Zenda tembló de miedo, no quería ser ultrajada por ese hombre, aún en el piso y con dificultad se recorría lo más que podía moviendo su cabeza de lado a lado. —No por favor, no me lastimes. —¿Lastimarte? Nada de eso querida, te haré ver el cielo. —¡No, por favor no lo hagas! —Por aquí no llegan mujeres como tú y es por eso que no pienso dejar pasar la oportunidad. —¡No, no quiero! —¡Silencio! Se hará lo que yo quiera. Los gritos de Zenda se escucharon por todas partes, Rubius la ultrajaba sin piedad alguna. Al terminar con ella le arrojó su ropa al rostro sin tener alguna consideración con ella. —Tu piel es suave y tersa como lo había imaginado, pero no eres la mejor mujer que he tenido. —¿Porqué me hiciste esto? Yo me guardaba sólo para Kilian. —¿Guardarte? Eso conmig

