Tras unos kilómetros más llegaron a la plaza central donde había más de lo mismo, ruinas de lo que alguna vez fue, Lectro ignoró esto y caminó hacia el centro del lugar, allí estaba lo que quedaba de una escultura de un hombre―Es aquí―dijo pasando su mano por la destrozada estatua―Oye, Kenny…―dijo y de pronto vio detrás del chico a un grupo de hombres con armadura lo cual lo alertó, tomó rápidamente a Ken y lo acercó a él. Ken se vio sorprendido, pero luego pudo ver a los hombres que se acercaban, inmediatamente Lectro sintió como el joven comenzó a temblar―Tranquilo―dijo en voz baja mientras los hombres seguían acercándose. Los hombres finalmente los alcanzaron y se pararon a unos metros frente a ellos.
―Oigan ¿Quiénes rayos son? ―preguntó el hombre que estaba más al frente, Lectro asumió que él era el líder. Visualizo a todos rápidamente y vio que todos iban bien cubiertos con armadura y además llevaban espada.
― (Esos uniformes…son guerreros de Dulaan) ―dijo tras ver la distinguida vestimenta roja que llevaban estos hombres―Solo somos viajeros, señor―mintió con total respeto.
― ¿Ah sí? ―dijo el hombre observándolos a ambos, pero no pudo ver mucho ya que iban cubiertos con sus túnicas, de pronto fijo su atención en el tembloroso y pálido chico―Ese niño ¿Es tu hijo? ―preguntó el hombre y Lectro asintió―Ya veo, ¿Puedo verlo de cerca? ―preguntó el hombre dudando de Lectro.
―Lo siento, como puedes ver es algo tímido―dijo Lectro evitando que se acercaran a Ken.
―Ya. Escucha, estamos en busca de un niño rubio, y no hay muchos niños rubios en Gneithe. Así que si nos dejas verlo de cerca te estaría agradecido―insistió el hombre.
―Lo siento, ya les dije que no―negó rotundamente.
―Bueno…―dijo soltando un suspiro―Intente ser amable―dijo e hizo una señal con la cabeza, entonces dos hombres avanzaron hasta Lectro y Ken.
― (¡Maldición! ¿Qué hago?) ―dijo mirando al tembloroso Ken― (Debo protegerlo…debo usar eso, luego se lo explicare…) ―decía entre si― (¡Aquí voy!) ―dijo extendiendo su mano abierta hacia los hombres que se acercaban, lo que provocó que los hombres le miraran con confusión― ¿Qué…? ―se confundió a sí mismo― ¡Aléjense! ―gritó sorprendiendo a los hombres dejándolos quietos en su lugar― (¡Maldición! ¿Qué sucede?) ―dijo entre sí, aún con la mano extendida.
― ¿Qué hacen? ¡Vayan por el! ―ordenó el líder de los hombres. Los dos hombres volvieron a retomar el paso y Lectro rápidamente empujo lejos a Ken al mismo tiempo que se quitaba su túnica, de inmediato sacó su espada y de un solo movimiento derribo a ambos guerreros― ¿¡Que!?―quedó impactado por lo que pasó― ¡Vayan por el! ―ordenó y los hombres se lanzaron al ataque.
Dos hombres tomaron la delantera y se pararon a unos pocos metros frente al hombre, preparados para a****r en cualquier momento. Lectro se mantuvo en espera a que hicieran algún movimiento mientras más hombres llegaba a pararse detrás de los primeros, en total, eran quince hombres sin cortar al líder de los mismos― ¿Qué pasa? Vengan―desafío a los hombres. Uno de ellos se lanzó a él y en un rápido movimiento Lectro atravesó su pecho con la espada, luego lo tiró al suelo en el momento es que un segundo lanzó una estocada, Lectro esquivó y luego tomó el brazo derecho del hombre, con el mismo que atacó, con su mano izquierda y la junto a su cuerpo haciendo una clase de atadura impidiendo que su rival se moviera, rápidamente clavó su espada en su abdomen y también lo tiró al suelo, los demás permanecían observando la situación. Ken detrás de él observaba la situación mientras sus ojos se empeñaban rápidamente.
― (¡No puede ser! ...Va a suceder otra ver…no puede ser…) ―decía entre si completamente asustado.
― ¡Oye! ―gritó Lectro y Ken le miró con atención. Antes de decir algo, Lectro tomó uno de sus cuchillos y lo lanzó clavándolo en el cráneo de uno de los hombres tumbándolo al suelo― ¿¡Qué haces allí tirado!?―le reclamó al chico.
―Yo…―decía tembloroso― ¿Qué debo hacer? ―preguntaba lloroso.
― ¿Qué dices? ―dijo y luego derribó a un guerrero que se había lanzado hacia el―Es obvio lo que tienes que hacer―dijo Lectro atento a cualquier ataque.
―Yo…―dijo y de pronto comenzó a recordar la vez que fue atacado cuando estaba con el guerrero de Uulen― ¡Lo sé! ...pero… ¡No quiero! ¡No quiero huir! ―gritaba con lágrimas de angustia mientras permanecía sentado de rodillas. De pronto escuchó una sonrisa proveniente de su maestro y subió la mirada hacia él.
― ¿En serio? ―dijo mirándolo de reojo― ¿Eso es en lo primero que piensas? ¿Es así como piensas salvar Gneithe? ¿Huyendo? ―dijo y el chico se quedó anonadado deteniendo su llanto. De pronto dos hombres más se lanzaron hacia Lectro y este les derribo, aunque demostrando signos de agotamiento―Haz lo que veas más conveniente, pero, todo este tiempo no te entrené para huir ante la adversidad―dijo colocándose en guardia, mirando con ira a su enemigo, pero con su cuerpo demostrando cansancio. Tras escuchar sus palabras Ken volvió a comenzar a llorar.
― ¡Maldición!!―gritó el joven golpeando el suelo.
― ¿Qué hacen? ¡Acaben con ese hombre! ―ordenó y los nueve restantes se lanzaron hacia él, formaron un circulo y comenzaron a acercarse a él poco a poco, en el proceso Lectro derribo a otros tres antes de que uno lo tomara por la espalda, entonces lo derribo golpeándolo con su codo en la cabeza, justo después uno de ellos lo atacó de frente causando una grave herida en su abdomen.
― ¡Demonios! ―se quejó y retrocedió un poco, pero inmediatamente alguien lo atacó y Lectro intentó bloquear con su espada, pero tras el impacto terminó por dejarla caer, inmediatamente dio una patada al hombre que lo atacó lanzándolo hacia atas―Vaya, vaya―dijo y se desabrochó el cinturón arrojándolo al suelo, luego se colocó en guardia de combate con ambos puños arriba, mientras los seis hombres restantes le miraban con desconcierto― ¿Qué pasa? Aún sigo de pie, vengan―los desafió. Tras mirarlo por un momento finalmente uno corrió hacia él arrojando su espada en el camino y se lanzó hacia él a puño cerrado. Lectro esquivó el golpe y con un rápido movimiento lo tomó del cuello― ¿Qué eres? ¿Un caballero? ―dijo al ver que se lanzó a él sin su arma. Entonces lo golpeo dejándolo tirado en el suelo― ¡Vengan! ¡No dejare que toquen a mi muchacho! ―decía sumamente agotado, en ese momento uno de los hombres llego por su derecha y lo golpeó con el tomo de su espada justo en la cabeza, dejándolo tirado en el suelo― ¡Demonios…! ―se quejaba del dolor.
―Estas acabado―dijo uno de ellos apuntándolo con su espada.
―Así parece―dijo sonriendo. De pronto el hombre frente a él miró al frente e inconscientemente dio un paso atrás, Lectro miró atrás y vio a Ken de pie sosteniendo una reluciente espada disipando rayos a su alrededor, mientras que su túnica caía lentamente al suelo, inmediatamente el hombre sonrió.
― ¡Aléjate de él! ―gritó el chico y apuntó su espada hacia el hombre, un rayo salió disparado de la misma y terminó destrozando el peto del hombre dejándolo tirado a lo lejos. En ese momento los cuatro hombres restantes comenzaron a decir “¿Qué?” “Imposible” sorprendidos por lo que acaban de ver.
― ¿¡Que pasa!? ¡Vayan por él! ―ordenó el líder y los hombres dudosos corrieron hacia él.
Ken apuntó su espada hacia atrás y esta comenzó a rodearse completamente de rayos, aparentando que estiraba su hoja de alguna forma― ¡Lightning…―dijo y realizó una rápida embestida a través de los hombres dejándolos a todos heridos y tirados en el suelo―…Cutter! ―terminó de recitar y luego se acercó al líder de los hombres que estaba unos metros cerca de él, el chico le miraba con odio en su rostro.
― ¿Qué haces? ¡Aléjate, demonio! ―decía aterrado mientras retrocedía, entonces se detuvo y sacó su espada, al mismo tiempo que Ken levantó su espada contra él, justo en ese momento Lectro apareció y corto la garganta del hombre, luego el hombre cayó al suelo.
―Hablas mucho…―dijo Lectro y dejó caer la espada y tomó el brazo que Ken levantaba―Suficiente Kenny―dijo intentando calmar al furioso chico, el joven bajó el brazo poco a poco y su mirada apagó su fuego. Justo entonces Lectro cayó al suelo agotado, Ken se arrodilló frente a él.
― ¡Maestro! ¿Está bien? ―preguntó el joven preocupado.
―No te preocupes―dijo con una sonrisa―Lo siento, por hacerte ensuciar tus manos―se disculpó Lectro y Ken negó con la cabeza.
― ¿Qué dices? No fue tu culpa―dijo el joven sujetando la mano de Lectro.
―Claro…―dijo y soltó un tosido quejándose. De pronto una gran cantidad de sangre comenzó a salir de su herida―Demonios…me esforcé de más…―dijo riendo.
―Maestro…estará bien…―decía optimista.
―Lo siento Kenny, hasta aquí llegué―dijo siendo honesto con el chico.
― ¡No! ¡Claro que no! ―se negaba el chico gritando de angustia.
― ¡No grites! ―dijo y el chico se disculpó―Demonios… ¿Qué pasa contigo? ―dijo y el chico se disculpó nuevamente, entonces Lectro comenzó a reír―Estuviste bien muchacho, tal vez no fue por mucho tiempo, pero me alegro de haber sido tu maestro. No pude pedir un mejor alumno―dijo y el joven comenzó a derramar lágrimas― ¡No llores! Me das asco―dijo y el chico se disculpó secando sus lágrimas―Dime algo ¿Me vi genial mientras te protegía? ―preguntó.
―No…gritabas mucho…―dijo con una voz suave y Lectro sonrió.
―Vaya, vaya…que decepción―dijo decepcionado de sí mismo―Hace poco me dijiste que para ser alguien tan bueno no sonrió mucho, pero sabes que, ¿Acaso importa cómo te ves, mientras ayudas a los demás? ―preguntó.
―Creo que no―le dio la razón a Lectro.
― ¿Lo ves? ―dijo y tosió nuevamente, pero esta vez salió sangre de su boca. Entonces recostó su cabeza en el suelo―Ya me está fallando la vista―dijo suavemente―Espero que no estés llorando…―recordó al chico―Escúchame Kenny, te están buscando, los hombres de Dulaan―dijo y Ken asintió―No emprendas tu viaje aún, ocúltate un tiempo, el tiempo suficiente para que te den por muerto―recomendó al chico―Erdes es un buen lugar, hay gente de todos lados allí, pasaras desapercibido―dijo y el chico asintió―Sé que puedes lograrlo, después de todo, fui yo quien te entrenó―dijo sonriendo―Ahora vete, no quiero que me veas así, y no quiero verte llorar ¡Ve!―dijo y el chico tras soltar una sonrisa se colocó de pie―Suerte…―dijo una última palabra antes de que Ken se alejara de el―Que triste…pero, al menos te volveré a ver―dijo sonriendo y luego sus ojos terminaron por cerrarse. A lo lejos Ken corría mientras derramaba lagrimas a su paso.
―Esta es la última vez ¡Lo prometo! ―decía mientras lloraba fuertemente― ¡Nadie más morirá por mí! ―se juró a sí mismo y siguió corriendo con fuerza.
En la actualidad en el reino de Ariun los protectores tenían una conversación con Lectro.
―Luego de eso vi un rayo de luz caer sobre mí―contaba Lectro―Creí que eran alucinaciones, pero entonces desperté aquí―terminó de hablar.
―Ya veo… ¿Ustedes lo salvaron? ―preguntó Sasha a Gabriel.
―No precisamente―negó Gabriel.
―Ellos me trajeron aquí, pero resulta que la “bendición del cristal” me impide morir―reveló Lectro y todos se sorprendieron―Y cómo pueden ver, tampoco envejezco―añadió.
―Ya veo, el guardián del cristal de rayo, Lectro―añadió Larry.
―Pues que bien por ti―comentó Samos haciendo mención de la incapacidad de envejecer de Lectro.
―Eso dices tú…―dijo a ojos cerrados―Por cierto, Kenny ¿Qué pasa contigo? Te ocultaste mucho tiempo ¿No crees? ―se quejó Lectro.
―Lo siento…pero―dijo mirando a todos sus compañeros―Tal vez fue el tiempo correcto―dijo sonriendo un poco y todos le miraron confusos.
―Como sea, basta de charla que el tiempo apremia―dijo y se dio la vuelta―Vamos Kenny, retomemos tu entrenamiento―dijo y Ken le siguió tras despedirse de los demás.
―Mírenlo…hace tiempo que no lo veo tan feliz―dijo Sasha sonriente viendo partir a Ken.
―Si…vaya chico, esto es un gran alivio para el―dijo Samos y todos asintieron―Bueno, ustedes tampoco tienen tiempo que perder―dijo refiriéndose a Larry y Foresta.
―Sí, pero, ¿Quién será nuestro tutor? ―preguntó Larry y de pronto Gabriel hizo una reverencia frente a él.
―Lo siento, olvide decirle que yo me encargare de usted―dijo y todos se sorprendieron―De su mayor esfuerzo por favor―dijo y Larry asintió.
― ¿Y qué hay de Foresta? ―preguntó Sasha.
―Pues…―decía cuando de pronto se escuchó una entusiasta y conocida voz.
― ¡Buenos días, chicos! ―Saludaba David llegando al lugar donde estaban reunidos―Espero que estés lista, será un honor trabajar contigo, Foresta―dijo inclinando la parte superior del cuerpo frente a ella, dejando a todos sorprendidos de que el fuera el maestro de la mujer.
―Me niego―dijo dándole la espalda a David dejando a todos perplejos.