En el departamento de Kilian, Amaya, se sujetó el cabello y comenzó a revisar las cajas que aún quedaban por desempacar. Un apuesto hombre con la camisa desabotonaba y las mangas arremangadas por encima de los codos la observaba cruzado de brazos apoyado en la puerta. —¿Necesita ayuda señora Brown? —¿Tiene tiempo señor Brown? ¿O será que está ocupado? —¡Para ti amor mío, jamás estoy ni estaré ocupado! Te ayudaré. Abrazándola por la cintura la levantó en sus fuertes brazos, dió un tierno beso en sus labios rojos color cereza. —Así terminaremos más rápido. —¡Ok! Acepto esa oferta, no puedo ignorar y desaprovechar la oportunidad que el gran, Kilian Brown, me ayude. Algunas cosas Amaya ya no las necesitaba o simplemente no las quería, las dejó en una caja para poder botarlas. Una

