Capítulo dedicado a Emmy
Zion:
Oh, Omacahtl, Dios azteca de la diversión, por favor sálveme o voy a morir asfixiado por el aburrimiento.
Suspiro por décimo sexta vez mientras el documental de animales de la selva se reproduce en el televisor. Menuda forma de pasar una noche de domingo, debería estar follándome a esa chica que siempre me regala dulces de chocolate, eso sin dudas sería más placentero que este duro sofá y el incómodo silencio que reina en la sala.
Miro a mi alrededor y no puedo evitar otro suspiro. Maikol, un trigueño alto, con un cuerpo bien marcado y ojos verdes, uno de mis mejores amigos, está sentado en una silla a par de metros de mí mientras no le quita los ojos de encima a Abigail, una hermosa pelirroja de ojos azules y cuerpo de infarto quien no está más incómoda porque no puede.
Hace unos días tuvieron una noche increíble de pasión y ahora las cosas están súper raras entre ellos. Mi amigo está ido de roscas, pues no se la puede quitar de la cabeza desde aquella noche. Ella huyó a la mañana siguiente y mejor no sigo pensando en eso, pues cada vez que recuerdo esa mañana, rompo en carcajadas y si lo hago en estos momentos, van a pensar que estoy loco... más de lo normal.
A mi lado en el sofá, está Ariadna, la mujer más hermosa y sexy, pero con más mal genio que he conocido en mi vida.
Recuerdo la primera vez que la vi, hace poco más de quince días. Mis dos mejores amigos, Maikol aquí presente y Kyle que se marchó hace unos minutos y que aún intento descifrar el motivo, nos trasladamos desde la universidad Jack Alvar, la mejor de todo el país, hasta la de Milton Black, durante cuatro meses para participar en la competencia de patinaje artístico más importante del momento.
Acabábamos de recibir la charla del director, cuando un chico con el rostro desfigurado, señal de la paliza de muerte que le habían dado, nos pidió que le diéramos un mensaje a su novia, ahora ex, Addyson.
Fuimos hasta la sala de estudios donde se suponía que estaba estudiando la chica y justo en el momento en que Kyle abrió la puerta, un reloj de metal cayó golpeando su frente. No voy a negar que me asusté, pero se me pasó desde que mis ojos se posaron en las kilométricas piernas de Ariadna y en esas espectaculares tetas que saltaban a la vista en ese top rojo tomate.
No voy a decir que mi corazón se aceleró como cuentan mis amigos, pero sin dudas mi polla reaccionó lo que me hizo sentir un poco incómodo, además de que ella no me quitaba los ojos de encima. No intentó disimular ni un poco que me estaba reparando y su sonrisa picarona y movimientos coquetos, solo hicieron que mis ganas de follármela aumentaran.
De hecho, me prometí que sería la primera en pasar por mi cama y, honestamente, pensé que sería sencillo. No pude estar más equivocado, la tía es dura de roer y no porque no lo haya intentado.
A su lado estaban sus mejores amigas Addyson, la causante del accidente de mi amigo y la novia del golpeado en la dirección y Abigail.
Luego de un fin de semana de locos en el que casi perdemos a Kyle en manos de Addy e intenté varias veces engatusar a la pelinegra para pasar un rato bien divertido, Maikol fue el que mejor salió, pues se folló a la pelirroja. Con el orgullo herido y aburrido de insistirle a una única mujer, decidí desistir de follármela, tampoco es que fuera el último coño del mundo como para obsesionarme con él.También ayudó el hecho de que pensé que no volvería a verla luego de un incidente en el que terminamos todos en el hospital.
Sin embargo, la vida da muchas vueltas y terminamos enterándonos de que esas tres tías eran las mejores patinadoras sobre hielo de la universidad y que serían nuestras parejas en la competencia. Ese día fue que nos enteramos de que dado que nosotros patinábamos sobre ruedas y ellas sobre hielo, tendríamos que combinar ambos deportes para participar en la Fly High 2020.
Mi celular suena avisándome de un mensaje. Un poco emocionado ante la interrupción de mi hora de aburrimiento, pongo la lata de cerveza casi vacía sobre la mesa del centro y saco el móvil del bolsillo con la esperanza de que sea alguna chica caliente, pero mi rostro se distorsiona en una mueca de confusión cuando leo el nombre del contacto: “El casi violado”. (No pregunten, es una historia larga).
—¿Por qué demonios me…? —Comienzo a preguntar, confundido, pero me detengo cuando leo el mensaje: “¡LÁRGATE! Y llévate a Ari contigo”.
Enarco una ceja divertido y lo miro. Así que quiere estar solo. Bueno, pues yo no me quejo. Sin dudas, salir de aquí es mejor que lo que estoy haciendo.
Se preguntarán dónde estoy y por qué, ¿no?
Bueno, hoy es el cumpleaños de Ariadna y a pesar de que no le gusta celebrarlo, Kyle nos arrastró aquí con la excusa de que ahora todos somos amigos y debemos felicitarle, aunque el beso que compartió con Addyson hace unas horas y el hecho de que se marchó minutos después de saber que ella no estaría aquí, me da a pensar que el cumpleaños de Ariadna le importaba un comino. Maikol vino por razones más que obvias y yo, bueno, las chicas me caen bien y a pesar de que decidí no intentar nada con la pelinegra, no pierdo las esperanzas, tengo la sensación de que sería memorable el sexo con ella.
Pero la principal razón por la que estoy aquí y no follándome a la chica de los dulces de chocolate que, estoy seguro de que solo bastaría una llamada, es porque no tengo cabeza para nada.
El punto es que hoy ha sido un día intenso. Esta mañana antes de salir a correr, nos encontramos en la puerta de la casa a una pequeña bebé. Tiene solo dos meses de nacida y no voy a negar que me pareció muy tierna al principio, pero cuando supe que podía ser mi hija, se convirtió en el ser más horroroso y abominable del mundo. Resulta que la madre decidió casarse e irse del país y por eso no la podía criar, por lo que pensó que sería buena idea dejarla con su padre.
El problema es que no sabemos quién es el padre. Está entre Kyle o yo, pues ambos nos acostamos con ella y la muy condenada no puso el nombre del "afortunado"... O quería jodernos la cabeza o ni siquiera ella lo sabe. Pero no quiero pensar más en eso, salí huyendo de la casa para no pensar.
Miro a Ariadna que está entretenida en su teléfono. Creo que está metida en Façebook, aunque no estoy seguro. Termino de beberme la cerveza y me pongo de pie.
—Levántate —le ordeno a la pelinegra, pero está tan concentrada en su móvil, que no me escucha, así que se lo arranco de las manos, lo bloqueo y lo meto en el bolsillo donde no está el mío.
—¡Oye, devuélvemelo!
—Cámbiate de ropa. Nos vamos de paseo.
—¿A dónde?
—A tomar helado —digo lo primero que se me ocurre, pero me arrepiento enseguida porque no me gusta el helado.
—Tengo el estómago hinchado de tanto helado. —Sonrío. Imagino que debe ser cierto, cuando llegamos estaban las dos con un enorme pote cada una, devorándolo sin cesar.
Lo que me recuerda el pequeño incidente de hace casi una hora y, sin ser muy evidente, doy dos pasos lejos de ella para si se enoja no estar en su punto de mira.
Cuando llegamos, ella estaba comiendo helado y como he creado esta adicción a molestarla, le quité el pote y comencé a comérmelo. Vuelvo a repetir, no me gusta, pero era divertido ver su cara enojada mientras intentaba quitármelo. Sin embargo, no fue tan gracioso, cuando, cansada de intentar alcanzarlo y no poder por ser más baja que yo, se acercó a mí y me propinó un rodillazo en mis partes blandas. Está de más decir que vi la luna y las estrellas e imaginé varias formas en las que la asesinaba provocándole mucho dolor.
—No te preocupes se te deshinchará en el camino.
—No quiero helado, Zion.
—Pero quieres tu teléfono. Así que levanta ese culo hermoso y cámbiate de ropa.
—No tengo ganas. —Un puchero adorable se forma en su rostro y golpea directo a mi corazón. Sonriendo, me arrodillo frente a ella.
—No seas aguafiestas. Hazme el honor de dar un paseo con tan bella dama. Además, es tu cumpleaños, entiendo que no quieras celebrarlo, pero pasarlo aquí sentada mirando las mismas caras de siempre es aburrido y tú no eres una chica aburrida, ¿no?
—Eres un pesadito, ¿lo sabías? —Se pone de pie y, junto con ella, Aby. He ganado y a pesar de que eso me emociona, evito hacer un gesto de victoria.
—¿Te vas a ir de verdad? —pregunta Abigail, horrorizada, mientras la sigue al cuarto. Ups, creo que a ella la idea no le hace mucha gracia.
Me acerco a Maikol quien empieza a mover las piernas con impaciencia. De verdad no puedo creer que un tipo como él esté nervioso por una mujer.
—Me debes una. No, de hecho, me debes unas cuantas. —Maikol me observa con los ojos entrecerrados por unos segundos.
—Si me devuelves las fotos del día de la playa y me prometes que no hay más copias, te debo todas las que quieras. —Chasqueo la legua con una sonrisa maliciosa en el rostro. Está loco si piensa que le voy a entregar esas fotos.
A la mañana siguiente de Maikol haberse acostado con Abigail en una playa, se despertó solo y desnudo. Por supuesto, cuando lo encontré me aproveché de su inconsciencia y le tiré unas fotos bien comprometedoras, pero la cosa se puso mejor aún, cuando apareció un tipo bastante maduro que se comía su polla con los ojos y dejó bien claro que le gustaría hacerle algunas cosas a mi amigo que no le iban a gustar. Tengo todo el espectáculo documentado en fotos.
—Estás loco. ¿Sabes la cantidad de cosas que puedo conseguir extorsionándote con esas fotos? Y solo para que lo sepas, aunque sigas registrando mis cosas y las encuentres, no importa. Me he encargado de hacer muchas copias y guardarlas por todos lados. Estoy pensando cómo usarlas. —Le guiño un ojo y él resopla. Me encanta molestar a mis amigos, de lo contrario mi vida y la de ellos, sería muy aburrida.
—De verdad que no sé por qué somos amigos.
Quiero contestarle que soy el mejor y él lo sabe, pero en ese momento, la puerta se abre y sale Ariadna enfundada en un short blanco de cintura alta, un top plateado bastante corto y una camisa mezclilla ajustada, pero lo que me asombra son sus tenis blancos. Creo que es la primera vez que la veo en zapatos sin tacón. Salvo cuando anda con los patines, siempre usa esas agujas que hacen que sus piernas se vean más sexys aún. De igual forma, sigue estando extremadamente guapa, sexy, caliente, deliciosa y si sigo, no voy a parar.
Le da un beso a su amiga y murmura algo en su oído; luego se acerca a Maikol y hace lo mismo. ¿Qué estará planeando? Si de algo me he dado cuenta en estos días es de que ella es mi versión femenina.
Salimos de la residencia en silencio. Decidimos ir a pie, porque según ella, la mejor heladería de toda a ciudad universitaria está cerca y ella necesita caminar para hacer digestión.
Llegamos al lugar diez minutos después y pasamos sin ningún problema. Ella pide un helado de chocolate con galletas y por suerte hay dulces, por lo que pido un pastelito del mismo sabor y un batido de helado de fresa para finalmente dirigirnos a una de las mesas cerca de la ventana.
—Pensé que no querías más helado —comento cuando nos sentamos.
—Bueno, no voy a desperdiciar la oportunidad. Eso sí, creo que después de hoy no voy a querer ver un helado hasta mi próximo cumpleaños. —Me río ante su exageración mientras un trío de chicas pasan por nuestro lado cuchicheando sin sacarme los ojos de encima.
Ariadna levanta las cejas al percatarse y sonríe.
—¿Qué se siente ser el causante de tantos suspiros?
—Eso mismo debería preguntarte yo. A donde quiera que voy solo escucho: Ariadna esto, Ariadna lo otro.
—Espero que todo sea bueno.
—Mmm, algunos mejores que otros, la verdad. —Ella se ríe.
—Lo imaginé. —Su mirada se concentra en algo detrás de mí—. Esas chicas no dejan de mirarte. Estoy segura de que si pudieran, te quitarían la ropa con los ojos. —Miro hacia atrás y, efectivamente, las tres chicas me miran mientras se ríen muy coquetas—. Creo que tu noche será bien divertida.
—Nah. —Regreso mi mirada a la chica ante mí—. Son demasiado jóvenes para mí.
—No jodas, Zion. Como mínimo deben tener veinte años.
—Parecen muy puras. —Ella levanta las cejas y yo sonrío—. Me gustan más las de tu tipo.
—¿Mi tipo? ¿Qué se supone que significa eso?
—Atrevidas, sexys y coquetas.
—¿Atrevida? —pregunta en una carcajada—. ¡Pero si no me conoces!
—Digamos que eres la versión femenina mía.
—No sé si eso es bueno, malo o malísimo.
—Oh, no. Eso es muy bueno. Soy el mejor tío del mundo.
—Ya quisieras. —Vuelve a mirar sobre mi hombro en el momento que una chica, con una falda azul bien corta y unos senos importantes, nos deja el pedido, no sin antes mostrarme una sonrisa muy seductora—. Oye, lo de esas chicas es un poco demasiado, incluyendo a esta. O sea, estás sentado con una mujer, es sentido común pensar que soy tu novia o como mínimo tu cita, ¿no?
—¿Celosa?
—Ja, ya quisieras. Por cierto, la camarera sí parece ser tu tipo. —Vuelvo a mirar a la chica que está sirviendo otra mesa y me guiña un ojo.
—Totalmente. —Cuando vuelvo a mirar a Ariadna, tiene una sonrisa pícara dibujada en el rostro y una ceja por todo lo alto.
—Me pregunto qué pasaría si me comporto como tu novia. —Ahora es mi turno de levantar una ceja y centrar toda mi atención en ella.
—Lo más probable es que seas tú la que termine en mi cama esta noche y no la camarera.
—Llevas soñando con eso desde que me conoces, admítelo. —Me encojo de hombros. No lo voy a negar pues es cierto, pero tampoco lo pienso afirmar.
Con una pequeña cuchara, coge un poco de helado de la copa y se le lleva a la boca sin apartar sus ojos de los míos. Saca la punta de la lengua y la pasa por la base de la cuchara para luego meterla en su boca con una lentitud desconcertante.
—¿Quieres? —pregunta al volver a llenar la cuchara. Oh, cariño, no sabes con quién estás jugando.
Cojo su mano y acerco la cuchara hacia mí y, con la misma lentitud, la llevo a mi boca mientras acaricio con mi dedo gordo su muñeca. Sin apartar su vista de la mía, pone los codos sobre la mesa y se inclina hacia delante de modo que sus senos queden prisioneros entre sus antebrazos y se levanten un poco más. Si ya eran apetecibles con ese top, ahora están mejor.
Y eso no es justo porque ahora no puedo parar de mirarlos y pensar en lo bien que se sentiría tenerlos entre mis manos mientras muerdo sus pezones. Mi polla comienza a despertarse y yo me remuevo incómodo en la silla. Una sonrisa conocedora de lo que está sucediendo conmigo aparece en su rostro.
Pero no soy de los que pierden tan fácilmente, así que, sin perder mi sonrisa, escondo mi mano bajo a mesa y acaricio la piel desnuda de sus piernas. Se siente exquisita, lisa y suave. Sus ojos se abren desorbitados y es su turno de removerse incómoda mientras mi mano continúa su recorrido hacia sus muslos y cuando siento que he ganado esta batalla, la muy pícara baja su mano también y coge la mía. Pienso que la va a apartar, pero no, la jala hacia ella hasta depositarla cerca de su centro.
Con la punta de mis dedos logro tocar su short y siento el calor que emite esa zona. Trago duro mientras la siento abrir sus piernas y sus cejas se arquean. Se acomoda en la silla y como si nada, lleva otra cucharada de helado a su boca para luego lamer su labio. Vuelvo a tragar duro.
Mi mano está congelada en el lugar. No sé qué hacer ahora, desde que la conozco ha frustrado todos mis intentos de ligármela así que tengo la sensación de que está tramando algo.
Al final, decido jugármela, qué más da, a lo mejor ya se rindió y quiere terminar su cumpleaños con broche de oro, así que acerco más mi mano y con el pulgar hago círculos sobre su centro. Siento como sus músculos se contraen en respuesta y presiono más duro. Estoy tan concentrado en sus labios entre abiertos y en el alterado subir y bajar de su pecho, que no siento cuando su mano se envuelve en mis huevos y los aprieta. Su presión no es tan fuerte, pero es suficiente como para promover el dolor de hace un rato cuando estampó su rodilla en ellos. Unas tremendas ganas de vomitar se asientan en mi estómago.
¿Qué tiene esta chica con los golpes en los testículos?
Mi mano sale de entre sus piernas para agarrar la de ella, pero en el intento golpeo la mesa demasiado fuerte de modo que mi batido, casi intacto, se derrama sobre la mesa y cae sobre mi pantalón.
¡Maldita sea!
Ariadna se levanta y, muy pancha, sale de la heladería.
Inmediatamente, tengo a la masera a mi lado limpiando el desastre y cuando el dolor remite y me pongo de pie, empieza a pasarme el trapo por el pantalón. En otro momento le diría algo coqueto, pero ahora mismo la rabia puede conmigo y, luego de dejar el dinero sobre la mesa más una propina bastante decente, salgo disparado hacia afuera.
Ariadna me está esperando sentada en un banco con una sonrisa hermosa en el rostro y por algún motivo, en vez de enojarme más, la rabia disminuye un poco.
—¿Se puede saber qué ha sido eso?
—Nada, solo quería demostrarte que conmigo no puedes jugar. Además, no te apreté tan duro, así que no exageres.
—Pero removiste el dolor de hace un rato cuando me golpeaste.
—Oh, vamos. Sabes que tampoco te golpeé tan fuerte.
—¿Cómo te sentirías si golpeo tus senos?
—Probablemente no serías capaz de ver uno de nuevo en toda tu vida.
—Pues en los huevos es peor.
—A ti lo que te jode es que te frustré la erección. Por cierto, la tienes bastante grande. —Intento decirle algo, pero sus palabras me dejan mudo y luego de unos segundos, no puedo evitar reír.
—Estás loca, Ari.
—Eso me han dicho. Pero a que te gusto así.
—No lo dudes.
Estamos en silencio por unos minutos en lo que pienso cómo puedo vengarme hasta que ella vuelve a hablar.
—La mesera definitivamente quiere algo contigo. —Miro hacia la puerta de la heladería al mismo tiempo que las tres chicas de la mesa cercana salen. Las tres, junto a la mesera, están de pie en la escalinata mirando hacia acá.
—Bueno, me aseguraré de pasar mañana por aquí.
—¿Hoy no? —pregunta confundida y sonrío.
—Hoy es tu cumpleaños, Ari. Vine contigo, regreso contigo.
—Por mí no te detengas.
—No voy a morir por no follar esta noche.
—Por cierto, ¿crees que Aby y Maikol arreglen las cosas esta noche?
—Si hay alguien que puede hacerlo es él. Es el único que no le importa entrar en una relación.
Por media hora hablamos de nuestros amigos y varias veces me siento tentado de hablarle de la pequeña rubia que hay en nuestra casa con mi nana, pero me detengo. No sé por qué, pero siento que hablar de ella, la haría real. Es ridículo, lo sé, pero tengo la estúpida esperanza de que cuando llegue a casa todo haya sido producto de una pesada broma de mi cerebro.
Las luces de la heladería se apagan y minutos después, la camarera sale enfundada en un pantalón. Le quedaba mejor la minifalda.
—Es tu última oportunidad.
—Mañana es un nuevo día.
—Ok, pero has algo para que la chica tenga en qué pensar esta noche.
—¿Qué quieres que haga?
—Bésala.
—Si la beso voy a querer más.
—Ok, entonces no, honestamente no quiero quedarme sola esta noche. —Sus palabras son apenas un susurro por lo que la miro con curiosidad. Tengo la sensación de que ahí hay una historia y tiene que ver con que no le guste celebrar su cumpleaños.
Cuando se da cuenta de que la estoy mirando, se pone de pie, aclara su garganta y, nerviosa, mira a su alrededor.
—Ok, entonces besa a cualquier chica que haya alrededor. Es más, te reto a hacerlo. —Ahora estoy confundido. ¿Cuál es su objetivo? ¿Cambiar de tema? ¿Centrar mi atención en otra cosa? Si es eso, le daré el gusto. No pensaba preguntarle nada, pero si eso es lo que quiere, no tengo problemas.
—¿Cualquier chica? —Miro a mi alrededor.
A parte de algunas que pasean con sus novios, hay otras conversando divertidas, pero creo que sería un poco raro llegar, coger a una de la mano y besarla. Por muy bueno que esté, puede que me golpee. Así que centro mi atención a las tres chicas de la heladería que aún no se han marchado.
De las tres, la más buena que está es la rubia, así que me pongo de pie.
—La rubia de la heladería —le digo apuntando con mi cabeza a la chica en cuestión. Ari sonríe más relajada y me da el visto bueno.
Esto es ridículo, aun así, respiro profundo y con mis manos en los bolsillos, camino hacia el trío que no tardan en darse cuenta y codearse entre ellas. Pero a medio camino se me ocurre algo. Ariadna ha dicho a cualquier chica.
Ella es cualquier chica.
Esta es mi oportunidad de vengarme, así que doy la media vuelta dispuesto a darle el mejor beso de su vida. Me observa confundida, con los ojos entrecerrados a medida que me acerco y, sin darle tiempo a reaccionar, la sujeto por la cintura atrayéndola a mi cuerpo al mismo tiempo que enredo mi mano libre en su cabello. Con el corazón latiendo a mil, tomo su boca sin permiso alguno.
Una sensación dolorosa y agradable al mismo tiempo se instala en mi estómago. Sus labios son suaves y saben a chocolate. Cuando la sorpresa inicial se va, intenta alejarme con sus manos, pero yo continúo besando y mordiendo sus labios e incitándola a abrir la boca.
No tarda en hacerlo. Sus manos suben a mi cuello y me atraen hacia ella. Nuestras lenguas se encuentran en un baile sensual y un gemido se escapa de entre mis labios. La acerco aún más, mi creciente erección contra su estómago y ella se alza en la punta de sus pies. El beso es desesperado, ardiente. Nuestros dientes chocan y las narices estorban, pero aun así, es delicioso, adictivo.
Ahora entiendo a Maikol cuando dice que un beso con la mujer correcta es diez mil veces mejor que cien besos con cualquiera. Y eso me asusta.