Al día siguiente amanezco un poco más calmado. He tomado una decisión, no le insistiré más a Ariadna. Ella tiene razón, esto es absurdo y bueno, eso solo me deja con la opción de contarles la verdad a mis padres. No me gusta la idea, qué digo, me aterra la idea y es por eso que he decidido dejar que transcurra la semana que me dio mi padre. Eso sí, voy al hospital donde nació Emma para pedir los datos de su nacimiento, técnicamente no sé nada y me los van a pedir en el Registro. Así que, siguiendo las ideas de la nana, le digo a la amable señora que mi esposa perdió los datos de inscripción y me da una copia nueva. Menos mal que recuerdo los apellidos de esa loca sino sería imposible encontrarla. Esa tarde cuando llego al club de patinaje me siento incómodo y demasiado nervioso para mi g

