Preparaciones III

1233 Words
La noche anterior a que los chicos despertaran, en el reino de Els, las alarmas del castillo habían sido escuchadas por todos los alrededores. Los guardias exaltados recorrían todo el castillo de arriba abajo, pues alguien se había infiltrado y había robado algo muy importante. Entre todo el alboroto dos guardias corrían por los túneles que conectaban las catacumbas del castillo con el exterior. Los fornidos hombres parecían perseguir al culpable. Este los llevó a un callejón sin salida― ¿Eh? ¿Dónde está? ―preguntó uno de ellos. ―Lo vi entrar aquí ¿A dónde pudo haber ido? ―dijo el otro. Detrás de ellos una figura descendió desde el techo y con un golpe a cada uno los dejo tumbados en el piso completamente inconscientes. ―Estos tipos de Els, son puro musculo―dijo el joven chico tras tumbarlos. Era algo delgado, vestía con una ligera cota de cuero teñida de n***o, pantalones largos del mismo color y una bufanda también oscura. Llevaba puesta una mascarilla de hierro solo dejando a la vista sus pequeños ojos color café. Tenía el cabello n***o atado como una palmera, dejando caer sus mechones que cubrían parte de su rostro. Sujetaba en su mano derecha una peculiar espada. Tras decir esto, el chico se dio la vuelta y siguió un camino donde al final se encontraban unas escaleras que llevaban a la superficie. Cuando estaba por subir el chico escuchó una voz. ―Oye, ladrón―dijo una chica que apareció detrás de él. El enmascarado se volteó y la vio. Era una pequeña chica de piel morena con un largo cabello n***o, pecas en la cara y ojos color purpura. Vestía con una larga bata color blanco e iba descalza. ― ¿Una niña? ―dijo el hombre al verla―Perdón, te desperté pequeña―dijo a modo de broma y entonces vio la fría mirada de la chica lo cual lo preocupó un poco. El hombre suspiró―Sabes que, no tengo tiempo para esto, vuelve a dormir―dijo dándose la vuelta. ―Alto―dijo la chica y el joven se detuvo. ― (¿Qué? ¿Por qué me detuve?) ―dijo entre si y volteó a verla― ¿Qué es lo que quieres? ―preguntó. La chica apuntó a la espada que llevaba el hombre. ―No te iras de aquí con eso―dijo seriamente. ― ¿Qué? ―dijo el hombre y hecho a reír― ¿Qué dices? ¿Sabes lo que esto? ¿Tienes idea de quién soy yo? ―preguntaba el hombre mientras se reía de la chica. ―Un ladrón―dijo soltando una pequeña sonrisa. ―Sí, soy un tipo peligroso, enana―dijo el hombre burlándose nuevamente. La chica suspiró y hablo―Veo que tú no sabes quién soy yo―dijo la joven. ―Da igual quien seas. ¿Ves esto que tengo en mi mano? ¡Esta es la Earth…―decía el hombre cuando la chica hizo un rápido movimiento con la mano. Tras hacer esto la arena bajo los pies del hombre se levantó rápidamente y termino cortando el brazo con el que sujetaba la espada. Cuando la espada cayó al suelo se envolvió de arena y se movió hasta mano de la chica. ―Tenias―dijo la chica sonriendo. ― ¿Qué? ―dijo el hombre al ver lo sucedido―Ya entiendo―dijo algo enfadado consigo mismo―Debí notarlo por tu apariencia. La pequeña demonio de Els, Terra―dijo revelando el nombre de la chica. ―Sí, soy Terra―dijo y se sorprendió al ver que el brazo que había sido cortado antes se volvía arena mientras al hombre le crecía uno nuevo― ¿Qué? Veo que no eres un simple ladrón―dijo al ver lo sucedido. ―Así es―asintió el hombre―¡Maldición! La idea era robar la espada y ya está, se me pidió que evitara luchar contigo, así que me retiro. Puede que nos volvamos a ver―dijo el hombre y su cuerpo se desvaneció entre la arena. ―Qué tipo…―dijo y miró la espada― ¿Estas bien? …Lo siento. Venga. Volvamos a dormir un poco―dijo y se dio la vuelta―Mañana será un día apretado.   A la mañana siguiente. En el cuartel general del ejército de Els, la misma joven recién levantada procedió a vestir su uniforme habitual, una armadura completa de color marrón. Luego ató una banda de color morado en su frente y lanzó su lacio cabello hacia atrás. Tomó la peculiar espada y tras mirar unos segundos por la ventana, tomó aliento y salió de su habitación. Afuera la esperaban dos hombres vistiendo una armadura del mismo color que la de la joven. Ambos la saludaron parándose firmes frente a ellos―Buenos días. Comandante―saludo uno de ellos. ―Si. Buenos días―devolvió el saludo amablemente. ―Perdón por esperarla tan temprano. Pero hay dos hombres que quieren hablar con usted―reveló el soldado. ―Está bien. Vamos―dijo y tomó la delantera, los dos hombres la siguieron. Mientras caminaban por un pasillo la chica habló―Estos hombres ¿Son civiles? ―preguntó. ―No comandante―respondió el soldado. ―Ya―dijo e hizo una pausa al llegar a unas escaleras al final del pasillo. Mientras bajaban por ellas volvió a preguntar― ¿Reclutas? ―preguntó y el soldado negó nuevamente. Llegaron al piso de abajo. Entonces el soldado le señaló que debían ir a la sala de reuniones del ejército. Camino allí siguió hablando― ¿Quién molesta entonces? ¿Son de Els? ―preguntó. El hombre volvió a negar y la joven se sorprendió― ¿Eh? ¿Extranjeros que vienen hablar directamente conmigo? ―dijo parada frente a la puerta de la habitación―Interesante―dijo sonriendo, luego cambió a una cara más seria y abrió la puerta. Al entrar vio a dos soldados más, acompañados de dos hombres sentados alrededor de una gran mesa cuadrada, uno joven y otro que parecía mayor. El joven iba vestido de n***o y tenía el cabello blanco. Mientras el otro llevaba puesta una túnica marrón y sus ojos del color del mar llamaron la atención de la joven― ¿Quiénes…? ―decía al no poder identificarlos. ―Comandante. Estos hombres quieren hablar con usted―dijo uno de los soldados que estaba en la habitación. El mayor de ellos se colocó de pie y saludó con respeto a la comandante. ―Saludos. Soy el comandante del ejército de Dalai y protector de la Sea Sword―dijo el hombre presentándose―Mi nombre es Archie Pellagus. Es un placer. ―Yo soy Zero―dijo el joven tras saludar también a la chica. ―Si. Mucho gusto―devolvió el saludo aún confundida. ―Tenemos mucho que hablar contigo, Terra―dijo el hombre y la joven se sorprendió al ver que conocía su nombre. La chica asintió y luego pidió a los hombres de Els que se retiraran. Una vez salieron cerró la puerta y caminó hacia la mesa. Suspiró y hablo―Esto no se ve como un buen presagio―dijo y se sentó frente a los hombres―Bueno. Adelante.
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