VII-5

1809 Words

Aún faltaba mucho para el final del festín; los esclavos seguían trayendo nuevos platos y llenaban sin cesar las copas de vino. Ante la mesa, colocada sobre una plataforma abierta por un lado, se presentaron dos atletas para dar a los invitados un espectáculo de lucha. Comenzaron a luchar. Los dos fornidos cuerpos, relucientes de aceite de oliva, formaron uno solo. Crujían los huesos bajo la presión de aquellos brazos de hierro; de las mandíbulas contraídas se oía el rechinar de los dientes. De pronto sonaban unos rápidos y sordos golpes que producían sus pies sobre el tablado cubierto de azafrán, luego se quedaban de nuevo inmóviles. Los asistentes creían tener ante sí un grupo tallado en piedra. Los romanos observaban con verdadero deleite el tremendo esfuerzo de aquellos brazos, múscul

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