy urgente — se había desesperado, necesitaba sacar a Samantha del caso, alejarla de su hijo, cueste lo que cueste. Para él sería muy peligro que su hijo se enterara de lo que sucedió hace un año y medio. — Perfecto, mañana estaré allá sin falta, a primera hora. — Aquí lo espero señor Prieto. En otro lugar… Samantha se encontraba camino al hospital, a ver a su hermano. Después de la discusión con Sandra lastimosamente no había podido ir a verlo. Quería evitar encuentro desagradable con Sandra, pero estaba muy al pendiente. Siempre llamaba y preguntaba al médico cómo estaba. Cuando estaba cerca del cuarto de su hermano alcanzó a escuchar voces. Se acercó a la puerta, y visualizó a una chica al pie de su cama, estaba hecha un mal de lágrimas, y le decía cosas como. “No me dejes sola” “regresa” … En ese momento Samantha sintió lástima por la chica, y se hizo a la idea de que era su novia, porque, aunque no la conocía si sabía que había una novia. Su hermano en un momento llego hablarle de ella. Solo que no recordaba ni su nombre. Ella dio la media vuelta para irse, no quiso interrumpir y era mejor dejarla a ella allí, hablarle cosas bonitas a una persona en ese estado era lo mejor, y Samantha no era muy buena hablando bonito. Cuando giro para irse, se topó con Sandra, y eso era algo que quería sin dudas evitar. — Hasta que te dignas a venir. — Hay no, por favor no comiences — dijo ella tocando su cabeza en manera de cansancio. — ¿Qué no empiece qué?, porque se me olvida que solo tú puedes ganar. — Ya basta — al fin Samantha decidió hacerle frente a su hermana, se había contenido por mucho tiempo, pero ella no era de esas que se quedaban con las cosas, o que se dejaban humillar, sea por quien sea — Si me quieres hacer ver culpable de algo, te advierto, no lo lograras. Porque no soy, ni seré culpable de que nuestros padres hayan muerto, que nuestro hermano esté en coma... o de lo que sea que me culpes. Y si a alguien hay que hacer sentir culpable, es a ti, se supone que eres la mayor, tú debiste cuidarnos a nosotros. Y mírate, no eres mejor que yo — Los ojos de Sandra en ese momento se nublaron, con una lágrima amenazadora. La cual a Samantha no le provocaban nada, sintiendo que todas y cada una de las cosas que ella dijo, solo ella la había provocado. Ninguna de las dos dijo nada más, Samantha siguió su camino y salió de la sala del hospital, dejando allí a su hermana, sola y desbastada. Cuando ella llegó a su departamento, luego de lo sucedido aquel día con su hermana. Fue a revisar su correo. Tenía un montón de papeles sin revisar, estaba sintiendo que descuidaba su trabajo, su vida y todo. Comenzó a leerlos uno por uno, algunos solo eran solicitud de trabajo, apoyos en instituciones y unas que otras facturas. La última que tenía allí, la pudo reconocer, se la había dado Vanessa el día anterior, la cual vio dudosa, ya que no tenía remitente, nada fuera de esa carta. Sin dudarlo más la abrió, era una carta escrita a puño y letra. En la cual decía: Lamento molestarla, pero necesito su ayuda, no he tenido el placer de conocerla, pero si he escuchado de usted. Soy Martha Quevedo, la novia de Daniel, la situación de que el este en cómo, me está destrozando, pues siento que me dejo en el momento más importante de nuestras vidas. Me prometió siempre estar conmigo, y me ha dejado sola y desamparada. Lo he amado más que a nadie en este mundo. Precisamente ese día que paso el accidente, le había contado que íbamos a hacer padres… — Cuando ella llegó a esa parte de la carta, se detuvo allí, comenzó a respirar agitada, tratando de buscar aire, se levantó, fue por un vaso con agua. Intentando asimilar, volvió a tomar la carta en sus manos. Y continúo leyéndola — Y ahora estoy sola, mis padres se enteraron de eso, y me han echado de la casa, no entienden de razones, no comprenden cuando les digo que Daniel está en coma, y que no sabemos cuándo regrese. O si va a regresar. Necesito su ayuda, se la hubiese pedido a su otra hermana, pero ella una vez me rechazo, me dijo que era una arribista y solo quería su dinero. Pero le juro que no es así. Y tengo miedo de que, si le pedí ayuda a ella, podía decir que no era hijo de Daniel. Le juro a usted, que si lo es. Necesito que me ayude, ya no sé qué hacer. Samantha terminó de leer la carta, y lo que allí dice la descontrolo, que Sandra fuera capaz de hacer tal cosa, no le cabía en su mente, para ella eso era erróneo, tenía su diferencia con su hermana, pero no podía creer que fuera esa clase de persona ella. Por otro lado, pensó que lo estaba perdiendo todo, que había perdido a su hermano por completo, porque ella no es tonta, sabía que su hermano está en coma, pero la probabilidad de que despertara era mínima. Y aunque fuera malo aquello. Ella ya lo sabía. Lo que no sabía, era como podía ayudar aquella chica. Sea lo que sea que haya sucedido. Iba a tener un hijo, y mientras se demuestre lo contrario, era su sobrino.
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