La mañana comenzó con Juliette asegurándose de que Asher y Samantha estuvieran listos para ir al colegio. Mientras Samantha acomodaba su mochila, Asher se quejaba de tener que usar la camisa metida dentro del pantalón, pero Juliette, con paciencia infinita, logró que ambos estuvieran presentables. Cuando finalmente subieron al auto, Saúl los esperaba con una sonrisa traviesa en el rostro. —¿Listos para otro día de aprendizaje, campeones? —dijo Saúl mientras ajustaba el espejo retrovisor. Los chicos respondieron con un murmullo apenas audible, todavía somnolientos. Juliette cerró la puerta trasera y se acomodó en el asiento del copiloto, dejando escapar un suspiro de alivio. El trayecto comenzó en silencio, pero no tardó mucho en que Saúl rompiera la calma. —Por cierto, Juliette —di

