Aurora despertó lentamente, sus párpados pesados y su cuerpo débil, como si hubiera estado atrapada en un largo sueño del que no sabía cómo escapar. El primer susurro que escuchó fue el sonido de una máquina, un pitido constante que indicaba que su corazón seguía latiendo, aunque con fuerza debilitada. La luz a través de la ventana era tenue, pero suficiente para hacerla entrecerrar los ojos. Estaba en una habitación blanca, silenciosa, el aire era frío, y su cuerpo, entumecido. El primer pensamiento que cruzó por su mente fue la sensación de vacío. Pero algo no estaba bien. Se giró lentamente, y allí, a su lado, estaba él. Arthur. Siempre tan imponente, tan seguro, pero ahora algo diferente en su rostro. Había un dolor sutil, como si el peso de algo insostenible lo estuviera aplas

