Ken tomó a Larry y le llevo cargado en su espalda, entonces él y Lirio entraron a la cueva. Cuando llegaron al lugar Lirio se quedó paralizado mientras temblaba, luego tragó saliva y habló—Ken, ¿Has dicho que Larry terminó así al ver esto? —Preguntó y Ken asintió—Ya veo—asintió— (Pues claro, me sorprendería que alguien no se impactara al ver tal cosa, este chico) —dijo entre si y miraba a Ken— (¿Qué clase de cosas has vivido?) —dijo al ver que Ken no se vio tan afectado por la escena. Luego Lirio se introdujo más en la cueva y en una parte oscura, logró ver a muchas personas atadas de brazos y piernas—Aquí están―Se agacho frente a uno de ellos y acaricio su cabeza―No se preocupen, pronto estarán en casa―dijo enfadado consigo mismo y volvió al lugar en el que estaban Ken y Larry―Ken, volvamos al pueblo a tratar a Larry, los soldados que mande a ir detrás de mí ya deberían estar aquí, ellos se encargaran de salvar a los pobladores—dijo y Ken algo aliviado asintió.
Cuando volvieron al pueblo entraron en la casa de Lirio y Ken recostó a Larry sobre una cama, entonces Lirio comenzó a pasar su bastón brillante desde los pies a la cabeza de Larry, Ken le miró y soltó unas palabras sin darse cuenta—Ese bastón…—dijo y se sorprendió al notar que lo dijo en voz alta.
— ¿Esta cosa? —dijo Lirio al escucharlo—Me lo ha dado un viejo amigo del reino de Monkoi, en ese momento me dijo que sería de utilidad para proteger al reino de lo desconocido, nunca lo comprendí hasta que un día me protegió del ataque de uno de los protectores—explicó Lirio.
—Ósea que ¿Puede frenar el poder de las espadas? —dijo sorprendido—Quiere decir que el poder que usaban esos hombres…—decía Ken.
—Sí, su poder guarda relación con las Elemental Sword de alguna forma—dijo y se puso pensativo—Personas con poderes de las Elemental Sword, si el reino de Dulaan cuenta con tales personas, todos los reinos deben enterarse de esto y estar precavidos—dijo y miró fijamente a Ken.
—Nosotros les diremos—dijo refiriéndose a él y Larry.
—No te preocupes Ken, la misión de los protectores es más importante, tú y Larry vayan y hablen con Foresta, yo enviare un mensajero al rey y él se encargará del resto, ¿Entendido? —dijo y Ken asintió—Bien, terminamos—dijo y retiró sus manos de Larry.
— ¿Ya? —dijo Ken al no enterarse de que hizo.
—Sí, he alterado de alguna forma sus memorias, olvidara lo que vio en la cueva y solo eso, cuando despierte solo habrá sido un mal sueño—dijo y Ken miró aliviado—Cuando Larry despierte deberán partir al bosque de inmediato, tengo cosas que hacer, nos vemos entonces, Ken—dijo y Ken asintió mientras el hombre se retiraba de la habitación.
A la mañana siguiente Larry despertó y preguntó qué había pasado, Ken le contó todo omitiendo el hecho de la cueva, le contó de Dracon y Salam y de cómo él y Lirio les habían detenido. Cuando termino de contar Ken notó una mirada caída en el rostro de Larry— ¿Estas bien? —preguntó y de inmediato la cara larga de Larry desapareció de tal manera que parecía que Ken se lo hubiera estado imaginando.
—Sí, estoy bien—dijo con una sonrisa típica de el—Ya podemos irnos Ken, hay que seguir—dijo, se colocó de pie y se dirigió a la puerta y Ken se fue detrás de él.
— (Bueno, parece estar bien) —dijo entre sí― (Aunque ¿Él no quería descansar?) ―le pareció raro la prisa de Larry. Al salir se encontraron con Lirio y le agradecieron por todo.
―Les pido de nuevo que me disculpéis jóvenes, os he puesto en un aprieto―Se disculpó Lirio.
Ken negó con la cabeza y luego habló―No pasa nada, somos protectores, sino podíamos rescatar a un pueblo, no podíamos imaginar salvar a todo Gneithe―dijo Ken y Lirio sonrió.
―Sí, lo mismo digo―dijo Lirio y finalmente se despidieron, entonces Ken y Larry siguieron su camino hacia la salida del pueblo—(Si no puedo salvar a mi pueblo, como podría pensar en proteger a Monkoi) ―dijo Lirio entre si mientras sonreía―Que chico más interesante. Nos volveremos a ver jóvenes—dijo mientras veía como se alejaban y se dio la vuelta hacia su pueblo―Gracias por todo.
Después de haber caminado durante casi una hora, lograron atravesar el prado, y ahí estaba, justo frente a ellos, el puente a los bosques del oeste, ahora lo único que tenían que hacer era encontrar el pueblo y buscar al protector de la espada.
—Bien, aquí estamos, ¿Ahora qué? —preguntó Larry
—Por lo que he escuchado, hay que adentrarse en el bosque para encontrar el pueblo, así que bueno, entremos—dijo Ken y caminó hacía la entrada del bosque.
—Bien, te sigo—dijo Larry y caminó detrás de Ken.
Entraron al bosque para buscar el pueblo, los arboles estaban muy juntos uno de otros, era casi imposible seguir un camino recto, las copas de los arboles estaban igual de juntas, lo que dificultaba la entrada de luz al bosque, no se escuchaba más que los sonidos que emitían algunos insectos como los grillos, o los silbidos de las aves en lo alto de los árboles, llegaron a preguntarse si de verdad había gente habitando el bosque, ya que no escuchaban los sonidos que comúnmente se oirían en una zona poblada, los mercaderes, por ejemplo. Recorrieron por bastante tiempo sin encontrar nada hasta que se dieron por vencidos.
Larry se tiró al suelo un poco cansado— ¡Me rindo! —Exclamó— ¿Seguro que aquí habita gente? Ya veo por qué nunca había visitado este lugar—dijo Larry.
—Es raro, según recuerdo los pueblos de Monkoi están por aquí—dijo Ken mostrando el mapa a Larry.
Larry echó una ojeada al mapa— ¿No nos equivocamos de bosque?
—Es el único bosque de este sitio, el otro se encuentra en Nyevad—dijo Ken.
—Oh claro, el bosque helado, dicen que la gente suele perderse en ese bosque y muere congelada ¿tú crees que sea cierto? —Preguntó Larry, saliéndose un poco del tema.
—Estando en medio de un bosque, no me gustaría ponerme a pensar en ello, venga, sigamos buscando—dijo Ken colocando a Larry de pie.
—Bien, pero, ¿Cómo propones que nos adentremos más al bosque? —dijo Larry señalando unos árboles que estaban a la distancia—Como ves, esos árboles parecen una especie de muralla, no podemos seguir por allí, aunque quisiéramos, son muy altos y están húmedos, si intentamos escalarlos podríamos caer ¿Qué propones? —preguntó Larry.
Ken pensó de brazos cruzados en lo que dijo Larry, luego lo miró—Cortarlos—dijo Ken señalando la espada de Larry.
—Podría servir—dijo Larry y sacó su espada—Bien, ¡Aquí voy! —Larry cortó los árboles que bloqueaban el camino sin ningún esfuerzo, pero al cortarlos detrás de los arboles había aún más árboles que seguían bloqueando el camino. — ¿Que? —dijo Larry confuso.
—Más árboles… ¿Puedes seguir cortándolos? —preguntó Ken.
—Claro—asintió Larry con la cabeza—Cortó los árboles y tras de estos había aún más árboles— ¡¿Mas?! —Gritó Larry—Bien... ¡seguiré cortando! —dijo Larry y cortó la tercera capa de árboles, el resultado fue el mismo, solo aparecían más árboles detrás de los que había cortado. Larry se enfadó y cortó y cortó, pero seguía habiendo arboles detrás de los que ya había cortado— (Esto ya es ridículo hasta para mi)—pensó Larry. De repente la tierra empezó a temblar.
— ¿Qué pasa? —Preguntó Ken al sentir la tierra moverse.
— ¿Un temblor? —Dijo Larry. Más árboles salieron de bajo la tierra, reemplazando los que ya habían sido cortados. — ¡¿Mas arboles?! —Gritó Larry—¡Los cortare de una buena vez!
— ¡Espera! —se escuchó una voz desconocida y Larry se detuvo, Larry y Ken voltearon a ver quién había gritado. De entre las sobras apareció un anciano, de baja estatura, era completamente calvo, tenía una gran barba blanca y vestía con una bata verde, también sujetaba un bastón hecho de madera en su mano derecha.
— ¿Qué? —Dijo Ken confuso— ¿Quién es usted? —preguntó.
—Mi nombre es Samos, pertenezco a Monkoi—dijo Samos sonriendo— Puedo ver que eres del reino de Erdes—dijo señalando la espada.
— ¿La reconoce, ¿eh? —dijo Larry moviendo la espada de un lado a otro.
—No tienes ni idea—dijo en un tono de voz suave— ¿Vienen a ver a Foresta verdad? La protectora de Monkoi—Preguntó Samos
—Sí, espere, usted es de Monkoi ¿Podría guiarnos al pueblo? —Preguntó Ken.
—Pero si el pueblo está frente a sus ojos—dijo Samos señalando los árboles que bloqueaban el camino.
—Disculpe, pero creo que no ve bien señor, ahí solo hay árboles estorbando—Dijo Larry señalando los árboles. Sacó su espada y habló—Y si no le molesta seguiremos cortando hasta poder...
—Me duele la cadera—Interrumpió Samos a Larry—he perdido estatura y ganado una joroba, apenas oigo y necesito de este bastón para andar sin problemas, pero sé que mis ojos están bien y lo que veo es a dos jóvenes cuyos oídos parecen estar peor que los míos—dijo el anciano y Ken y Larry se quedaron callados—Si quieres pasar de esa forma, entonces lamento decirte que te cansaras de cortarlos.
—Lo siento, ¿Puede mostrarnos la entrada? —pidió Larry.
—Si no lo hiciera no me perdonaría a mí mismo—dijo y golpeó el suelo con su bastón dos veces seguidas. Al hacer esto un camino se abrió entre los árboles, Ken y Larry se quedaron asombrados al ver esto, estuvieron boca abierta hasta que el anciano habló—Cuando los del fuego empezaron la guerra hace años, teníamos que mantener escondido el pueblo para evitar ataques enemigos, una barrera como esta, la cual solo alguien del bosque podría revelar el camino, es nuestra forma de defendernos actualmente―Explicó el anciano―Se lo que le pasó a tu gente, joven Ken―dijo y Ken le miró con atención―Entra al reino del bosque, ahí encontraras algo que te de esperanza—dijo Samos, dio la vuelta y se marchó.
— ¿Esperanza? —dijo Ken confuso—¡Oye espera! —gritó Ken, pero Samos ya había desaparecido.
—Sí que es rápido—dijo Larry después de soltar un silbido.
Ken se quedó pensativo— (¿Esperanza? ¿De qué habla?)-pensó Ken—Entremos Larry—Dijo Ken y entró corriendo al camino que se había abierto.
—Bien—Asintió Larry y corrió detrás de Ken.
Al cruzar el camino llegaron al pueblo, aunque vieron algo bastante raro, ¿Dónde estaban los típicos vendedores? no escucharon nada de sus gritos anunciando lo que vendían, en lugar de esos había muchos árboles de frutas, cultivos y demás, en el reino de Monkoi vivían de forma muy diferente, las personas podían venir y tomar los cultivos que necesitaran para su alimentación, estos eran cultivados por empleados del rey y solo se les pedía a los pobladores su máxima colaboración para que el sistema funcione, el tipo de vida que se llevaba en el reino de Monkoi era tan tranquilo que muy pocos de los nacidos allí abandonaban su hogar, se podía decir que allí tenían todo. Ignorando todo Ken y Larry pasaron de largo y fueron directo al castillo. Allí encontraron a dos guardias en la entrada, los chicos le explicaron a lo que venían, pero los guardias lo tomaron mal por alguna razón, llamaron a más guardias y tomaron a Ken y Larry para encerrarlos.
Encerrados en los fríos calabozos Larry no paraba de quejarse—No puedo creer que nos tomaran por criminales—dijo Larry y dio un golpe a los barrotes— ¡Auch! —se quejó del dolor.
—Cálmate Larry, eres el hijo del rey de Erdes, no estaremos aquí por mucho—Dijo Ken y se recostó en el suelo.
—Que relajado eres... —dijo Larry y también se echó al suelo.
A los minutos escucharon la voz de una chica, los guardias la trataban como "princesa" al parecer seria ella quien juzgaría a Ken y a Larry, al verlos la chica sonrió y habló con los guardias―Liberadlos, y llevadlos al castillo—dijo la princesa y se marchó.
—Entendido, princesa, libérenlos—ordenó uno de los guardias a los demás. Los guardias sacaron a Ken y Larry de la celda y los llevaron hasta el castillo—Perdón por el mal entendido—Dijo uno de los guardias y dejaron a Ken y Larry a la entrada del castillo.
Ken y Larry entraron al castillo y llegaron a una sala completamente vacía, mirando a su alrededor a ver si veían a alguien, pero no vieron nada más que las pinturas colgadas en los muros, junto a las antorchas que iluminaban la sala, como en cualquier otro castillo. Hasta que finalmente volvieron a escuchar esa voz—Saludos, viajeros, me disculpo por la bienvenida que le dieron nuestros guardias, es que aquí es difícil confiar en la gente de afuera—dijo la princesa y se reveló ante Ken y Larry. Era joven, su cabello era color castaño, piel blanca, tenía puesto un largo vestido color naranja, un lazo en su cabello que hacia juego con el vestido—Espero no te hayas olvidado de mi...Ken—dijo la princesa sonriendo.
—Estás viva...realmente estás viva—dijo Ken sin evitar llorar de la alegría—(Ahora que lo recuerdo, fue en este mismo lugar)—pensó Ken y empezó a recordar:
—Ese día mi padre tenía una reunión con el rey de Monkoi en el castillo de la región del bosque, le dije que me llevara con el por qué quería conocer el lugar, el acepto llevarme con la condición de que no me metiera en problemas y me quedara quieto en el sitio que él me dijera. Me dejo esperando fuera de la sala donde él estaba hablando con el rey, lo desobedecí y decidí explorar el lugar, terminé perdiéndome dentro del castillo.
—¿Dónde estoy? ¿Papá? —Me preguntaba mientras merodeaba en una de las salas del castillo, no sabía dónde me había metido.
—¿Estás perdido? —Escuché una voz preguntando aquello.
—¿Eh? —dije y volteé a ver, era una niña que venía bajando las escaleras— ¿Perdido? ...eh...no veras...yo—decía intentando ocultar que estaba perdido.
—¿No eres de por aquí verdad? —preguntó ella—Si estás perdido te puedo llevar con mi padre—dijo ofreciéndome ayuda—Mi nombre es Sasha, un gusto ¿De dónde eres? —se presentó extendiendo su mano hacia mí.
La miré por unos segundos y luego reaccioné—Me llamo Ken, soy del reino de Uulen—me presenté estrechando su mano.
—(Así fue como la conocí… Esperanza)—dijo Ken entre sí.
Antes de poder decir algo ya Sasha había corrido hacia el para abrazarlo—Te extrañé Ken—decía Sasha llorando—Creí que habías muerto, creí que no te volvería a ver, no sé cómo es posible, pero me alegra que estés vivo.
—A mi igual—decía Ken intentando no llorar de la alegría, pensando en que como su padre le prometió, él no fue el único.
Estuvieron abrazados por unos segundos, y aunque era muy emotivo el reencuentro, Larry no evito sentirse incómodo—Esto…, Hola, un gusto princesa Sasha—dijo Larry lo primero que se le vino a la mente.
Sasha reaccionó y se despegó de Ken rápidamente, limpió las lágrimas de alegría de su rostro y devolvió el saludo— ¡Oh! Hola, igualmente príncipe Larry—dijo con una sonrisa en su rostro y extendió su mano derecha hacia él.
Larry estrechó su mano, sonrió y colocando su mano libre en la nuca dijo—Solo Larry si no le molesta.
—¡Oh! En ese caso llámame solo Sasha, ¡Oh! Ken, debo decirle a mi madre sobre tu llegada, vengan ambos conmigo—dijo Sasha y los llevó a ambos a la sala donde se encontraban los reyes.