—¿Todo bien Amaya?
—Nada está bien Lara.
Amaya se dejó caer en su silla giratoria resollando con molestia, jugando con un abrecartas sobre el escritorio mientras seguía contemplando la puerta de la oficina como si esperara a que entrara su papá de nueva cuenta para seguir imponiendo sus deseos.
—Eso puedo ver, tu semblante no es muy bueno que digamos.
—Me molesta que mi padre quiera controlar mi vida Lara y quiera casarme con alguien que no me agrada.
—¿Casarte? ¡Tu papá quiere casarte! Amaya no estamos en el siglo dieciocho no puede obligarte a nada, tú eres libre de vivir tu vida a tu antojo.
—Eso creo, pero el no lo piensa así.
La voz de Amaya sonaba un poco triste al pronunciar esas palabras, Lara no sabía nada sobre su vida familiar y mucho menos su linaje, era una total desconocida de los verdaderos problemas que rodeaban a su jefa y amiga.
—Lara entrega ésto a Mell ya está terminada la campaña del consorcio Brown.
—¡Ok! Pero recuerda que tu papá no debe presionarte y mucho menos obligarte a nada, tu eres libre para decidir con quién casarte.
Amaya asentía con un poco de resignación en su bello rostro, esforzándose por mostrar una sonrisa que disimulara su sentir, no quería involucrar a nadie en sus infortunios.
—¡Oh! Antes de irme quiero decirte que, vendrá el señor Brown en persona a verificar la campaña publicitaria, tienes que estar aquí.
—¿Cuando viene?
—Hoy por la tarde, la cita es a las cinco de la tarde. Amaya no debes faltar el señor Garret pidió que estuvieras presente.
—Estaré descuida no tengo nada pendiente, pero si no estuviera tú estás capacitada para dar la presentación.
—¡Eso no sucederá! Mis nervios me traicionan y lo sabes.
Amaya se quedó sola en su oficina encendió su computadora para comenzar a trabajar, en cada movimiento que realizaba recordaba las palabras de su padre y no podía dejar de pensar en ellas.
Era medio día y seguía trabajando sin descansar, no quería pensar en nada por él momento.
—Amaya.
—Señor Garret.
—Te ves algo cansada ¿estás bien?
—Si señor.
—Hoy viene el CEO del bufete Brown, el señor Kilian Brown en persona y eres tú quien debes presentar su publicidad.
—Entendido señor Garret.
—Toma un descanso y sal a comer antes de la reunión te ves pálida y cansada.
Amaya asintió y sonrió, entrecerró los ojos y puso su mano en su estómago sintió una sensación extraña al escuchar el nombre de Kilian Brown, como si varias mariposas revoloteaban a la par, asoció eso con su hambre era la una de la tarde y no había comido nada en todo el día.
*—Terminemos ésto y salgamos a comer algo, papá tuvo la culpa de que mi mente esté en todas partes menos haciendo lo que debería.
Mientras seguía trabajando su teléfono sonó había recibido un par de mensajes, un número desconocido se había puesto en contacto con ella eso era muy raro nunca le daba su número telefónico a nadie que no conociera.
El primer mensaje era corto pero la hizo ponerse de mal humor al instante que lo leyó.
*¡Hola Amaya! Soy Pablo, tu padre me dió tu número espero no te moleste.
*Ya está todo olvidado, tu padre me explico que fue una confusión y estás lista para acercarnos, estoy muy emocionado por volverte a ver antes de la ceremonia ¿podemos ir a comer? Quisiera encontrarme contigo a solas y poder charlar, eres hermosa.
*—¿Pero quien se cree éste tipo? mi papá se pasó de la raya en esta ocasión, no puedo creer lo que hace.
Amaya estaba furiosa apretaba su teléfono con fuerza hasta que lo estrelló, algunos pequeños cristales de la pantalla se clavaron en sus dedos haciendo caer algunas gotas de sangre al piso.
Mientras caían ella las observaba pasmada sin titubear ni un poco, reaccionó hasta que entró Lara a la oficina.
Al ver la escena corrió a su lado y le quitó el teléfono de la mano mientras trataba de limpiar sus heridas con algunos pañuelos desechables.
—¿Que sucedió? Amaya ¿te encuentras bien? Tienes los dedos lastimados te llevaré al hospital.
—Estoy bien Lara, no te preocupes.
Reaccionó y extendió su mano observando las pequeñas heridas que sangraban, comenzó a sentir un ligero dolor y sonrió con ironía.
—Vamos al hospital de inmediato. Llamaré al señor Garret para contarle lo que sucedió.
—Tú quédate aquí, alguien tiene que atender al señor Brown yo iré al hospital.
— No puedes irte sola, le pediré a alguien que te lleve. Sólo espero que mis nervios no me traicionen y pueda dar la presentación.
—Tu puedes hacerlo Lara, eres una mujer muy capaz.
Salieron de la oficina, Lara dió indicaciones a la secretaria para que acompañara a Amaya al hospital, las heridas no eran de gravedad pero debían ser tratadas.
Durante todo el camino Amaya seguía pensando en los mensajes recibidos, no quería tener nada que ver con Pablo así que pensó que lo mejor sería cambiar su número telefónico.
*—¿Que haré para deshacerme de ti? Cómo alejo a éste hombre de mí, que tan patética debe ser su vida para aceptar casarse con alguien que besó a otra persona e
frente a él.
Lo que Pablo buscaba era pertenecer a la manada de nuevo ya que al no tener un lobo como Amaya lo excluían de todo, pero eso dejaría de ser un problema al casarse con la hija del alfa, volvería a la manada y con un estatus social más elevado.
Eso vino a la mente de Amaya después de dar varias vueltas a la boda forzada.
*—¡Por supuesto! Eso es lo que quieres, tener un puesto en la manada y que mejor que casándose conmigo. Pero están muy equivocados eso no sucederá, tengo que pensar en algo aún tengo tiempo.
Llegaron al hospital y la hicieron esperar un poco, el médico llegó veía el reporte y al entrar en el cubículo levantó la vista viendo a una hermosa mujer con un vestido azul entallado, su cabello oscuro colgaba en su rostro hasta que levantó la mirada y colocó un mechón de cabello detras de su oreja.
—¿Amaya cierto?
Titubeó un poco tras llamarla por su nombre.
—¡Si doctor!
—¿Que fue lo que sucedió?
— Se quebró mi teléfono y algunos cristales me hirieron.
—Dame tu mano yo me encargo de todo.
Tomó la mano de la chica con delicadeza mientras retiraba algunos cristales que se encontraban aún en los dedos de Amaya, usó una solución antiséptica y le puso un vendaje.
—Listo señorita, puede irse y debe tener más cuidado.
Amaya agradeció y salió del cubículo, a pesar de despedirse el médico estaba renuente a no saber más de ella era una mujer hermosa y con un aura muy encantadora, así que corrió detrás de la chica algunos segundos después.
—¡Espera!
—¿Sucede algo doctor?
—La chica de vestido azul, salió apenas un momento ¿a dónde fue?
—Lo siento doctor no ví nada, pero si gusta puedo pedirle a seguridad que la busquen.
—No gracias, quizá no está en mi destino.
La enfermera arqueó una ceja mostrando extrañeza por las palabras del médico.