Durante el primer día de Zenda en la isla su enojo no le permitía sentir miedo, a pesar de los truenos en el cielo por una tormenta que se acercaba caminó por algunas horas buscando alguna salida sin éxito alguno. Escuchó algunas voces que se dirigían a ella y se escondió entre algunas enormes plantas. —¿Estás segura que escuchaste algo? —Si, escuché el ruido de botes, pero cuando fui a ver ya se estaban marchando. — Debieron traer a alguien, sigamos buscando la carne fresca siempre es mejor. Zenda observaba tratando de mantener en calma la respiración y fue ahí cuando comenzó a sentir un poco de miedo, esas dos mujeres desalineadas, con ropa gastada y el cabello alborotado no se veían muy amigables. —No debe estar lejos. —Busquemos rápido está por caer la tormenta. *—¿Quie

