Capítulo dedicado a Milyjeza23
Zion:
Sabía que esto no era buena idea. Honestamente, no se me conoce por tener buenas ideas, pero esta es la peor de todas. Debí suponerlo, debí haberme negado, pero bueno, tampoco es que tuviera muchas opciones.
Solo a mi padre se le ocurre admirar las tetas de mi novia, o sea, es de mentira, pero él no lo sabe. Y bueno, Ariadna es Ariadna, no importa qué, ella no se queda callada.
Esto va a ser un desastre.
Tomamos asiento, yo frente a mi madre, cerca de la ventana y, a pesar de que no quiero que Ari y mi padre queden de frente, no lo puedo evitar, pues ella necesita estar en el borde de la mesa para cuidar de su bebé.
Qué raro suena eso.
—¿Cómo dijiste que te llamabas? —pregunta mi padre luego de los minutos más incómodos del mundo.
—Ariadna.
—¿Y Ariadna tiene apellido? —Interviene mi madre con el desprecio mancillando su voz.
No voy a defenderla porque cada vez que está con alguien que ella considera inferior, los trata de igual manera, como si no fueran nada; pero hay que destacar que no debe ser fácil mirar a la que tu esposo no ha parado de babearle las tetas.
—Kanz —responde con falsa amabilidad.
—¿Kanz? Como Aurora Kanz. —No se me escapa la ligera tensión en los hombros de la chica a mi lado al escuchar ese nombre, pero sin perder su sonrisa, responde:
—Como Ariadna Kanz. —Una sonrisa se extiende en mi rostro. Me cae bien esta chica—. Por cierto, esta hermosura de aquí es Emma, su nieta —presenta a la pequeña, pero mi madre, sin siquiera mirar al cochecito, insiste:
—Kanz no es un apellido común. ¿Eres una de las hijas de Aurora? —Un suspiro intenso proveniente de Ariadna, me dice que está perdiendo la paciencia. Addyson dijo que ese era uno de sus mayores defectos, lo fácil que se le vuela la cafetera.
De igual forma, a mí también me desespera el interés de mi madre. No lo hace porque quiera conocer de su vida, sino porque Aurora Kanz es una de las mejores diseñadoras de moda del mundo y que estén relacionadas, cambia un poco las cosas en la mente de Camil.
—No, señora. Mi madre es una stripper. —Tengo que hacer un esfuerzo enorme para no romper en carcajadas ante la cara de espanto de mi madre. En serio, no tengo ni idea de si Ari está diciendo la verdad, pero de que intenta molestar a mi madre, lo intenta.
—Esa es una broma de mal gusto.
—¿Quién dijo que estoy bromeando? —Se encoge de hombros.
—¿Y tu padre?
—No lo conozco. Mi madre no recuerda con quién se acostó en esa fiesta que se salió de control, así que siempre hemos sido nosotras dos.
—¿Qué estudias? —pregunta mi padre.
—Contabilidad. Había pensado ser modelo, a fin de cuentas soy hermosa y tengo un buen culo y las tetas enormes. ¿No está de acuerdo, señor Bolt? —Está de más decir que su voz es puro sarcasmo y que mi madre la quiere matar. Mi padre ni se inmuta—. De todas formas, Contabilidad me da más posibilidades de sobrevivir, así que abandoné mi sueño de ser modelo.
—Por lo menos tomaste una buena decisión.
—Estoy segura de que Zion hubiese preferido que fuese modelo, señora. Habría adorado verme desnuda en las revistas. El exhibicionismo lo excita un poco —susurra esta última parte y en serio, nunca pensé que podría sonrojarme. ¿Exhibicionismo?
—¿Desnuda? —pregunta mi padre con una ceja por el aire.
¿En serio? Si no fuera mi padre y Ari fuera mi novia de verdad, le caería a golpes. Eso es de mal gusto y tiene a su esposa al lado. Mi madre lo fulmina con la mirada.
—¿A que sería una buena idea? —pregunta Ariadna poniendo los codos sobre la mesa y colocando sus senos entre ellos como en su cumpleaños, haciendo que se vean aún más apetecibles.
Creo que nunca he odiado tanto su forma de vestir. Con ese vestido color crema de escote pronunciado no deja mucho a la imaginación.
Mi padre vuelve a centrar la vista en su pecho y me doy cuenta de cómo, con el rabillo del ojo, Ari observa a mi madre con una sonrisa. Camil está roja de la rabia, pero es una mujer decente y no formará un escándalo, aun cuando su esposo acepte abiertamente lo mucho que le gustan las tetas de mi novia. Ariadna la está haciendo enojar, está probando su aguante y un extraño sentimiento de admiración crece en mi interior.
Es difícil que mis padres muestren su enojo y Ariadna, en quince minutos, está haciendo rabiar a mi madre. Eso es admirable, salvo por el hecho de que está quedando como una puta, aunque algo me dice que esa es precisamente su intención y que no le puede importar menos.
Por suerte, la camarera llega interrumpiendo el incómodo momento y permitiéndole a mi madre calmarse. Ari no se cohíbe y pide el plato más caro del menú bajo las miradas desaprobadoras de mis padres. Esta chica es genial.
Cuando la camarera se va, Emma empieza a llorar y Ariadna me mira asustada; por primera vez desde que llegamos, no se ve tan segura. Levanto mis cejas impaciente por lo que hará ahora y luego de tragar duro, se voltea hacia el coche.
—Pero mira quién se despertó —comenta con voz ñoña y yo aguanto la risa—. ¿Cómo está la niña de mamá?
Con cuidado y siguiendo todos los pasos que aprendió horas antes, saca a Emma del coche y la sostiene sobre su hombro. Olvidó cubrirse con un paño, quiero decírselo, pero me contengo. Ya parece lo suficiente nerviosa como para que yo empeore la situación.
Mece a la bebé un poco mientras murmura un: “Ssssssss” y una sonrisa orgullosa se extiende por su rostro cuando Emma deja de llorar.
—Mira, cielo. Estos son tus abuelos. ¿A qué son guapos? —Se gira un poco para que la bebé vea a mis padres y si no fuera porque es demasiado pequeña para saber qué clase de personas tiene delante, pensaría que el llanto que sobreviene es por el temor que les causa.
Ari me mira suplicante y yo decido apiadarme de ella. Cojo a la bebé y la pongo sobre mi hombro luego de cubrirlo y la meso con cuidado.
—Creo que tiene hambre —le digo a su supuesta madre y ella busca el biberón. Luego me lo tiende y tal y como he hecho desde que llegó a mi vida, incluso antes de saber que era mía, le doy la leche.
Nunca pensé que esto de tener un bebé se me daría tan bien. Yo, con mis manos anchas y torpes, una persona que nunca antes ha estado en contacto con alguien tan pequeño. Yo, que me asusté como el infierno cuando apareció en nuestra puerta y que estuve en negación durante varios días. Pero esta pequeñaja tiene algo que enamora, que te hace imposible alejarte de ella, eso, o es cierto lo que dicen por ahí de que la sangre llama.
—Tiene los ojos azules —comenta mi padre y yo me tenso. No había pensado en eso.
—Son hermosos, ¿verdad?
—Tú los tienes verdes. —Ariadna se tensa a mi lado, pero luego de aclararse la garganta, explica:
—Mi abuelo los tenía azules. Debe haber salido a él.
—Dejémonos de idioteces —dice mi madre de repente. Respiro profundo, la verdad es que se había tardado bastante—. Esto es sencillo… señorita Kanz —explica con desprecio—. En este sobre hay un cheque de diez millones de dólares. —Pone un sobre sobre la mesa y la verdad es que me alegro de que Kyle haya comentado sobre esta posibilidad y por tanto Ariana no parece demasiado sorprendida.
—Cantidad bastante pequeña si es para lo que me estoy imaginando.
—Es suficiente para que desaparezcas y tengas una buena vida con esa niña. Si quieres marcharte con tu madre, puedo disponer de cinco millones más.
—¿Y usted tiene en el jardín un árbol que pare dinero? Porque solo eso explica que esté tan dispuesta a regalarlo.
—Me mato trabajando día y noche para que ahora venga una arrastrada como tú a vivir de nuestro esfuerzo.
Una furia como pocas veces he sentido en mi vida, bulle en mi interior al mismo tiempo que la vergüenza arrasa conmigo. ¿Cómo puede hablar así?
—Entonces ya estamos hablando en serio, o sea, puedo dejarme de sarcasmos. —Eso no es bueno—. Mire, señora, me importa un comino lo que haga para ganarse este dinero, pero sus neuronas están fritas si cree que me podrá comprar con eso. Ni diez ni quince millones serán suficientes como para tener la vida que su hijo nos puede dar.
—¿Qué? —Se me escapa. O sea, pensé que iba a defender su amor por mí, pero dejar en evidencia que está conmigo solo por mi dinero, no era necesario.
Una sonrisa enorme se extiende por el rostro de mi madre al comprobar que tenía razón acerca de ella. Supongo que incluso se regodea de restregármelo en la cara.
—No me malinterprete, señora, no me refiero a su dinero de mierda. Amo a su hijo... Decidimos tener a la bebé incluso a pesar de que sabíamos que todos se iban a oponer porque el amor que hay entre nosotros, puede con eso y más. ¿Ha visto cómo trata a Emma? ¿Cómo cree que se sentiría si ahora yo acepto ese dinero y salgo de su vida?
>>Zion, ama a su hija, lo ha demostrado desde que supo que venía en camino. Ha estado conmigo incluso en los días en que yo quería que el mundo se acabara por las malditas náusea. Limpió el vómito en innumerables ocasiones, me mostró su apoyo incondicional, se partió los pies intentando conseguir cada absurda cosa que a mí se me antojaba, aguantó mi mal humor todo el tiempo y, ¿todo por qué? Porque quería conocer a su hija, porque estaba seguro de formar su familia conmigo. No fue algo premeditado, pero se dio y él lo afrontó como el hombre que es.
>>Ustedes no lo vieron durante este último año. Con qué alegría tocaba mi vientre mientras le hablaba con cariño. Cómo cada vez que pasaba por un centro comercial aparecía cargado de juguetes, vestiditos, incluso sin ella nacer. Ni un segundo nos ha faltado su amor. Siempre me he preguntado a quién había salido; tan grande, musculoso y torpe, pero con un corazón de oro. Pensaba que podría ser a alguno de ustedes, hoy veo que no es así.
>>Me importa un comino lo que piensen de mí, a fin de cuentas mi vida la quiero hacer con él, no con ustedes. Pueden pensar que soy una puta, una arrastrada, una vividora, una vulgar o lo que les de la puta gana, pero recuerden algo: soy la mujer que él ama y eso no lo van a cambiar; soy la madre de su hija, su nieta y no me voy a ir.
>>Y, señora, en vez de estar intentando arreglar la vida de su hijo porque piensa que no soy suficiente para él, debería trabajar en su matrimonio, pues, por si no se ha dado cuenta, su esposo no ha dejado de mirarme las tetas desde que llegué y eso es asqueroso. Soy la mujer de su hijo y aun así no se detiene.
Si no estuviese fuera de lugar, sin dudas me pondría de pie y le aplaudiría. A partir de hoy me declaro su fan número uno. Es mi heroína, no conozco a nadie, a parte de mí, que le hable de esa forma a mis padres. Que los enfrente sin miedo a las consecuencias y eso me gusta.
Mi madre se muerde el labio inferior con fuerza mientras cierra los ojos intentando mantener la compostura. Al parecer su esfuerzo es en vano pues decide intervenir, pero se detiene cuando mi padre pone los brazos sobre la mesa y mira detenidamente a mi supuesta novia. A los ojos, eso es un avance.
—Muy bonito discurso, pero sigues sin ser suficiente para mi hijo. Un buen cuerpo no es nada, de hecho, eso se puede comprar. Hoy en día un par de tetas y un culo no cuestan tanto. A mi hijo no le conviene alguien como tú. Él necesita una mujer a su lado inteligente, decente, con buenos modales y una familia de respetar. Alguien perfecto. —Ariadna imita su posición mientras la indignación corre por mis venas. Me pregunto cómo a ella no le afectan esas palabras.
—Y aun así ha estado los últimos cuarenta y cinco minutos imaginando las distintas formas en las que podrías tumbarme sobre la mesa y follarme, ¿no? A alguien como yo, sin modales, bruta, con una familia de mierda, cualquier cosa menos perfecta... A alguien cuyo único atributo es tener un buen cuerpo sin haber pagado un centavo.
—Tú, perra inmunda, ¿cómo te atreves? —Explota mi madre.
Ay, Dios, esto se está saliendo de control.
—Cuidadito como me habla, señora. No se pase, a lo mejor esta perra inmunda tiene la rabia y sinceramente, si me cuquean, no tengo miedo de morder.
—Tú no sabes con quién estás tratando.
—Ustedes tampoco. Intenten lo que quieran, no vamos a desaparecer de la vida de su hijo. Eso sí, les aconsejo aceptarlo de una vez, a mí no me importan los escándalos y viendo su actitud durante el almuerzo, —Mira a mi madre—, no puedo decir lo mismo de usted.
—No puedo creer que hayas sido tan idiota como para meter a esta basura en nuestra familia.
Vaya, hasta que por fin se acuerdan de que estoy aquí. Creo que nunca he pasado tanto tiempo en silencio en su presencia como hoy.
—¿Familia? ¿Qué es eso? —pregunto con ironía. Ellos no se sorprenden, están acostumbrados a que todo me importe un comino y que nunca esté de acuerdo con ellos—. Antes pensaba que por tener la misma sangre éramos familia, después de conocer a estas dos hermosas mujeres me he dado cuenta de que familia es más que sangre, más que dinero. Familia es amor, apoyo, compañerismo, amistad; familia es estar unidos sin importar las adversidades. Ellas y los chicos son mi familia, ustedes solo las personas que me trajeron al mundo.
Realmente pienso así, lo juro, pero en el fondo tengo esta pequeña espinilla de querer que me acepten como soy, que estén orgullosos del hombre en el que me he convertido; tal vez por eso es que no he podido desentenderme de ellos totalmente. Después de todo, no siempre fueron así.
—¿Cómo puedes hablar así, muchacho? —pregunta mi padre y, con cuidado, le paso a la bebé a Ariadna y ella la pone en posición para hacerla eructar.
—¿Te sorprendes? La verdad es que no sé ni para qué acepté venir aquí. Ya sabía a qué me iba a enfrentar y voy a decirles algo. Amo a Ariadna y Emma lo es todo para mí, no me importa lo que digan, no nos vamos a separar, así que ustedes deciden, o nos aceptan como un todo o cortamos nuestra relación.
Mis padres me fulminan con la mirada, pero no me dejo amedrentar. Sé cuál va a ser su respuesta, a fin de cuentas, en sus vidas lo más importante son las apariencias y yo soy su primogénito, el heredero de todo su imperio.
—Tenemos que marcharnos. Hablaremos mañana.
Sin decir nada más se ponen de pie y se marchan. Ariana suelta un suspiro de alivio.
—Odio a tus padres.