Tal como lo dijo, al día siguiente comenzó a entrenar al pequeño, le encomendó toda clase de ejercicios para fortalecer su cuerpo. Corría por horas para aumentar su resistencia y luego practicaban combate con la espada. Esa fue su rutina durante mucho tiempo, con el tiempo comenzó a enseñarle a usar los poderes de la espada. Finalmente, tras un año Ken estaba aún más capacitado con el uso de la espada. Una noche, tras terminar el día de entrenamiento ambos se sentaron a comer frente a la fogata.
― ¡Delicioso! ―exclamó el hombre tras dar un bocado y el chico asintió―Eres bueno cocinando chico, me alegro de haberte encontrado―dijo alagando a Ken.
―No es la gran cosa, tal vez es solo que tú eres mal cocinero―dijo en tono burlón.
―Sí, sí, no te la quieras dar de chistoso conmigo―dijo Lectro mientras seguía comiendo―Ya en serio, has hecho un gran progreso en solo un año, sigue así y pronto estarás listo para partir―dijo y el chico asintió sonriente.
Siguieron comiendo hasta que en un momento Ken se puso algo pensativo mientras observaba a Lectro―Oye, maestro―se dirigió a él.
― ¿Qué pasa? ―preguntó con la boca llena de carne.
―Siempre me lo he preguntado ¿Dónde fue que sufriste tu herida? Me dijiste que no ha sanado, pero siempre te veo en buenas condiciones―preguntó el chico.
―Oh, eso, justo aquí―dijo colocando su mano sobre su pecho y Ken le miró confuso―Hace trece años, mi hija murió dando a luz―reveló el hombre y los ojos de Ken se humedecieron―Ella era todo lo que tenía, sin nada por que luchar me retiré de mi puesto y comencé a vagar por Gneithe, tras un tiempo volví y vivo aquí desde entonces―contó Lectro conmoviendo al chico― ¿Qué pasa? No vayas a llorar―dijo al ver su cara.
― ¡Claro que no! Es solo que, mi madre murió cuando aún era un bebe―reveló Ken―No recuerdo su cara, ni sus gestos, ni sus hábitos, pero, nunca he olvidado su calor, el amor que me dio durante el poco tiempo que me tuvo, eso es algo que permanece conmigo hasta hoy―dijo el chico con la mirada baja.
―Sí, esas heridas nunca sanan―dijo el hombre y el chico asintió―Bueno―dijo colocándose de pie―No nos pongamos melancólicos, vamos, hay que descansar para continuar mañana―dijo extendiendo su mano hacia Ken, él la tomó y Lectro lo ayudó a ponerse de pie. Ambos entraron a la casa y sin decir nada más, se recostaron sobre sus camas, Lectro en la cama y Ken en el suelo sobre unos trapos.
A la mañana siguiente Ken despertó y miró a los alrededores, la puerta estaba abierta de par a par dejando entrar la luz del sol―Ya se levantó―dijo al darse cuenta que Lectro había despertado antes que él. El chico se levantó y recogió los trapos sobre los que dormía, los sacudió y luego los dobló para finalmente guardarlos en uno de los cajones de madera. Salió de la casa y encontró a Lectro frente a la fogata preparando algo de sopa―Buenos días―saludó y Lectro devolvió el saludo― ¿Madrugaste hoy? ―preguntó el chico.
―Así es―afirmó tras darle una probada a la sopa―Debía preparar todo, nos espera un largo viaje―dijo despertando la curiosidad en Ken.
―Lo sabrás cuando partamos―dijo y tomó la vasija con sopa―Por ahora comamos algo. Entraron a la casa y se sirvieron en sus respectivos platos. Tras terminar de comer Lectro se levantó y guardó los platos sucios.
― ¿No los lavaras? ―preguntó Ken.
―Lo haré cuando volvamos, ya es tarde―dijo y tomó sus cosas: Un recipiente con agua atado con una larga cuerda el cual colgó de su hombro; su cinturón con cuchillos y una espada enfundada la cual, de su espalda, luego tomó una túnica cubriendo su cuerpo del cuello para abajo―Vamos―dijo y salió de la casa. Ken asintió y tomó sus cosas: Su espada enfundada colgada en su espalda, un recipiente con agua atado con una cuerda y luego se colocó una túnica de la misma forma que Lectro. Salió de la casa y allí estaba su maestro esperando, entonces tras cerrar la puerta partieron sin más.
Tras unas horas finalmente bajaron a pies de la montaña llegando así a un valle rocoso cerca de la frontera con Erdes―Es hacia allá―dijo apuntando al norte, a lo que Ken se sorprendió de inmediato.
― ¿Allí? Espera…no iremos a…―decía algo desconcertado.
―Si ¿Algún problema? ―preguntó al ver la reacción del chico.
―Es solo que…no puedo…―se negaba.
―Claro que puedes―dijo y Ken le miró―Debes enfrentarlo Kenny, lo que pasó ya está hecho. Vamos―dijo y avanzó.
―Si―asintió y le siguió aún dudando.
Caminaron por unas horas más hasta que el sol se encontró en su punto más alto, unos metros más lejos pasaron por el lugar donde Lectro había encontrado a Ken. De pronto un sentimiento extraño golpeó al chico y algunos recuerdos borrosos comenzaron a llegar a su cabeza― (Ya veo, eso pasó) ―dijo entre si―Este sitio…―dijo en voz alta.
― ¿Qué pasa? ―preguntó Lectro.
―Ahora lo recuerdo, fue aquí ¿Verdad? ―decía Ken―Hace un año, tú me encontraste aquí―dijo y el hombre asintió―Vaya…lo siento, cuando desperté en tu casa creí que me habías secuestrado, pero resulta que tú, salvaste mi vida―añadió el chico.
― ¿Qué pasa contigo? Hace ya un año de eso―dijo Lectro evitando el tema.
―Lo sé, es solo que. Gracias, has hecho tanto por mí y nunca lo había dicho, así que…Muchas Gracias―dijo con una gran sonrisa.
―Hice lo que cualquiera haría, no es gran cosa―dijo volteando la mirada.
― ¡Claro que no! Salvaste mi vida. Además ¿Qué pasa contigo? ―reclamó el joven.
― ¿¡De qué rayos hablas ahora!?―respondió algo irritado.
― ¿Por qué siempre llevas esa actitud? Eres raro, siempre estás enojado y actúas indiferente―criticó al hombre―Pero, aun así, eres un buen tipo, me salvaste y me has ayudado sin pedir nada a cambio, además formaste parte de la guardia de Uulen, estoy seguro de que has ayudado muchas personas antes―dijo y el hombre río un poco.
―No tienes idea―dijo mirando al cielo.
― ¿De verdad? Me alegro―dijo aliviado―¿Ves? Eres un buen tipo, deberías sonreír más―comentó Ken y Lectro no dijo nada, tras unos segundos volvió a hablar.
― ¿Y qué hay de ti? ¿Qué obsesión tienes con la palabra ayuda? ―preguntó y el chico volteó la mirada.
―Bueno…mi padre decía que se debe ayudar a los demás―respondió el chico― ¿Qué tiene eso de malo? ―preguntó.
―Ayudar a los demás no tiene nada de malo, lo importante son las intenciones con las que se haga―dijo dejando intrigado al chico―Hay una historia de un hombre que ayudaba a sus compañeros, les daba alimento, los protegía y les aconsejaba. Finalmente, un día, aquellos a los que ayudo lo nombraron su rey, le confiaron sus tierras y sus riquezas ¿Sabes que hizo el hombre una vez obtuvo poder? Comenzó a tratar mal a sus subordinados, tomó todo para él y apenas les daba los suficiente para sobrevivir. Una vez consiguió lo que quiso dejo la amabilidad a un lado―contó Lectro y Ken se quedó callado unos segundos.
―Bueno, eso solo era un mal hombre en busca de riquezas―comentó el chico.
―Tal vez, y que dices de esto, una vez hubo un chico huérfano, vivía en la calle, fue maltratado, discriminado y apenas sobrevivió hasta que era un adolescente, delgado y paliducho. Un día tuvo la oportunidad de ayudar a muchas personas, incluyendo a aquellos que lo menospreciaron, todo a cambio de nada―contaba Lectro.
― ¿Y qué pasó? ―preguntó intrigado.
―El chico aceptó y pudo ayudar a toda esa gente, de allí en adelante comenzó a esforzarse por darse su lugar en la sociedad, todo eso sin ningún tipo de ayuda de nadie. ¿Sabes lo que opinaban las personas que ayudó? ―preguntó y el chico negó― “Todo lo hizo por aceptación” “Solo quiere atención” “Mira como presume lo que hizo” “Hipócrita” Todo ese tipo de cosas, pero nadie se detuvo a pensar si el joven solo quiso hacer lo correcto y ya―dijo con una mirada perdida.
―Bueno…son solo historias inventadas, las personas realmente no son así ¿Verdad? ―preguntaba algo decaído.
―Tal vez, y que tal esta, un hombre que salió de la nada, en medio de una guerra con años de historia, se reunió con los reyes regentes y puso fin a toda esa m*****e ¿Esa historia la conoces? ―dijo y el chico asintió―Entonces ¿Qué consiguió el hombre con todo esto? ¿Qué era lo que realmente quería lograr? ¿Qué buscaba demostrar? ―preguntó al joven.
― ¿Acaso importa? Lo importante es que el terminó con la guerra―dijo Ken algo enojado.
―Así es, pero, había personas que no lo veían así, personas que incluso al día de hoy piensan que el hombre guardaba segundas intenciones―dijo y vio a Ken algo confundido y desconcertado―Escucha, ayudar a los demás no tiene nada malo, y tu mi pequeño alumno has emprendido un viaje para ayudar a todo el mundo. Lo que quiero que entiendas es que en el mundo hay todo tipo de personas. Que incluso un acto tan puro como ayudar a los demás provoca desconfianza y conflicto, así de podrido está el mundo que deseas salvar―dijo y Ken le miraba con atención―Lo que quiero decirte es que sin importar que las personas opinaran, para mal y para bien, así que tu solo mantente firme en lo que crees, si lo quieres es ayudar a los demás hazlo, pero hazlo porque tú crees que es lo correcto, no por como los demás vean la situación―dijo y Ken asintió firmemente―Tienes grandes deseos, una determinación fuerte y un alma muy pura, pero, tanto tu alma como tu mente y tu corazón están en total desacuerdo―dijo colocando su mano sobre la cabeza del joven y ambos se miraron fijamente―Cuando logres la completa armonía y descubras lo que sientes de verdad, tendrás el poder para conseguir lo que te propones―dijo sonriéndole al chico y este bajó la mirada avergonzado―Tal vez no lo entiendas ahora, pero algún día lo harás―añadió Lectro―Bien, sigamos―dijo y siguió caminando. Ken se quedó unos minutos atrás observando su espalda.
―Sí que eres un buen tipo―dijo en voz baja mientras sonreía. Luego corrió hasta alcanzar a Lectro y siguió caminando a su lado.
Tras caminar unas horas más, finalmente llegaron a la puerta sur de la ciudadela de Uulen, ya al atardecer. Lectro miró con gran desconcierto la despoblada zona―Vaya…aun me cuesta creerlo―dijo algo melancólico.
―Incluso a mi…―añadió Ken― ¿Por qué hemos venido? ―preguntó Ken.
―Necesito que hables con alguien―respondió Lectro.
―Pero, aquí no hay nadie―dijo Ken con razón.
―Vamos―dijo sin más y dio unos pasos hasta adentrarse en la zona, allí se detuvo después de que una extraña sensación corriera por todo su cuerpo―Este sitio…Se siente algo extrañamente lúgubre…―dijo mirando al chico.
―Y que lo digas…―añadió Ken.
― (No, no es lo que crees) ―dijo entre si mirando a otro lado―Vamos, Kenny―dijo dejando a un lado lo que había percibido antes.
Caminaron por la calle principal mientras Lectro observaba el destrozado lugar a su alrededor, casas en ruinas, rocas gigantes aplastando estructuras enteras, flechas que aún permanecían clavadas por el lugar, lanzas y espadas oxidadas que formaban vestigios de la batalla. Ken por su parte permanecia con la mirada baja solo siguiendo los pasos de su maestro, Lectro se dio cuenta y aunque lo dudó por un segundo, decidió llamar su atención―Kenny―dijo y el chico subió la mirada, revelando un pálido rostro que tomó por sorpresa al hombre―Concéntrate, por favor…―le pidió con mucho pesar― (Lo siento, Kenny, pero esto es lo mejor para ti…) ―dijo entre sí.