— ¡No, no lo hice por eso! — él llevó su mano a su cabeza — disculpa por lo que he hecho y lamento mi atrevimiento, no vayas a pensar que te quiero utilizar para después deshacerme de ti, me gustaría conocerte y si lo de la casa lo he hecho es para ayudarte de forma desinteresada. — Entonces creo que primero deberíamos conocernos — ella extendió su mano — es un gusto, como sabes, me llamo Sophie. — Es un gusto Sophie — él tomó la mano y la estrechó con firmeza — soy David Di Veneto, recién vengo de Londres, estudié negocios internacionales en ese hermoso país y ahora me encuentro aquí para mejorar muchas cosas de este pueblo. David le contaba a Sophie sobre las mejoras que quería hacer en el pueblo, pensaba conseguir ayuda externa de ser necesario para así poder equipar el hospital e in

