Llegamos a casa, paso por la puerta de entrada, detrás de mi madre. Al entrar papá se encuentra leyendo el periódico y por el ruido de la puerta al cerrar, dirige la mirada hacia donde nos encontramos.
-¡Tesoro!- dice levantándose del mueble. Me estrecha en sus brazos cuando llega donde estoy -que bueno que estás bien, tu madre y yo estábamos preocupados. -sus ojos me reparan el rostro y dice: -¿Qué te pasó?
-no la mimes tanto, todavía nos debe una explicación de su ausencia por toda la noche -habla mi mamá con disgusto.
Mi papá me suelta y aquí es donde viene el momento de explicarles mi ausencia, cosa que no recuerdo mucho.
-bueno... Fui al bosque y...
-¡¿Qué tu hiciste qué?! ¿En qué estabas pensando? -me interrumpe mamá.
-si, es que me dió tanta curiosidad de saber que pasaba ahí, que no pensé en las consecuencias, solo actúe -explico lo poco que recuerdo.
-¿Y que hacías en la protección para el pueblo?
Me siento en uno de los sillones.
-la verdad no lo sé, solo me dijeron de una criatura o persona con ojos rojos -les miro y continuo -y bueno que es conocida por todos como el acechador del bosque, y que justamente a mí me dejó viva..
-dime que no te hizo nada -exclama mi padre yendo hacia mi.
Mi tobillo está vendado y me duele un poco, cosa que no han notado por mis pantalones largos. Y siento mi rostro hinchado, cómo si Miles agujas hubieran pasado por él.
-no padre, estoy bien -no les hago preocuparse.
Ellos asienten y por mi parte pregunto lo que tengo ganas de preguntar desde que crucé la puerta.
-¿Quién es el acechador del bosque?
Se quedan un momento en silencio y luego mi madre dice:
-no tenemos idea hija, pero por ahora lo mejor será que no lo intentes averiguar.
Arrugo la frente confundida.
-¿Por qué?
-acaso no oyes lo que dicen de él en el pueblo y las noticias, es un asesino -me mira reprochándome -gracias a Dios que a ti no te hizo nada.
Es cierto, siendo un asesino, como lo dicen todos ¿Por qué no me mató?
-bueno será mejor que descanses Cony -habla papá tocando mi hombro.
Asiento y subo las escaleras en silencio. Ya estando en mi habitación me doy un baño y me lavo los dientes. Mientras lo hago me miro en el espejo, no hay marcas de ningún daño físico en mi cara. Me despojo de la ropa y quito con cuidado la venda.
Al estar mi tobillo al descubierto, me doy cuenta que mi piel en esa zona está verde, toco la zona con mis manos, me arrepiento al instante porque duele demasiado al tocarla. Con delicadeza y paciencia camino hacia la ducha. Ahí me doy un largo baño para dormir. A pesar de que dormí bastante, me siento muy cansada.
Me visto y peino mi cabello, al estar húmedo voy al baño y saco el secador. Lo paso por las hebras de mi cabello desde arriba, logrando secarlo rápido. Vuelvo a la habitación y me acomodo en la manta. Cierro mis ojos sumergiéndome en el sueño.
Sigo corriendo al oír el ruido de las pisadas, me tropiezo con el tronco del árbol y la acción me hace perder el equilibrio, logrando así que me caiga en el piso. Grito al sentir un gran dolor en mi tobillo.
Lo tomo con una mano tratando de calmar el dolor. Una mano toma mi brazo logrando asustarme pero ese susto es reemplazado por sueño.
Mi cuerpo empieza a debilitarse y lo último que veo son esos ojos rojos.
Me despierto asustada por el recuerdo, miro mi habitación mientras trato de tranquilizar mi respiración. Lo había recordado, esos ojos rojos, no tan comunes y a la vez tan hipnotizantes y peligrosos.
Inhalo y exhalo, lo repito por unos segundos más, hasta que logro controlar el martillar de mi corazón asustado. Cuando logro calmarme, escucho como tocan la puerta.
-adelante.
Mi madre entra con una bandeja en sus manos, en esta hay una sopa de verduras con arroz y jugo de naranja.
-bueno vine a ver si estabas despierta. Ahora que compruebo que sí, come, debes de tener hambre -dice dejando las bandejas en la mesa de noche.
Me mira con preocupación.
-te noto intranquila, ¿Estás bien? -se sienta en la cama.
-si mamá, no te preocupes -miento enderezándome en la cama.
Aparta la mirada para después mirarme de nuevo
-sabes que puedes contarme lo que te pasa. Voy a estar aquí siempre para escucharte mi no tan pequeña Cony.
Sonrio para no llorar, sus palabras hacen ponerme un poco sentimental. Asiento mirándola.
-bueno, te dejo para que comas -se levanta de la cama y sale de la habitación.
Miro la comida y mi estómago enseguida me exige que vaya por ella. Me inclino a la orilla de la cama y tomo la cuchara para tomar la sopa. Esto está delicioso, sigo tomando la sopa y continuo con el arroz y el jugo.
Al acabar me pongo las chanclas y tomo la bandeja en mis manos, salgo de la habitación y bajo por las escaleras.
Me cuesta un poco, el tobillo me duele y ahí es donde me doy cuenta que no llevo medias, verán el gran verde que se me formó allí. Me doy la vuelta para subir las escaleras pero una voz me interrumpe.
-Cony -la voz de mi padre me detiene.
Me giro hacia él y trato de esconder mi tobillo detrás de mi otro pie para que no note el verde.
-dime papá.
-a ver trae acá la bandeja, necesitas descansar -me arrebata la bandeja de mis manos.
-pero papá no estoy cansada -le digo.
-no me importa, ve a descansar a tu cuarto ya mañana podrás hacer todo lo que quieras -antes de poderle decir algo, pasa cruzando la cocina.
Bueno al menos no se dió cuenta.
Me doy la vuelta y subo las escaleras. No puedo evitar poner una cara de dolor al estar en la segunda planta, continuo hasta llegar a la habitación, ya estando ahí me siento en la cama.
Miro mi tobillo y noto que la marca ha empeorado, ahora está más grande. Me asombro al verla, creo que tocará ponerme la venda que traía puesta y una pomada, no quiero que me pregunten por más cosas, ya tengo demasiado con el sueño de hoy.
Recuerdo el sueño y un escalofrío pasa por mi espalda al recordar sus ojos. No sé qué hacer, si decirle a la policía que había recordado o ir de nuevo a ese bosque.
Me levanto con un solo pie y voy brincando hacia el canasto que está al lado del baño, dónde dejé la ropa que me había quitado. Meto mi mano en el bolsillo trasero del pantalón, saco la hoja de papel y miro el número de teléfono.
Analizo las dos propuestas de mi mente al tomar la decisión, no sé cual elegir.