La cara roja de Sophie y de Giancarlo solo sirvió para que ellas se burlaran. Rubí secó unas lágrimas que salían de la comisura de sus ojos debido a la risa y miró a su jefa. — A este paso no vamos a tener a los chamacos corriendo por ahí e incluso el papichulo de Giancarlo va a tener reposición y será el vibracucas 3000 — Rubí alzó el juguete — con venas palpitantes, quince velocidades, giro de 360° y con una resistencia de toda la noche. Es increíble que solo un tuco de hule pueda tener todo esto. — ¡Rubí! — Sophie se puso roja — deja eso y guárdalo, ni sé por qué has traído ese juguete. Eso debes tenerlo bien guardado en tu cuarto. — Esta preciosura no es mía, se la he traído a Valerie. Es lo que mata sus noches solitarias y llenas de pasión, ya sabes que una mujer tiene sus necesida

