— ¿Qué está ocurriendo? - la mujer se impacientó - ¿Qué vas a hacer tú? Estamos en peligro - Murmuró Julieta con ansiedad.
— No te asustes - el dedo índice en sus labios fue lo único que sintió antes de escuchar que la puerta se abría y el hombre salía al exterior, cuando Maximus salió toda la calidez abandono el vehículo. Julieta observó la figura de Maximus a través de las cámaras de la camioneta, el hombre caminaba con estilo, elegancia, se detuvo por delante de los vehículos, en cada una de ellas estaban dos hombres apuntando directamente con dirección al hombre.
— ¿Qué se supone que están haciendo en mi territorio? - Maximus habló con una sonrisa - ¿Saben a quién están tentando en la Propia Italia.
— Tienes algo que nos interesa o mejor dicho tienes algo que nos pertenece - Expresó el hombre que parecía ocupar el título de jefe entre los hombres de la camioneta, que no dudo en encarar a Maximus.
— ¿Algo que les pertenece? - Maximus volvió a sonreír - Y pueden decirme que es lo que les pertenece según ustedes.
— Tienes el arma que fue ideado por nuestro Jefe, nuestra venida hasta aquí tiene todo que ver con el robo de nuestra mercancía y el Chip rastreador que tiene en sus adentros nos indica que está en el interior del vehículo, y son nuestras armas.
— No he fabricado armas, pero si las he adquirido de China, en este caso es allí en donde están sus opositores, de todos modos si te refieres a esta arma, deberás de demostrar que el Grupo A.C efectivamente la diseñó, porque esta marca es única en el mundo, pero si te refieres al arma que está en el interior del vehículo deberás de conseguirlo, pero recuerda esto, cruzas mi perímetro y te convierten en cenizaz, no jueguen con Fuego, no me desafíen si no conocen mi crueldad, dile a tu jefe que respete Italia y que Respete a Maximus Ferran, de lo contrario su grupo de Criminales se convertirá en nada porque no dejaré que vuelvan a ver la Luz del día— el hombre al escuchar las palabras de Maximus retrocedió al mismo tiempo que la puerta del vehículo en dónde estaba Julieta se abrió nuevamente, la pequeña mujer definitivamente estaba muy asustada al abrirse la puerta.
— Ve por el arma, te doy la oportunidad, cruzas mi perímetro con vida, pero te aseguro que vuelves a cruzar, pero sin vida, recuerden que Maximus Ferran no saca su arma si no es para usarla - y en ese momento un disparo directo a la cabeza del hombre que se había posicionado por delante de él hizo que los miembros de la pandilla retrocedan, y las camionetas entren en reversa, pero fue imposible de avanzar porque otra comitiva de vehículos les impidió el paso mientras un helicóptero sobrevolaba y descendió.
Maximus tronó los dedos 3 veces y el chófer saco a la mujer del vehículo y la subió en el helicóptero - Envíenlos todos muertos, un pequeño recuerdo de bienvenida de parte de Maximus Ferran para el Grupo A.C.
Julieta quedó aturdida en estos días la mujer ha observado más muertes de lo que lleva toda su vida - Cambia tu rostro de hígado de cerdo, te ves muy patética - Maximus estaba molesto, muy molesto, y la mujer más que asustada se sintió agraviada ante el hombre por la tonada que empleo en ella.
— No es como que todos los días estoy en medio de un ataque entre pandilleros, además usted me ha obligado a venir con usted, es lógico que este asustada.
— Si tanto quieres irte, pues hazlo - Maximus se había puesto de pie y abrió la puerta, aquello ocasiono una pequeña desestabilización y el rostro de Julieta volvió más pálido— Ven, Salta y aléjate de mí - por la fuerza del viento la voz de Maximus fue poco audible, pero en su mirada había determinación - ¿Qué estás esperando? - Él pilotó se asustó Maximus Ferran era un hombre que cumple sus palabras y conociendo a su Jefe sabe qué es capaz de tirar a la chica del helicóptero.
Los ojos de Julieta se llenaron de lágrimas mientras negaba con la cabeza para tranquilidad del piloto y Julieta, el hombre volvió a cerrar la puerta, la fuerza de Maximus era bastante, la puerta del helicóptero la abre y la cierra como si se tratará de la puerta del refrigerador.
— No vuelvas a enfurecerme en el futuro, porque soy capaz de tirarte desde dónde estés - la amenaza del hombre hizo que el cuerpo de Julieta tiemble mientras él agarré en su barbilla se intensificó.
Una hora después el Helicóptero descendió en una Pista Privada y otro grupo de Guardaespaldas esperaban por ellos, la mujer siguió a Maximus obedientemente hasta que otra camioneta llegó y ambos se montaron en ella, ni la mujer quiso volver a realizar ninguna pregunta ni el hombre estaba de humor para escuchar preguntas estúpidas, pero la Curiosidad de Julieta resurgió al observar una casa de 3 pisos de altura y por detrás de ella era visible un edificio de 5 pisos de altura, el lugar estaba fuertemente custodiado, hombres vestidos de n***o fuertemente armados se encontraban cuidando todos los perímetros.
— Bienvenido a la Base de la Mafia Italiana - Maximus lo dijo con una pequeña sonrisa, encantadora y peligrosa.
— Señor sea Bienvenido, su Madre y su tío están aquí - El hombre al escuchar lo expresado por su Hombre frunció el ceño, pero entonces volvió a sonreír, aunque no esperaba que su madre estuviera aquí.
— Tú te vienes conmigo - Julieta fue arrastrada por hombre.
— Suéltame - la mujer quiso luchar, pero su fuerza no estaba ni cerca de igualar a la del hombre, entonces se dejó arrastrar por Maximus.
— Cierra la boca y colabora - después Habían de que Maximus dijera esas palabras, habían entrado en la casa, el interior de la misma estaba decorada en n***o completamente y por donde mires había armas de Fuego, Julieta trago saliva al observar cada arma, pero seguía siendo arrastrada por el hombre esta vez habían llegado hasta las escaleras y llegado a una inmensa habitación que podría ser más grande que el departamento de Julieta.
— ¿Qué vas a hacerme? - la mujer se había puesto nerviosa ante la mirada intensa que Maximus le estaba dedicando.
— Lo sabrás en un momento quítate la ropa - Ordenó el hombre.
— Estás loco, no pienso quitarme la ropa.
— Hazlo - Maximus saco su pistola y Julieta retrocedió - Quítate la ropa - su voz contenía calma, su mirada fuego y la mujer lo obedeció, y para tranquilidad de ella el hombre abrió otra pequeña habitación y se introdujo en ella, mientras Julieta se desvestía, unos minutos después Maximus volvió a salir y traía consigo una campera de Cuero n***o, una polera gris cuello alto, unos guantes negros, pantalones Negros y unas botas Militares - Desde ahora en más solamente te vestirás de esta manera, al ser la mujer prohibida de un Mafioso, por el momento.
Los ojos verdes de Julieta lo miraban con incertidumbre— Mi mujer Prohibida viste así, cuando te divorcies podrás utilizar vestidos delante de mí, pero antes que nada siéntate en la cama y abre tus piernas.
— ¿Estás loco? - Juieta quería golpearlo hasta matarlo.
— Obedece, siéntate en la cama y abre las piernas.
— No lo voy a hacer - Julieta se volvió terca, pero subestimó la fuerza del hombre, aunque ya lo conoce, Maximus la empujó en la cama, Julieta había gritado, pero él le tapó la boca.
— Cállate - Susurró en su oído, sus manos estaban tibias, ella estaba desnuda y con los ojos lagrimosos, cuerpo tembloroso, pero entonces lo que sintió fue el desgarre de su prenda íntima y lo que había logrado asustarla fue el cañón De la pistola en acariciando su feminidad, Julieta del susto ya no tenía fuerzas para protestar.
No obstante, la mujer grito al sentir un movimiento despiadado provocado por el dedo del hombre al introducirlo con fiereza en su parte íntima, posterior a unos movimientos más Maximus sacó su dedo dejando ver una sonrisa pícara, al observar las mejillas sonrojadas de Julieta, una mezcla de dolor y placer que al hombre le pareció encantador, ella tenía todo lo que a Maximus podía volver loco.
— Eres una niña buena y virgen - Maximus se lamió los dedos que había introducido en ella.
— Maldito, pícaro, sinvergüenza, desvergonzado - Julieta grito enojada, pero no podía negar que el tacto de Maximus había despertado algo en su interior.
— Por algo te has quedado quieta luego de que te acostumbraste a mis dedos - Maximus se burló volviendo a colocarse los guantes acariciando suavemente el cañón de la pistola con la que también la acarició — eres exquisita pequeña Julieta.