6

1389 Words
No confiaba en mí. Ni un ápice de ella, lo que solo me hizo cuestionar aún más su historia. Quería saberlo todo. Quería conocerla por dentro y por fuera. Quería saber quién había trastocado su vida hacía tantos años y por qué habían decidido culpar a una niña. Mientras Raven la veía, llamé a mi Beta, Eric, él estaba vigilando la manada Moonshine y quería saber si había encontrado algo fuera de lugar. Hasta ahora, la respuesta era nada, lo que me hacía preguntarme cuánto ocultaban al mundo. ¿Cuán profundos eran sus secretos? Porque hasta que Trey me contactó, nunca había oído hablar de la Manada Moonshine. Una manada que vivía a menos de ochenta kilómetros de nosotros. Me preguntaba si Neah lo sabía. Le dije que regresara, la carrera de la manada era esta noche y necesitaba estar aquí. No pude evitar notar que Neah no había sonreído ni una sola vez desde que la conocí. Su extraño aroma no cambió ni una sola vez para demostrar que estaba un poco más feliz. Algo que tendría que cambiar, sobre todo si iba a ser mi compañera. Pasándole la mano por el estómago, ella contiene la respiración y mantiene sus ojos alejados de mí, buscando algo más que mirar. "¿Me tienes miedo?", le pregunto directamente mientras deja caer su sudadera. —Claro que sí, solo mírala —murmura Aero mientras camina en mi mente. Veo cómo se muerde el interior de la mejilla mientras piensa en algo que decir. "Todos lo son", murmura sin aliento. La miro con una ceja enarcada. Tienes la manada más grande. Has ido a la guerra y absorbido a otras manadas. Has matado a varios Alfas. La gente te pide ayuda, tú no la de ellos. Sería estúpido no temerte. Sonrío y puedo sentir también la alegría de Aero, hemos trabajado duro para convertirnos en el Alfa que somos. Neah era más inteligente de lo que su hermano creía. «No me refería a eso. Conozco mi lugar en el mundo. Hablo de ti. ¿Me tienes miedo, Neah?» Rápidamente, sus ojos bajan al suelo. Ojalá no lo hiciera. Podría mirarlos fijamente todo el día. "Yo no soy como ellos", le digo al ver que su silencio continúa. Jamás caería tan bajo como ellos. Jamás golpearía a una mujer para mi propio beneficio. "¿Había otros como tú?" Normalmente, donde había uno, había varios, ocultos a la vista. Ella niega con la cabeza. "Solo yo". Lo hacía cien veces peor saber que solo la lastimaban. Que todos los demás eran considerados superiores a ella cuando llevaba sangre Alfa. Eres la única persona que nunca debe temerme. Quiero que lo sepas. —Se baja las mangas de la sudadera hasta las manos. Ocultándome aún más de sí misma. Al anochecer, aún no había hablado primero. Todas las conversaciones provenían de mí y siempre terminaban con ella asintiendo o negando con la cabeza. Era casi imposible descifrarla, pero me encantaban los retos. «Necesitas dormir», murmuré, guiándola hacia las escaleras. No tenía Lobo y no podría acompañarnos a correr en manada. Sus ojos azules se posaron en el gran reloj que colgaba de la pared, pero aun así mantuvo la boca cerrada, guardándose sus pensamientos para sí misma. Me sigue por la casa hasta mi habitación. Me permite ponerle la crema en el estómago otra vez. Igual que antes, aguanta la respiración, solo que esta vez no parece tan asustada como antes y me observa en lugar de cerrar los ojos. "Buenas noches", murmuro. Al inclinarme para besarla en la mejilla, se tensa y el corazón le late fuerte. Esperaba que corriera, pero se queda clavada en el sitio, con los ojos cerrados. Suelta un pequeño jadeo mientras regreso a la puerta. "¿Te vas?", susurra, sorprendida. Hay luna llena esta noche. Lidero la carrera de la manada. Regresaré en unas horas, pero lo más probable es que estés durmiendo. "¿Carrera de manada?" murmura ella, frunciendo el ceño. Ya sabes, cuando la manada sale de cacería. —Sus ojos se abren más y más cuanto más hablo—. ¿Moonshine no hace una cacería en manada? Que yo supiera, todos lo hacían. Ella niega con la cabeza. Le dedico una sonrisa tranquilizadora. «Ya te acostumbrarás. Duerme un poco. Porque cuando recuperes a tu Lobo, te unirás a nosotros». Al empezar a cerrar la puerta, ella seguía en el mismo sitio, mirándome fijamente, confundida. Abajo, Eric y Jenson me esperaban. "¿Cómo te va con la nueva?", pregunta Jenson, desabrochándose la camisa. —Neah se queda y Moonshine no hace viajes en manada —murmuro, dándole vueltas a las palabras de Neah. "¿En serio?", pregunta Eric. "Pensé que era lo normal en todas partes. Todos los Lobos se potencian en la noche de luna llena, y es el mejor momento para cazar". Le fruncí el ceño a Eric y le pregunté: "¿Estás seguro de que no viste nada inusual?" Desde mi posición, actuaban igual que todos los demás. Algunos iban a trabajar, otros se quedaban y se capacitaban, otros cosechaban. —Me mira con una ceja enarcada—. ¿Qué crees que ocultan? "Para empezar, ¿quién mató realmente a los padres de Neah?" "¿Trey?", sugiere Eric. "No creo que Trey sea tan inteligente como para hacer eso. El muy idiota ni siquiera se molestó en leer el contrato". Jenson "Creo que deberíamos hacerles una visita mañana", sugiere Jenson. "¿Sorprenderlos?" murmuro ¡A veces es mejor cuando no saben que venimos! "Cierto. Trey estaba furioso por mi llegada." Cuando termina la búsqueda, confirmo con Eric y Jenson a qué hora saldremos antes de subir a ducharme. Al entrar sigilosamente por la puerta del dormitorio, me alegré de ver a Neah profundamente dormida en la cama. Casi esperaba que hubiera corrido. Que hubiera aprovechado la oportunidad para escapar. En cambio, está hecha un ovillo, abrazada a una almohada, todavía con la ropa deportiva que le había dado antes. No se despierta mientras me ducho, ni siquiera se mueve cuando enciendo la luz. Casi como si estuviera acostumbrada a dormir en un espacio reducido, a cualquier hora del día. Me seco y me meto en la cama con ella. Atraigo su pequeño y débil cuerpo hacia mí. Hace unos ruidos raros al despertarse, pero enseguida se vuelve a dormir. Al despertar antes que ella, no pude evitar observarla dormir. En algún momento de la noche, se había dado la vuelta, mirándome. A la luz de la mañana, se le veían unas tenues pecas salpicadas en la nariz. Ella jadea, incorporándose de repente y frotándose los ojos. "¿Dónde estoy?" —Neah, estás en mi mochila, ¿recuerdas? —Sus ojos azules se clavaron en los míos antes de bajar a mi pecho desnudo y luego a la sábana que apenas me cubría. "¿Estás... estás desnuda?" Sus mejillas estaban sonrojadas y no la hacían parecer tan frágil. "Lo prefiero así, sobre todo en mi propia cama". Le sonrío con suficiencia. Se palpa, comprobando que todavía lleva ropa y deja escapar un suspiro de alivio al darse cuenta de que todavía está completamente vestida. —Podríamos desnudarla —murmura Aero—. Podríamos mostrarle lo que realmente queremos. —Tenemos que ir más despacio —murmuro—. No es como las demás. Aero se enfurruña ante mi comentario y se escabulle a un rincón de mi mente. Por suerte, con la edad, he aprendido a controlarlo mejor. Neah cruza la habitación, encerrándose en el pequeño cuarto del baño. La oí murmurar para sí misma sobre mantener la compostura. "Cuando termines", le grito, "tenemos que ponerte la crema". Pasan diez minutos antes de que aparezca. Me mira fijamente mientras me pongo una camiseta negra. "Eric, Jenson y yo tenemos un recado que hacer. Te quedarás aquí". Agarro el bote de crema y le hago un gesto para que se levante la blusa. "¿Sola?", pregunta con voz temblorosa mientras se sube la blusa. "Sola." Confirmo. "Bueno, habrá otros aquí, así que no estoy completamente sola." Mi mano se queda suspendida sobre su vientre un rato más. "Está aquí mismo." Aero gruñe. Soltando mi mano, Aero se enfurruña. Quería demostrar algo. Reclamarla como nuestra, acallar por fin los rumores que nos rodeaban.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD