—¿Has hablado con Leroy? —le pregunto a Saúl, quien va prendado a mí como cuál novia primeriza—. Hermano suélteme —le digo en rechazo a su juego. —Termine de contarme y deje de desviarme el tema —expresa curioso. —Te pregunto por él porque precisamente mi preocupación es por su causa y Leonardo —le digo zafándome de su agarre para adelantar el paso y salir hacia el jardín de la casa. —¿Ahora que hizo el inconsciente? —inquiere Saúl con fastidio. —Más de lo que ya ha hecho, nada —contesto y tomo asiento frente a la mesa donde aún se mantienen Gerónimo y Gelys. —¿Entonces? —insiste Saúl. —¿Pudiste hablar con Sabrina? —me pregunta Gelys mirándome fijamente y luego a Saúl que se muestra impaciente. —No, me distraje en el camino —confieso. —¿Y ahora que sucedió? Tienes cara de aconteci

