Sasha buscó a Foresta por todo el castillo, pero no logro encontrarla, decidió entonces ir al pueblo y buscar en cada lugar, aunque tampoco tuvo éxito, preguntó a la gente del pueblo, Samos y a los guardias, pero ninguno la había visto, entonces decidió volver al castillo.
—¿Dónde se habrá metido? — se preguntó Sasha.
La reina caminaba por el lugar y vio a su hija algo inquieta así que se acercó a ella—¿Buscas algo Sasha? ―preguntó su madre.
—Si, a Foresta ¿Sabes dónde está? —preguntó.
—Creo que la vi salir al bosque hace un rato—dijo la reina señalando hacia un pasillo que llevaba del castillo al bosque.
—¿El bosque? Gracias mamá—dijo Sasha y se fue hacia el bosque a toda prisa. Cuando llegó al bosque no la encontró, así que empezó a gritar para que Foresta la escuchara—¡Foresta! —gritó varias veces—¿Estás aquí?
Desde un árbol Foresta observaba a la chica que repetía desesperadamente su nombre, suspiró y habló—Aquí estoy, princesa—dijo Foresta sentada sobre las ramas del árbol.
Sasha se guío por la voz y volteó rápidamente para ver a Foresta—¡Foresta! —exclamó— Al fin te encuentro ¿Podrías bajar? Necesito hablar contigo.
—Si—dijo Foresta y se dejó caer del árbol— ¿Qué necesita? ―decía inclinada ante Sasha
—Pues veras...quería. —dudaba de si debía preguntar o no—Quería preguntarte, por qué no aceptaste ir con Ken y Larry—preguntó finalmente.
—No puedo confiar en alguien del rayo, simplemente por eso―dijo Foresta mirando a otro lado.
—¿Por qué no? Los del rayo no han hecho nada malo―Insistía Sasha
—¡No es cierto! ¡Yo vi con mis propios ojos lo que ellos hicieron, al bosque, a mi gente! —dijo Foresta.
— ¿Lo que ellos nos hicieron? —preguntó Sasha confundida.
A lo profundo se escuchó una voz conocida por ambas—Un relato de hace muchos años…
—Esa voz... —dijo Foresta y miró hacia su derecha, entonces vio a Samos caminando hacia ellas— ¿Qué haces por aquí, Samos?
—Solo pasaba por aquí y me encontré con ustedes dos, sabes Foresta, ya que has dicho eso no deberías de dejar a Sasha con la duda, además, a mí también me gustaría escuchar esa historia—dijo Samos con curiosidad y se sentó en el suelo, preparándose para oír la historia.
—¿Tu tampoco sabes lo que pasó con los del rayo? —preguntó Sasha sorprendida.
—No, fue hace mucho, y solo los que lo vivieron o estuvieron involucrados podrían recordarlo—dijo Samos.
—¿Los que lo vivieron? Pero Samos, tu eres más viejo que nosotras dos juntas, sin ofender—dijo Sasha.
—Sasha, así como las plantas ocultan sus raíces, las personas también ocultan cosas ¿Por qué no te sientas a oír lo que Foresta tiene que decir? Adelante Foresta—dijo Samos a Foresta para que empezara a hablar.
Foresta suspiró y habló―Bien… supongo que ya no tengo opción―dijo algo enojada― Verán, yo soy lo que llaman una "hija del bosque", la última de ellas.
—Así que la última, entonces es verdad—dijo Samos quien ya sabía de la existencia de estas.
—¿Hijas del bosque? —añadió Sasha quien por el contrario no sabía nada
—Sí, las hijas del bosque fueron seres que existieron hace muchos años atrás—dijo Foresta apoyando su mano sobre el árbol en el que estaba montada antes, miraba al árbol mientras su rostro reflejaba tristeza.
—¿Hace cuánto? —preguntó Sasha intrigada.
—Hace más de doscientos años nació la última de ellas—dijo Foresta.
—Eso quiere decir que...Foresta...tu...
Foresta asintió con la cabeza para dar a entender a Sasha que en lo que estaba pensando era cierto―Las hijas del bosque podían vivir para siempre, también podían manipular su apariencia acorde a su edad, incluso una pequeña niña que aparentaba cinco años, podría tener hasta cien años encima—explicó Foresta.
—Ya veo, ósea que tu... —decía Sasha cuando fue interrumpida por Foresta.
—Sí, aparentó unos veinticinco años, pero mi edad real es de doscientos veinte años—dijo Foresta revelándoles su edad.
—Ya veo, así que las escrituras en los libros sobre personas inmortales eran ciertas... —decía Samos, pero Foresta lo interrumpió.
—No es así Samos, las hijas del bosque eran completamente mortales, hay otras formas de morir, solo tenían longevidad—dijo Foresta.
—Ya veo—asintió Samos.
—Pero, aun no entiendo que tienen que ver Uulen en todo esto—dijo Sasha.
—Al igual que los del fuego acabaron con los del rayo, los del rayo hicieron lo mismo con la gente del bosque—dijo Foresta apretando su mano.
—Pero Foresta, los del rayo nunca han atacado a la gente de Monkoi, ellos... —decía Sasha cuando fue interrumpido por Foresta
—En ningún momento nombré al reino de Monkoi—dijo interrumpiendo a Sasha.
—Pero tu nombraste a la gente del bosque…—dijo Sasha.
—Exactamente, dime Samos, ¿Desde hace cuánto se fundó Monkoi? —preguntó Foresta al anciano.
—Hace ciento cincuenta años—respondió.
—¿Y hace cuanto dije que dejaron de existir las hijas del bosque? -preguntó
—Doscientos años...ósea que... —dijo Samos.
—Sí, antes este bosque era nuestro hogar, dejo de serlo cuando ellos atacaron. Y este lugar solo fuera cenizas de no ser por el sacrificio que mi gente hizo por este—dijo Foresta con frustración.
—Foresta... —dijo Sasha tomando el brazo de Foresta— quisiera que me cuentes que fue lo que pasó con tu familia.
Foresta lo pensó, pero al final decidió contarle lo que pasó a Sasha y Samos, después de todo era las únicas personas en las que confiaba—Hace más de doscientos años las cosas en este continente eran diferentes a lo que es ahora. antes de que este se dividiera en ocho reinos, antes de la guerra, antes de que Monkoi fuera lo que es hoy en día... —dijo Foresta y comenzó a contar la historia—Aunque primero me gustaría contarles más de nosotras—dijo Foresta—Antes de que este país existiera en este lugar solía haber un bosque—dijo Foresta y fue interrumpida.
— ¿Solía? —preguntó Sasha confusa por lo que decía.
—Si—afirmó Foresta—Ese bosque era el hogar de las hijas del bosque, esas personas no eran como las demás en muchos sentidos, los cuerpos de las hijas del bosque podían durar muchos años, no envejecían, dado a que podían manipular su apariencia a voluntad como he mencionado antes. Aparte de que estas personas no tenían una madre, ni tampoco un padre, su única familia eran sus hermanas, otras personas, que al igual que ellas, nacieron del bosque.
—"Las hijas del bosque" ...ahora entiendo el nombre—dijo Samos poniéndose un poco pensativo.
—Sí, nunca supimos cómo, tampoco el por qué, pero por alguna razón estas personas aparecían de la nada, aunque siempre en el mismo lugar, bajo un árbol que era diferente a los demás, más grande, hojas más verdes y este nunca moría por más años que pasaran—explicó Foresta.
—Entonces ese árbol era como su madre—dijo Sasha.
—Algo así, bueno continúo con la historia—dijo Foresta y siguió contando la historia. —Al principio fue solo una, la primera de nosotras, se dice que el bosque cuido de ella hasta que cumplió veinte años, cuando ella cumplió los veinte años una segunda apareció, ella cuido de ella y el bosque cuidaba de ambas. Así fue desde entonces, cada veinte años nacía otra más, luego lo hacían con más frecuencia—Foresta se detuvo un poco a pensar y luego habló—En ese entonces no podía saberlo, pero cuando llegaron las personas a Gneithe me di cuenta que todas mis hermanas tenían apariencia femenina, entonces entendí por qué se llamaron a ellas mismas "Las hijas del bosque"—Explicó Foresta―Cuidaban entre si y convivían en tranquilidad en el bosque, hacían sus casas sobre los árboles y hacían todo lo que la primera les ordenara, se dice que ella era guiada por una voz, ella decía que era el mismo bosque quien le hablaba y que a él no le molestaba que comieran los frutos o que usaran la madera de sus árboles para sus casas y otras cosas, siempre que no tocaran "el árbol del que nacían" todo estaría bien―hizo una pausa y continuó
―Tiempo después hicieron del bosque su hogar, hicieron una pequeña civilización donde vivirían bien, nunca les interesó salir del bosque, tenían todo lo que necesitaban en él y no deseaban nada más, por eso nunca se dieron cuenta que fuera de este ya había personas haciendo sus civilizaciones, esas personas fueron los que dividieron el territorio del continente para que unos no tuvieran que ver con los otros, así nacieron los reinos de Uulen, Dulaan, Dalai y Nyevad. Luego me entere que desde ese día habían dejado de nacer las hijas del bosque.
―Pasaron los años y los líderes de cada uno de los reinos se enteraron de que había personas habitando en los bosques del oeste y que probablemente estas personas llevaban allí más tiempo que ellos. Se presentaron con las hijas del bosque y les dijeron que al igual que ellas, ellos ahora también formaban parte de Gnéithe, siguieron llevando sus vidas como eran antes de que ellos llegaran, pero ahora estaban conscientes de que no estaban solas.
—Así “el reino del oeste” nació y ellas eran sus habitantes, todo fue bien por un tiempo, pero, los del fuego pensaban diferente a los demás, según ellos, personas con las habilidades que ellas tenían eran una amenaza y debían eliminarlas, pero, no querían ensuciar sus manos, así que convencieron a los del rayo de hacer el trabajo.
—Después de cien años, al fin nació otra hija del bosque, la primera le llamó "Foresta" en nombre a todo lo que el bosque hizo por ellas. Quince años después, en el cumpleaños de esa niña, en la noche, el rayo cayó sobre ellas—dijo Foresta en referencia al ataque de Uulen al bosque—Atacaron y destruyeron todo, todo lo que habían construido por ellas mismas durante siglos con mucho esfuerzo, fue destruido en una sola noche, masacraron a las habitantes y ellas vieron caer la cosa que más apreciaban frente a sus ojos, aquel árbol cayó.
—El bosque entero fue consumido por las llamas, las primeras cinco y yo logramos ocultarnos, y cuando los del rayo se fueron salimos de nuestro escondite, pero, solo para ver el bosque vuelto cenizas, todas nuestras hermanas asesinadas y aquel árbol ya no se alzaba como era antes, nuestro hogar había sido destruido y no pudimos hacer nada para evitarlo...
—Pero, ¿Cómo es que el bosque aún está aquí? —preguntó Samos.
—Aunque no pudimos evitar la destrucción del bosque, al menos ellas pudieron devolverlo—dijo Foresta colocando su mano sobre uno de los árboles que tenía cerca, por alguna razón sentía tristeza al mirar ese árbol.
— ¿Cómo lo hicieron? —preguntó Sasha.
—Resultó que la primera tenía un poder más allá que las demás, ella podía devolver la vitalidad al bosque de alguna manera, dando su vida para ello, según ella, el bosque se lo dijo hace un tiempo, aparte de ella tres personas más debían dar su vida por el bosque, entonces la segunda, tercera y cuarta se ofrecieron, tras haber realizado una especie de ritual una luz las envolvió y se desvanecieron sus cuerpos, las cuatro luces fueron bajo tierra y en solo cuestión de minutos cuatro arboles nacieron, ellas se volvieron parte del bosque para poder salvarlo y aquella noche, por primera vez, llovió en aquel lugar.
—Gardenia, quien era la quinta, y yo, nos quedamos dormidas, al despertar el día siguiente el lugar había vuelto a la normalidad, cientos de árboles habían nacido en solo cuestión de horas, el suelo era tan verde como antes, sin embargo, ninguno resaltaba de entre los demás, las esperanzas de que personas como nosotras seguirían naciendo después de aquello fueron pocas, nos dimos cuenta que éramos las ultimas, de pronto empezamos a escuchar una voz, sonaba igual que la primera, aquella voz nos dijo lo siguiente:
“Gardenia, Foresta, como ven, el bosque ha recuperado su vitalidad, sin embargo, lo que nos dio la vida, ya no está en este lugar, ustedes son las ultimas hijas del bosque, después de lo que sucedió no les pido que se queden en el bosque, pero sí que lo cuiden, no de la destrucción si no de que gente de mal entre en él, seguramente más personas llegaran a este lugar después de ellos, en busca de un hogar, puede que al igual que nosotras también haya gente que quiera vivir en un lugar como este, les pido que no dejen entrar a nadie hasta que esas personas aparezcan, nosotras nos encargaremos de que este bosque no vuelva a morir, si alguien lo destruye, nuestro poder hará que renazca cuantas veces sea necesario, recuérdenlo a partir de ahora como algo que nunca morirá, un bosque eterno, les deseo suerte.”
—Entonces este bosque...no existiría si no fuera por ellas—dijo Samos sintiéndose algo mal—Lo siento Foresta, por hacerte recordar aquello.
—No importa, no hay día en el que no piense en eso—dijo Foresta bajando su mirada un poco triste.
—Me cuesta creer que la gente de Uulen hiciera tal cosa—dijo Sasha.
—Como te dije, reconozco que los del rayo han cambiado desde entonces, pero, aun así, no puedo llevarme bien con los que le hicieron eso a mi familia, es como que le pidas a Ken que se lleve bien con los del fuego—dijo Foresta.
—Entiendo—dijo Sasha bajando la mirada—pero, no te estoy pidiendo que te lleves bien con él, no te pido que seas su amigo, solo te pido que me acompañes a mí en esto y si puedes... ¡Ayúdame también a que los del fuego no hagan lo mismo que te hicieron a ti los del rayo! ¡Ayúdame a que no dañen a más personas! —dijo Sasha y tomó las manos de Foresta.
—¿Eh? —exclamó Foresta cuando Sasha tomó sus manos.
—Ustedes dos significan mucho para mí, si pudieran llevarse bien estaría muy feliz, pero como sé que no puedes, me conformo con que nos acompañes, ellos me dieron hasta mañana para convencerte, si cambias de opinión hasta entonces házmelo saber ¿De acuerdo? —dijo Sasha y se dio la vuelta hacia el castillo. Cuando se dirigía a la entrada al pasillo se escuchó una explosión. “¡Boom!”—¿Una explosión? ... ¡Madre! —exclamó Sasha preocupada por su madre y salió a toda prisa hacia el castillo.
—¿Qué fue eso? —preguntó Samos.
—El castillo... ¡Vamos Samos! —dijo Foresta y corrió detrás de Sasha, aunque rápidamente la perdió de vista. Al llegar al castillo una de las paredes estaba derrumbada y los guardias reales habían sido derrotados. —¿Quién hizo esto? —dijo Foresta y luego vio a Sasha tirada en el suelo— ¡Princesa! —exclamó y se acercó hacia ella para ver si estaba bien.
—Foresta... ¡Cuidado! ¡A tu derecha! —advirtió Sasha.
Foresta volteó y vio a alguien que había saltado hacia ellas con su espada, Foresta sacó un cuchillo rápidamente y bloqueó el ataque.
—Así que era cierto, Foresta ha vuelto—dijo el hombre que les atacó.
Foresta vio el logo que tenía en la pechera de su armadura—Los del fuego, ya veo—dijo Foresta y dio una patada al soldado empujándolo hacia atrás. Sin darse cuenta otra persona había saltado hacia ella por detrás.
—¡Foresta cuidado! —gritó Sasha al darse cuenta. Se escuchó un crujido que seguramente fue la cara del soldado del fuego al chocar con una enorme roca que había salido de la tierra.
—¿Una roca? —dijo Foresta confundida al ver la roca.
—¡Muere! —gritó otro soldado que se había lanzado hacia Foresta. El soldado fue golpeado por una bola de luz y empujado hacia la pared. Foresta miró hacia la dirección de donde vino el ataque y vio a Ken y a Larry
—Vaya…eso estuvo cerca—dijo Larry sacando su espada que estaba clavada en el suelo.
—¡Ken! ¡Larry! —exclamó Sasha aliviada al verlos.
—(Ellos me salvaron…)—dijo Foresta entre sí— ¡Cuidado! —gritó Foresta al ver a un enemigo detrás de Ken. Foresta lanzó el cuchillo que sostenía hacia el soldado del fuego, el cuchillo paso cerca de Ken y se clavó en el pecho del soldado, después de eso el soldado cayó al suelo.
—...Gracias Foresta—agradeció Ken por haberle salvado.
—Sí, estamos a mano—dijo Foresta seriamente.
—Así que era cierto... —se escuchó una voz y todos se sorprendieron.
—¿Quién anda ahí? ¡Muéstrate! —gritó Foresta.
— (¿Esa voz...)—dijo Ken entre sí?
—(...podría ser?) —dijo Sasha entre sí.
—Tres de las elementales aquí, a Farlan le gustará esto—dijo la persona que habló antes mostrándose ante los que estaban en la sala.
—...Ur…—dijo Ken sorprendido al ver a esa persona.