Capítulo 010

1000 Words
Las lágrimas no dejaban de salir de los ojos de Adhara a medida que más leía el contenido de aquel diario, esas páginas guardaban un poco del alma de su hermana y de sus ilusiones rotas. “Se supone que será mi jefe, pero me pone muy nerviosa. No debería sentirme así, si mis piernas siguen temblando sin control cada vez que lo veo, entonces él lo notara y puedo meterme en serios problemas. Pero no puedo evitarlo, sus ojos son de un hermoso color gris, me recuerda a los días nublados, al mar luego de una tormenta, a un océano calmado…”, decía parte de aquel diario. Adhara cerró el libro con un golpe seco, sin sentir reales fuerzas de leer un poco más… le dolía saber cómo había terminado esta historia. Saber que su hermana se había enamorado de ese sujeto, para luego sufrir la peor de las traiciones. Morir a manos del hombre que amaba no era nada bonito y no debió ser lo que le pasara a su hermana. Ella no debió morir… —¡Maldito seas, Oliver Volkov! —soltó con furia, cerrando los puños a su costado y jurando una vez más hacerlo derramar lágrimas de sangre por su muerte. Esa noche no logro conciliar el sueño, cada vez que sus ojos se cerraban, visualizaba a Adriana entrando en aquella empresa con todas sus ilusiones, con su deseo de superarse, para luego encontrar su final en manos de un mal hombre. No era justo. El sonido de la puerta saco a Adhara de sus pensamientos, no se había percatado de que el sol ya había salido en el horizonte y la habitación estaba completamente iluminada por su reflejo. —Buenos días, señora Adriana —se escuchó la voz de Greta. Adhara chasqueó la lengua al ver que se trataba de esa mujer, otra de las personas que había defraudado la confianza de Adriana, porque sí, esa sirvienta se había en vendido como una aliada, cuando en realidad era una enemiga. Venía aquí con su sonrisa y sus ínfulas de buenas vibras a traer el desayuno, cuando sabía perfectamente bien que la estaba envenenando. El veneno que utilizaron en Adriana era Arsénico, el cual se conocía por ser inodoro, incoloro e insípido, esto lo hacía prácticamente indetectable. Una pequeña dosis diariamente era letal. «Quién sabe por cuanto tiempo la estuvieron envenenando», pensó Adhara, imaginándose a su hermana, recibiendo a esa misma sirvienta todas las mañanas y consumiendo su desayuno, mientras le contaba sus más intimas confidencias. —Señora… —insistió Greta, haciendo que Adhara saliera de sus pensamientos. —Adelante —indicó, ajustándose la bata de dormir. Acababa de ponerse de pie para recibirla. Mientras Greta entraba, Adhara no pudo evitar imaginársela con un traje naranja, tras una celda. Así era como debía estar esa mujer. Y así estaría, se aseguraría de eso. —Oh, señora, pensé que seguía durmiendo, como se había tardado tanto en contestar —siguió diciendo con confianza, mientras colocaba la bandeja en el lugar de siempre y se sentaba en el sillón aledaño con demasiada familiaridad. Más familiaridad de la que Adhara podía soportar, quien se sentía tentada ante la idea de decirle que se fuera. Pero sabía que no podía hacer eso, así que se puso su mejor mascara de cordialidad. —Gracias, Greta. Siempre es bueno recibirte en las mañanas —le sonrió hipócritamente. —Me alegra saber que le gusta mi presencia, señora—se mostró feliz—. Lamento tener que ser yo quien le traiga malas noticias, pero las cosas en la casa están muy tensas —continuó entre susurros, mientras miraba hacia la puerta como si alguien pudiera estar espiándolas. —¿A qué te refieres? —se interesó Adhara. —Pues ya sabe… con el tema de la mudanza y la señora Anastasia paseándose por la casa como si fuera la dueña, es muy difícil estar aquí. —Mmm ya veo… —murmuró Adhara pensando en que seguramente tendría que encontrarse con esa mujer en su camino a la salida. Pero no le quedaba de otra que soportar su presencia, luego ella y Oliver pagarían por su osadía al meterse en la casa sin respetarla. —Además, el señor parece contento de tenerla aquí… es… señora, disculpe, pero él nunca se mostró tan contento con usted. Me parece un poco triste que tenga que soportar este tipo de escenas. Adhara sintió su interior revolverse ante la idea de Anastasia y Oliver, restregándole su amor a Adriana, haciéndola sentir menos, a ella, quien sí amaba a ese sujeto. Pero lo pagarían. Los dos lo pagarían muy caro. —Pues no tienes nada de que preocuparte—se giró hacia Greta con una gran sonrisa en sus labios—. Lo que ese par haga no me importa. No sé qué te conté en el pasado, Greta, pero créeme cuando te digo que las cosas han cambiado. Oliver Volkov no significa nada para mí. Desafortunadamente, justo como lo había previsto Greta, al salir de su habitación, Adhara tuvo que encontrarse con una escena de ese par de idiotas… El brazo de Oliver rodeaba la estrecha cintura de Anastasia mientras le daba un beso en los labios. Adhara tosió. —Lamento interrumpir, pero acabo de desayunar y no quisiera tener que vaciar mi estómago a causa de tan repugnante escena —mintió, la verdad era que no había comido nada. Lo que Greta le había llevado termino en la papelera. —Sería una pena verte vomitar, pero no podemos hacer nada por ti —el cinismo de Anastasia no se hizo esperar, mientras se afianzaba en el cuello de Oliver y le daba un nuevo beso. La bilis se le subió a Adhara de inmediato al ver aquella demostración tan vulgar de labios y lenguas, sintiendo una repulsión insana por la imagen, los esquivó y se dirigió a su auto, para acudir a la empresa. Lo único que necesitaba era hacer que su plan funcionara…
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