Para el final de la semana, me había quedado esperando que Lucke atacara. Pero gracias a Dios, no lo hizo nunca. Cuando me veía por los pasillos del instituto ni siquiera me miraba, y si por casualidad lo hacía, apartaba la mirada inmediatamente, como si con solo mirarme contraería alguna enfermedad infecciosa. Admitía que al principio me había molestado, incluso dolido un poco, pero para el jueves me di cuenta de que era lo mejor, necesitábamos esa distancia. También había encontrado trabajo en la cafetería de la universidad, tenía mis ahorros, pero ellos no me durarían por mucho tiempo. Me gustaba el trabajo, básicamente lo único que tenía que hacer era registrar los pedidos, era fácil y sencillo, y siempre encontraba la manera de charlar con la gente cuando compraban. Me había ent

