—Las predicciones y los sueños vienen a ser lo mismo —dijo Vestinio—. En cierta ocasión, un procónsul muy incrédulo envió un esclavo al templo de Mopso con una carta sellada prohibiendo que la abrieran para comprobar si el dios podía contestar a la pregunta que la epístola encerraba. El esclavo pasó la noche en el templo a fin de tener un sueño profético, y cuando regresó dijo: «He visto en sueños a un adolescente que brillaba como el sol, que pronunció una sola palabra: “n***o”». Palideció el procónsul al oír esto y, dirigiéndose a sus huéspedes, que eran tan incrédulos como él, dijo: «¿Sabéis lo que decía la carta?». Al llegar a este punto, Vestinio se interrumpió, levantó su copa de vino y comenzó a beber. —¿Qué decía la carta? —preguntó Senecio. —En la carta se hallaba esta pregunta

