Capítulo dedicado a Monica Perrotta
Ariadna:
Me besó. El muy sinvergüenza me besó.
Aún siento el hormigueo en mis labios y las mariposas haciendo estragos en mi estómago. Estoy en shock luego de sentir fuegos artificiales a mi alrededor.
¿Me estaré volviendo loca? ¿Cómo me pudo gustar tanto ese beso? O sea, he conocido a un montón de chicos con una boca mágica, pero este se lleva todos los premios.
Hace solo dos minutos de que el idiota se separó de mí y se alejó caminando con las manos en los bolsillos y una mirada calienta bragas del demonio y yo sigo parada como tonta frente a la heladería. ¿Pero qué coño estoy haciendo?
Sacudo mi cabeza y lo sigo. Acelero el paso hasta que lo alcanzo, pero me mantengo un metro detrás de él hasta que llegamos a la residencia.
—¿Por qué lo has hecho? —Zion detiene la marcha y se voltea hacia mí. Sus ojos recorren cada centímetro de mi rostro y se demoran unos segundos más de los necesarios en mis labios. Paso la lengua por ellos sintiendo deseos de repetir ese beso.
—Has dicho que besara a cualquier chica.
—Cualquiera menos yo, idiota. —Se encoge de hombros.
—No especificaste. Y no te hagas, sabes que te ha gustado.
—Lo dice el que tenía la polla más dura que un palo contra mi estómago.
—Yo no lo niego, a mí me ha gustado. Y no tengo problemas con repetir. —Me dedica una sonrisa ladeada y yo doy dos pasos hacia atrás. No puedo permitir que vuelva a ocurrir. Me gustó demasiado, eso no puede suceder.
—Ni se te ocurra acercarte. —Levanta las manos en son de paz y yo salgo caminando hasta la residencia. Pensé que se iba a marchar, pero me sorprende caminando detrás de mí.
Llegamos a la habitación y abro la puerta. Antes de entrar, miro a Zion y sonrío intentando demostrar que ese beso no me afectó ni un poco.
—Gracias por acompañarme. Ha sido divertido.
—De nada, ha sido todo un placer. —Me guiña un ojo y luego se marcha con las manos en los bolsillos.
Respiro profundo y entro a mi habitación sabiendo que esta noche me costará conciliar el sueño. Para mi sorpresa, Abigail me está esperando en el sillón con el pelo alborotado y los ojos hinchados, señal de que ha llorado.
¿Pero qué coño pasó?
Desconsolada, me cuenta cómo decidió seguir mi consejo y se acostó con Maikol. Yo me quedo un poco confusa porque cuando salí con Zion, lo único que le dije fue que lo provocara, que si se dejaba llevar que lo mandara a freír espárragos, pero que si se resistía, luchara por él. En ningún momento le dije que se acostara con él.
Permito que se desahogue e intento mostrarle mi punto de vista, supongo que funciona porque al día siguiente se van a una cita luego de un entrenamiento bastante intenso.
Mis amigas y yo somos patinadoras sobre hielo y los chicos sobre ruedas. Fueron trasladados a Milton Black para ser nuestras parejas en la Fly High 2020, una de las competiciones de patinaje artístico más importantes del momento, donde debemos combinar el patinaje sobre ruedas y sobre hielo.
Hoy se han enterado de algo que Addy ha ocultado durante quince largos años. Cuando era pequeña era una gran patinadora sobre ruedas, de las mejores, y su madre Annalía, era un ícono del patín. Sin embargo, luego de un accidente en el que murió Annalía, Addy nunca más volvió a patinar sobre ruedas.
Debido a un ataque de pánico que sufrió hace unos días durante un entrenamiento, no le quedó más remedio que revelar la verdad.
Los días pasan y nada mejora en cuanto al patinaje y mucho menos en nuestras vidas personales. Addy le ha declarado la guerra de hielo a Kyle, desconozco el motivo. Aby volvió a alejarse de Maikol al ver cómo una chica lo besaba, me dieron ganas de estrangularlo cuando me enteré y yo, bueno estoy muy aburrida y súper enojada con mi hermana.
He vuelto a discutir con Susana. No me sorprende porque la tipa es una arpía, pero me saca de mis casillas.
En cuanto a Zion, no hemos vuelto a tocar el tema del beso. Hicimos un acuerdo no verbal sobre ese tema dejándolo en el olvido. Nunca sucedió nada y lo agradezco, aunque no voy a negar que he soñado varias veces con su magistral boca y expertas manos recorriendo mi piel.
Gracias a Dios, las cosas mejoran un poco cuando el veintisiete de mayo, un día después del cumpleaños de Maikol, Kyle y Addyson se hacen novios. Al fin, estaba a punto de encerrarlos en un cuarto oscuro para que limaran asperezas y si de paso él libraba a mi amiga de la pesada carga de su virginidad, mejor aún.
Ahora estoy sentada en la sala de estar de la casa de los chicos y, honestamente, si el mes pasado me llegan a decir que terminaría convirtiéndome en la supuesta novia de un dios griego rubio y la madre sustituta de su pequeña por un día, me habría reído a carcajadas por semejante estupidez.
Pero nadie me lo dijo, nadie me advirtió y ahora estoy aquí sentada esperando para conocer a una mini Zion de ojos azules y aprender, en dos horas, lo necesario e imprescindible sobre el cuidado de bebés y así enfrentarnos a sus padres como una pareja feliz.
Resulta que el día de mi cumpleaños, en la puerta de la residencia apareció una bebé. Al principio no sabían de quién era, pero luego de leer una nota que venía con ella, habían dos opciones: Kyle o Zion y bueno, ayer llegaron los resultados de la prueba de paternidad y resulta que el rubio, es padre.
Pero el drama no termina ahí. Mi increíble y espléndida amiga, la única que no se mete en problemas, nótese el sarcasmo en mi voz, por favor, le dijo a los padres del rubio que yo era la madre. Sí, me creó una familia y yo ni por enterada, pues hasta ayer cuando Addy me pidió que los ayudara, no sabía de la existencia de esa bebé.
Ahora, en menos de dos horas, tenemos un almuerzo con mis supuestos suegros para conocernos. Esto es de locos si me lo preguntan, pero Zion me cae bien y decidí ayudarlo. ¿Qué es lo más malo que puede pasar?
Bueno, eso mismo me he estado preguntando los últimos diez minutos, pero ninguno de los escenarios que se me ocurren, es lo suficientemente malo como para que me eche atrás a pesar del horrible nudo que tengo en la boca del estómago. Desde mi punto de vista, lo más terrible es que sus padres se den cuenta de que todo es una farsa y ahí sí lo siento por el rubio, por muy bueno que esté, no podría ayudarlo con eso. Lo más probable es que precisamente sea eso lo que suceda porque, seré honesta, no he sostenido un bebé en mis brazos en mis veintiún años de vida.
Un golpe en mis costillas me saca de mis pensamientos. Miro a Aby con el ceño fruncido, pues se le ha ido un poco la mano, pero con su rostro señala algo frente a mí. Sigo su mirada y me encuentro con la imagen más rara que he tenido el placer de disfrutar y no puedo evitar reírme a carcajadas.
Zion, con su metro ochenta y cinco, cuerpo exageradamente musculoso, y manos enormes, de pie en el centro de la sala con una pequeña bebé en sus brazos. Es que no puede estar más fuera de lugar.
—Oh, tío, ¿estás seguro de que no la vas a matar? Tus manos son más grandes que ella —comento mientras me paro y voy hacia ellos. Me sorprende ser capaz de caminar teniendo en cuenta lo flojas que siento mis piernas. Hace mucho que no me sentía tan nerviosa.
Zion rueda los ojos ante mi comentario y yo continúo riendo hasta llegar a él. Cuando separa a la criatura unos centímetros de su cuerpo, la sonrisa se me borra de un plumazo. Es hermosa.
Una ligera capa de pelo rubio cubre su cabecita; la nariz es pequeñita y los ojos los tiene bien abiertos observando todo a su alrededor, son de un azul claro casi gris y tiene el pulgar de su manita en la boca. Es una ternura, pequeñita, suavecita y delicada.
Un creciente miedo se apodera de mi interior. ¿Y si le hago daño?
—Ari, te presento a Emma. Gatita, esta es tu mamá sustituta.
—¿Gatita? ¿Le dices a tu hija gatita? —Me giro a sus amigos. Él le dice gatita a las tías que se folla—. ¿En qué están pensando ustedes? ¿Cómo se lo permiten? Eso es desagradable, por no decir asqueroso.
—Digamos que cuando lo escuchas tantas veces te acostumbras. Eso sí, lo escucho diciéndoselo a otra mujer y le parto la cabeza —comenta Kyle.
—Ariadna, no te desvíes, estamos en una presentación —reprende Zion.
—Cierto, muy linda tu niña, debe parecerse a su madre.
—Ja, ja. Muy chistosa. Lávate las manos y ven a cargarla.
¿Cargarla? Doy dos pasos hacia atrás.
—Ni de coña. La voy a matar, soy manos torpes. Eso está muy pequeño y delicado.
—Vamos, no seas miedica, si yo puedo tú puedes.
—Bueno, en eso tienes razón. —Bajo la atenta mirada de todos, voy al baño, me lavo las manos y regreso. Odio ser el centro de atención—. Ok, dámela.
—Con cuidado. Siempre tienes que poner una mano detrás de su cabeza, para impedir que se vaya hacia atrás. Ella aún no tiene fuerzas para sostenerla. —Abigail, pone un paño blanco sobre mi hombro y con un cuidado que nunca creí poder ver en un hombre como Zion, pasa a la pequeña Emma a mis brazos y yo intento hacer exactamente todo lo que me dice.
Coloco a la bebé sobre mi hombro, encima del paño blanco y pongo una mano sobre su cabeza y con la otra, la sujeto por debajo de las nalgas. Sonrío. Es intimidante como el infierno, pero se siente bien y su olor es puro. No sabía que los bebés olían tan rico.
—Perfecto.
Una señora mayor se acerca a mí, es Rosa, la nana de Zion que se mudó con ellos desde que la pequeña apareció en sus vidas.
—En cuanto a la leche no te preocupes, te voy a dejar la fórmula preparada para que se la des. Si está muy fría, le dices a alguien en el hotel que la caliente en un baño maría; pero no creo que deban hacerlo. —Asiento con la cabeza intentando demostrar que sé a qué se refiere con baño maría.
La bebé comienza a llorar y me asusto, abro los ojos de par en par y me acerco a Zion.
—¿Qué le pasa? ¿Le hice algo? ¡Oh, j***r, la he cagado! ¡Cógela, Zion, cógela!
—Estate quieta, mujer, lo más probable es que se haya hecho pis o caca.
—¿Pis? ¿Caca? Ugh, cógela, maldita sea, Zion. —Con rostro enojado, el rubio coge a la bebé de mis brazos y camina hasta el sofá. Abigail también me mira con mala cara y Kyle hace un intento por no echarse a reír. Decido no mirar al resto.
Zion pone a Emma sobre el sofá y comienza a zafarle el culero.
—Déjame a mí, cariño —dice Rosa y Zion se hace a un lado mientras ella se arrodilla frente a la pequeña.
El rubio coge mi mano y me acerca.
—Observa y aprende.
Curiosa, observo como la nana le saca el culero e intento grabarme todos los pasos, pero mi nariz se arruga al ver la caca amarilla y realmente apestosa que hay en el pañal.
—Ni loca pienso hacer eso.
—Ari… —Comienza a decir Zion, pero lo interrumpo.
—Ah, no, ni lo pienses. Te estoy haciendo un favor con toda esta farsa, así que lo mínimo que puede hacer es cambiarle el culero. Es tu hija. Además, de esa forma asombrarás a tu familia siendo un padre responsable.
—Ella tiene un punto —comenta Kyle y Zion alza las cejas—. Es decir, dudo mucho que tus padres se asombren con algo como eso; estoy seguro de que les importa un comino, pero tiene razón en que es lo mínimo que puedes hacer.
Zion pone los ojos en blanco y me mira.
—De acuerdo, eso lo hago yo.
—¿De verdad piensas que sus padres no se asombrarán con que sea responsable con su bebé? —le pregunto a Kyle—. Yo estoy asombrada.
—Ari, lo más probable es que esta cena sea para ofrecerte dinero y pedirte que te desaparezcas de New Mant. —Mis cejas se alzan, sorprendidas, mientras Zion se rasca la cabeza, nervioso.
—Tienes que estar bromeando.
—Nop. —Un suspiro desalentador se escapa del rubio y yo me compadezco. O sea, sé lo que es tener unos padres de mierda, que les importe un comino lo que te pase, pero de ahí a mandar a su nieta lejos… Creo que es demasiado cruel.
El tiempo avanza de lección en lección. Me enseñan cómo hacerle eructar, sobre el cuidado especial con las fontanelas y un montón de cosas más que estoy segura ya olvidé. Alrededor de las once y media salimos para el hotel Atoon y el nudo de mi estómago me dice que estoy cometiendo una locura, pero no hay vuelta atrás.
Zion es mi amigo y le di mi palabra de que le ayudaría. Además, por lo que me han contado de mis no suegros, son unos hijos de puta y no es justo dejarlo solo en esto. La forma en que mira a la pequeña sentada en la silla para coches, el modo en que la trata, mueve algo aquí en mi corazón que me impide arrepentirme.
Llegamos al hotel a las doce en punto y montamos Emma en el cochecito.
—Oh, una pregunta antes de entrar, ¿qué edad tiene Emma?
—Tres meses y siete días —responde con una sonrisa—. Ahora vamos.
Empuja el cochecito mientras yo cargo el enorme bolso de bebé que me prepararon: el biberón, pañales, toallitas húmedas, chupetes, pampers, cremas y no sé cuanta cosa más.
Suspiro profundo y camino tras él. Aquí vamos, todo va a salir bien.
Le preguntamos al portero dónde queda el restaurante del hotel y él nos indica el camino. Al llegar a la puerta, Zion dice que tiene una reservación a nombre de Nicolás Bolt, supongo que su padre, y enseguida nos dejan pasar.
Mi corazón comienza a latir con fuerza mientras caminamos entre las mesas. Nunca había estado aquí y esto exuda dinero por todos lados.
Estoy tan sumida en mis pensamientos que no noto cuando Zion se detiene y choco con su espalda. Él me fulmina con la mirada al mismo tiempo que me ubico a su lado.
Frente a mí, de pie al lado de una mesa hay dos personas: una mujer súper mega elegante que estoy segura de que se ha hecho algunos arreglos en el rostro porque es imposible que alguien con su cara de amargada, luzca tan joven, nos mira con el asco reflejado en su rostro. Corrección. Me mira, a la bebé la ignoró estrepitosamente y a Zion solamente le dedicó una mueca de desaprobación. A mí me observa con asco, como si hubiese salido de un basurero y eso que voy sumamente elegante. Tal vez un poco provocativa, pero nadie me señaló que no debía lucir así, así que ni modo.
A su lado, un señor alto, imponente como el infierno y más elegante aún, me observa detenidamente y no me gusta para nada. Su rostro refleja un ligero aprecio, pero estoy segura de que no es hacia mi persona, pues no ha levantado la vista de mis tetas.
Observo a Zion con una ceja enarcada y evidentemente incómoda. Él me dedica una mirada de disculpa.
Pienso un poco en si alguien me dijo cómo debía comportarme, pero salvo Addy que me pidió calma y paciencia para que no sacara a relucir mi mal genio, nadie se proyectó en esa dirección, así que supongo que puedo ser yo.
—¿Le gusta la vista? —le pregunto al señor que levanta la cabeza y lejos de lucir avergonzado, sonríe y nos pide que nos sentemos.
Zion casi se atraganta con su saliva y la madre, si tuviera rayos láser en sus ojos, ya me hubiese desaparecido de la faz de la tierra.
Esto va a ser divertido.