Diego
Estaba empezando a hacer frĂo de apoco por lo que me vestĂ con una camisa y unos jeans negros, mi chaqueta de cuero, fui en busca de mi acompañante el cual debĂa estar terminando su turno en la cafeterĂa, al llegar a la cafeterĂa Ă©l estaba saliendo con su mochila y vestido de su clásico jeans y camisa grande, me gustaban lo hacĂan parecer tan tierno, estaba oscureciendo y habĂa empezado a hacer un poco más de frĂo, cuando llego hasta mi le pasĂ© su casco guardĂ© su mochila en el compartimiento de la moto, tenĂa escalofrĂos por lo que saque mi chaqueta y se la coloquĂ©, Ă©l me sonriĂł en agradecimiento y me subĂ a la moto, Ă©l subiĂł despuĂ©s, abrazĂł mi cintura como de costumbre, conduje hasta la galerĂa de arte.
Al aparcar hicimos fila para entrar, mostrĂ© las entradas y nos dejaron entrar, habĂa tanto silencio como se acostumbraba en estos lugares, sonreĂ instantáneamente, me encantaba ver los diferentes tipos de pinturas, comenzamos por una pintura, habĂa una mujer hermosa dejarlo rojizo, su pelo colgaba tan largo.
—Es hermosa— susurré.
—Lo es, apostarĂa a que es la amada del artista, posĂł para Ă©l o ella, mira, sus ojos y rostro demuestran amor— dijo analizando a la mujer de aquella hermosa pintura.
—Puedo verlo— la admiramos por un rato luego caminamos más allá.
En esta habĂa diferentes tipos de colores expulsados en el cuadro, podĂa imaginar flores de diferentes colores en el fondo n***o de aquel cuadro.
—Mira, estás parecen flores— apunté a las diferentes formas de pinturas.
—Mira me gusta aquella— apuntó a una pieza de arte abstracto al fondo del pasillo, eran artos instrumentos musicales juntos, con muchos colores y formas era muy lindo, caminamos hasta él, estaba rodeado por otras personas— me hace feliz, puedo sentir los colores, las formas y también la música— dijo sonriendo.
—TambiĂ©n lo siento— caminamos a otra que estaba más allá, esa me gustaba mucho más que la anterior, no por que fuera más hermosa si no porque la naturaleza me atraĂa de una manera increĂble y este era un bello bosque de color verdoso con árboles gigantes.
—¿Te gusta esta? — preguntó Sander.
—Si, me encanta, es por lo verde, por los árboles, no lo sĂ©, pero me atrae de una manera increĂble— dije tocando el vidrio que me separaba de la pintura, deseaba sentir la textura de la pintura, claramente no pude sentirlo.
ווווווווו×
—¿Quiere comprar las tres? — pregunto él hombre asombrado.
—Si quiero las tres— respondà con decisión.
—¿Esta seguro? Debe saber que cada una de estas piezas son de un costo de dinero bastante alto— aclaró.
—Estoy bastante seguro y en cuanto al dinero no importa la cantidad, lo pagarĂ© estoy informado en cuanto están valuadas cada una de las piezas— respondĂ.
—Está bien, pase adelante, le voy a hacer responder algunos formularios y luego firmar algunos documentos, luego puede llevárselos o podemos hacerle un envĂo de las piezas, para que estĂ©n seguras— respondiĂł haciĂ©ndome pasar a una oficina.
Al terminar de rellenar unos formularios, me hicieron firmar los papeles de compra por los cuadros al ser tan costosos tenĂa que firmar un comprobante de que estaba en completa sobriedad y conciencia de lo que comprarĂa, al terminar me levantĂ©.
El hombre también se levantó de su silla.
—Entonces señor las pinturas serán enviadas a la ubicación escrita en el formulario en un plazo de dos semanas— asentà conforme, extendió su mano para cerrar el trato y también de despedida, acepté el acto y caminé hasta la salida, luego subà a mi moto, para llegar a casa.
Al llegar entre a la casa y escuché movimientos provenientes de la cocina, fui a ver que estaba pasando y para mi sorpresa era Sander.
—Hola, ÂżDĂłnde estabas? — preguntĂł mientras cocinaba algo de espaldas a mĂ.
—Hola, no sabĂa que vendrĂas hoy, estaba haciendo algunos trámites— respondĂ acercándose a Ă©l, olĂa muy rico querĂa ver que estaba cocinando.
Estaba haciendo carne a la cacerola con arroz, la carne olĂa muy bien.
—Es porque decidĂ venir a Ăşltima instancia, terminĂ© mi Ăşltima clase y quise venir, entrĂ©, pero me di cuenta de que no habĂa nadie, por lo que estuve vagando hasta que me dio hambre vine a la cocina y me dieron ganas de cocinar algo rico— dijo volviĂ©ndose para verme.
—¿Cuánto le falta? creo que también me dio hambre—dije mirando las ollas detrás de él.
—Muy poco— dijo sonriendo— pongamos la mesa mientras se termina de cocinar— propuso.
—Claro— respondĂ, caminĂ© hasta el mueble donde estaban los servicios mientras que el sacaba los platos.
Sander colocó los platos y luego yo coloqué los servicios al lado de estos, mientras los colocaba él fue a revisar las ollas.
Después de unos minutos empezó a servir, luego nos sentamos a comer.
—¿Quieres tomar algo para acompañar el almuerzo? — pregunté dispuesto a pararme.
—EstarĂa genial, de preferencia vino, tinto— dijo cuando estaba de espaldas buscando en la despensa.
Al tomar uno de los vinos que encontrĂ© me dispuse a destaparlo, lo coloquĂ© en la encimera mientras buscaba las copas que estaban colgadas arriba, tomĂ© dos y servĂ, me volvĂ y le entreguĂ© su copa, para luego sentarme.
—¿Algo por lo que debamos brindar? — pregunté antes de beber.
—De hecho, si— hablĂł sonriendo— eh tenido la mejor nota de mi clase en auditorĂa contable, te acuerdas que hablamos dicho que habĂa sacado mala nota la vez pasada, bueno estuve investigando y estudiando en mis tiempos libres hasta que memorice todo! — dijo feliz, le dio un sorbo a su copa— me siento tan feliz y orgulloso de mi mismo— hablĂł mientras comĂa un poco de su arroz.
—también estoy orgulloso de ti— contesté sonriendo.
—Gracias— sonrĂo.
—Entonces brindemos por lo brillante que eres— dije alzando la copa, el tomo su copa aun sonriendo y la choco levemente en el aire con la mĂa, creando un sonido cual retumbĂł en el silencio de la sala, tomĂ© un sorbo de mi copa— tambiĂ©n querĂa saber, ÂżTu ex no ha vuelto a molestar? — preguntĂ© un poco más serio y preocupado, realmente habĂa pensado en eso todo el dĂa.
—Para mi suerte no, al parecer fuiste bastante intimidante— comentó cortando un trozo de su presa.
Miré mi plato y también empecé a comer, realmente estaba rico.
—Que bueno...Mmmm... esto te quedó de maravilla— alagué disfrutando de la textura de la carne en mi boca— ¿Dónde aprendiste a cocinar? — quise saber.
—Bueno, cuando todavĂa vivĂa con mi hermano me quedaba solo muchas veces, el salĂa a trabajar y mi hermano todas las mañanas prendĂa la tv para ver una serie antes de irse al trabajo, cuando despertaba o llegaba del colegio siempre estaban dando programas de cocina por lo que no tenĂa más opciĂłn que verlos porque mi hermano me escondĂa el control, un dĂa cuando ya tenĂa once o doce no recuerdo bien, decidĂ practicar lo que veĂa, para mi mala suerte termine quemando una olla, un paño de cocina y mi mano, luego de eso seguĂ intentándolo hasta que aprendĂ, pero fue bueno porque luego, cuando ya tenĂa quince mi hermano trabajaba mucho más, por lo que tenĂa que cocinar para mi— me contaba mientras comĂamos y bebĂamos vino.
—Debió ser duro tener que pasar horas solo— hablé.
—No del todo, realmente me divertĂa, practicaba mucho, aprendĂ a cocinar muchas recetas y postres, pero claro por un lado era duro ver como mi hermano trabajaba y a la noche llegaba cansado, a veces de mal humor, pero igual estoy orgulloso de Ă©l, cuando me di cuenta de que habĂa dominado la cocina empecĂ© a cocinarle, cada que llegaba cansado le daba alguno de mis postres o comidas, los disfrutaba y luego ya no estaba de mal humor.
—Entonces es verdad esa frase que dice que con algo dulce endulzas tu vida— confirmé.
—Claro que lo es— lo pensó— bueno, no en todos los casos, eh intentado comer caramelos para que se me valla el mal humor cuando no me follas por las mañanas y no funciona— dijo sin vergüenza.
ReĂ por su descaro al hablar sin frenos.
—Ya lo eh visto— dije recordado la Ăşltima vez que no obtuvo sexo por la mañana, aunque fue bastante placentero y excitante no fue muy agradable pedir permiso para poder gemir sin tener una mordaza— querĂa preguntar, solo por curiosidad ÂżCuándo es tu cumpleaños?
—Es en un mes— dijo sin tanta importancia, lo pensé, eso era perfecto.
—¿Y el tuyo? — preguntó.
—En realidad ya fue, hace tres meses, fue El cumpleaños de mi vida, una fiesta s****l— contesté sonriendo con perversión ante los recuerdos.
—Wou, nunca eh estado en una, pero me imagino que debe ser bastante intenso y con mucho sexo— comentó, antes de tomar de su copa.
—Lo es, puedo...
—No gracias, no quiero saber mucho, estoy bien con lo que se— dijo frenándome con una mano, la cual bajo al ver que no iba a continuar— pero hablando de sexo creo que podrĂamos practicar un poco.
Solo sentĂ como su pie era puesto sobre mi virilidad, empezaba a moverse.
ÂżEn quĂ© momento se habĂa sacado las zapatillas? ÂżEn quĂ© momento está conversaciĂłn sana habĂa llegado a sexo?
No pude obtener mis respuestas, la excitaciĂłn me habĂa ganado.
—Eres tan descarado al igual que pervertido— hablĂ© para luego soltar un jadeo, en ese momento querĂa lanzar todo al suelo y follarlo en la misma mesa.
—Lo soy— dijo asiendo presiĂłn en mi ahora dura erecciĂłn— pero por mientras terminaremos de comer, voy a ver cuánto aguantas antes de tomarme aquĂ en tu cocina— hablĂł mordiendo su labio inferior, mientras seguĂa masajeando.
—Estas jugando con fuego— hablé.
—Estoy dispuestos quemarme con tal de recibir lo que quiero— respondió como si fuera un inocente niño.
Alcé mis caderas para obtener más presión, solo un poco más, pensé mientras miraba el techo y soltaba algunos jadeos.
—¿No deseas hundirte en mi en vez de solo obtener estimulación por parte de mi pie? — preguntó con voz sensual y desafiante.
TenĂa que aguantar, no podĂa caer ante el deseo de follar su culo.
Pero realmente no podĂa aguantar las ganas, de solo imaginarme follándolo en alguna parte de la casa me ponĂa aĂşn más duro.
Me levantĂ© y tirĂ© el mantel con todo sobre el al suelo, no me importĂł lo que se quebrara o lo que manchara, me valĂa madres, Sander se sorprendiĂł un poco ante mi acciĂłn un poco brusca, pero luego sonriĂł.
—No pudiste resistir más— sonrĂo triunfante, estaba sentado todavĂa en su silla, la copa en su mano izquierda mientras que la otra desabrocha su camisa, al tenerla desabrochada por completo tomĂł un sorbo de su copa para luego levantarse, caminĂ© seductoramente hasta la encimera y dejar la copa cerca se la botella de vino, caminĂł hasta estar de delante de mĂ— vamos, quiero celebrar con mucho sexo— hablĂł mientras sacaba su camisa y la tiraba al suelo junto con las demás cosas que habĂan caĂdo al tirar el mantel, nos desvestimos ahĂ mismo, al estar desnudos, lo volvĂ, aparte la silla de la cabecera y presionĂ© su torso en la mesa, separe con uno de mis pies sus piernas al tenerlas abiertas a mi antojo me agache hasta estar detrás de su oĂdo.
—¿Estás seguro de que mañana podrás ir a la universidad?—pregunté.
—No lo sé, quiero averiguarlo— respondió moviendo su rostro para que viera su sonrisa desafiante y lujuriosa.
Mi erecciĂłn chocĂł con sus nalgas.
—Oh claro que lo harás, de aquĂ no te mueves antes de obtener un castigo por ser tan travieso— respondĂ alejándome de su oĂdo.
Después de prepararlo usando como lubricante su saliva busque un condón en algún cajón que recordaba haber puesto insumos sexuales para emergencias de cocina, lo coloqué en mi erección, volvà hasta estar detrás de él, abrà sus nalgas y posicione mi erección en su entrada, me hundà en una estocada.
—Ahh!— gritó.
Me asustĂ© al instante me di cuenta, habĂa sido muy duro, me agachĂ© hasta volver a estar mi pecho pegado a su espalda.
—Lo siento, ¿Quieres continuar? ¿Estas bien? — dije desesperado.
—Lo estoy, solo continúa— hablo con voz temblorosa.
—Lo digo en serio, ÂżEstas bien? ÂżQuieres realmente continuar? Lamento haber sido muy brusco, habĂa olvidado que hace poco acabas de terminar una relaciĂłn donde habĂa violencia— dije besando su hombro, no querĂa hacerle daño, nunca querrĂa, tampoco lo forzarĂa, si decidĂa detenerse lo aceptarĂa.
—Si, realmente estoy bien, solo me tomaste por sorpresa y obviamente doliĂł, pero quiero que continĂşes— aclarĂł volteando su cabeza para que viera su rostro, en el habĂa una lágrima bajando cerca de su boca, llevĂ© una de mis manos que tenĂa en su cintura hasta su rostro donde limpiĂ© la lágrima.
—Solo quiero que sepas que estás seguro y que nunca te harĂa daño, si decides que es mucho para ti o cruzĂł tus lĂmites me hablaras, pararĂ© por más caliente que estĂ©, solo quiero darte placer no dolor— aclarĂ© para luego besar su frente— nunca harĂa algo parecido a lo que te hizo ese imbĂ©cil ÂżsĂ? — Sander asintiĂł.
—Se que no lo harĂas, no eres igual a Ă©l— dijo sonriendo—continĂşa, si haces algo que no quebrante mis lĂmites te lo dirĂ©.
—Bien— susurré más tranquilo, besé otra vez su hombro para luego alejarme, coloque mis manos más firmes en sus caderas y me retire para luego adentrarme asà fui de apoco embistiendo con más velocidad y profundidad, para que se acostumbrará y relajara.
Pronto ya estábamos follándolo con toda la intensidad posible, nuestros gemidos sonaban en toda el área.
Debes en cuando giraba su rostro para verme a los ojos, lo cual correspondĂa, seguĂ dándole todo lo que más pude, me salĂ de su interior, lo volteĂ©, para luego tomar sus caderas y subirlo entero en la mesa, me subĂ para estar sobre su cuerpo y coloquĂ© una de sus piernas en mi hombro para tener más acceso, me adentre en una estocada siendo recibido nuevamente por su cálida cavidad, la mesa se movĂa con nosotros, sospechaba que tendrĂa que comparar una nueva, sus brazos abrazaban mis espalda buscando algo en que aferrarse, cada embestida que daba era más profunda, me salĂa y entraba tan profundo como podĂa, sus uñas arañaba mi espalda, haciendo que heridas se abrieran levemente, la pierna que no habĂa puesto en mi hombro fue aferrada a mi cadera, sus jadeos se mezclaban con los mĂos, peguĂ© mi frente a su hombro, el hizo lo mismo, sus gemidos terminaban en mis oĂdos, sus uñas cada vez arañaban más, su espalda se arqueĂł, tocando su pecho con el mĂo, sus ojos se cerraron y su cuerpo empezĂł a convulsionar al mismo tiempo que tiras blancas marchaban mi pecho y el suyo, que hablar de lo bien que me estaba apretando, reconocĂ que estaba teniendo su orgasmos, la pierna que estaba en mi cintura se aferraba al igual que sus uñas que estaban clavadas.
SeguĂ embistiendo, disfrutando la sensaciĂłn de sentir su orgasmo traspasar el mĂo, hasta el punto de hacerme tener mi propio orgasmo, seguĂ embistiendo hasta ya no tener fuerzas, al terminar bajĂ© la pierna que estaba en mi hombro, pero no me alejĂ© de su cuerpo, me quedĂ© un rato tratando de recuperar la razĂłn.
—¿Estas bien? — pregunté.
—Más que bien, deberĂamos continuar en tu habitaciĂłn— sugiriĂł.
—Por supuesto.