4.Seguir mi intuición

1576 Words
4. Seguir mi intuición Vivianne Me quedo sola en la cafetería mientras las chicas van a su entrenamiento de porristas. No puedo evitar reír al recordar la gran vergüenza que pasé cuando me convencieron de hacer las audiciones con ellas. A pesar de que voy al gimnasio y me mantengo activa, no soy una chica tan atlética como ellas. Cuando me pidieron hacer un movimiento acrobático básico, terminé cayendo de manera aparatosa. Fue un desastre. Definitivamente, esa actividad no es para mí. Mientras revuelvo lentamente mi taza de té, veo cómo las pequeñas ondas se forman con cada movimiento de la cuchara. Sin embargo, mi mente está lejos de ahí. Lo que pasó anoche no deja de dar vueltas en mi cabeza. Me pregunto cómo será mi vida casada con un hombre que nunca he visto en persona y con quien apenas tengo una vaga idea de cómo será nuestra convivencia. ¿A los hombres les importa esto? Después de todo, un matrimonio por contrato es solo eso: derechos y obligaciones, una alianza social y familiar. No implica necesariamente amor, ¿verdad? Pero… ¿cómo será nuestro trato diario? ¿Podríamos al menos llegar a ser amigos? ¿O viviríamos como extraños bajo el mismo techo? ¿Habría fidelidad o cada uno continuaría su vida como si el otro no existiera? Phillip, por lo poco que sé, es atractivo, carismático y parece tener éxito entre las mujeres. ¿Seguirá con sus amantes, incluso después de casado? Es una posibilidad que me inquieta, aunque trato de no pensar demasiado en ello. Una voz femenina interrumpe mis pensamientos. —Vivianne Peterson. ¿Puedo sentarme? Alzo la mirada y veo a Lauren, con una gran sonrisa en su rostro. Abro y cierro la boca, sin saber qué decir, pero ella no espera mi respuesta y toma asiento frente a mí. —Lauren, ¿qué necesitas? —pregunto, tratando de mantener la compostura. —Solo quería decirte que espero que no trates de interponerte entre Roger y yo. Ambos estamos destinados a estar juntos. Pero además, yo lo amo —dice, como si quisiera marcar territorio. Frunzo el ceño, sin entender qué tiene que ver eso conmigo. —De acuerdo… pero… ¿qué quieres de mí? —pregunto finalmente, algo molesta. Lauren se inclina hacia adelante, bajando la voz como si estuviera compartiendo un secreto. —Solo quería prevenirte, por si mi prometido intenta buscarte. Vivianne, hay cosas que no sabes y creo que es hora de que salgas de tu ignorancia. Roger y sus amigos hicieron una apuesta. Tú eras el objetivo. El impacto de sus palabras me deja inmóvil. A pesar de lo confusa que es, entiendo perfectamente lo que quiere decir. —Se rumorea que eres una de esas chicas "raras", ya sabes… que aún son vírgenes. Es un poco… extraño. Bueno, eres como un bicho raro —añade, con una sonrisa venenosa. Parpadeo varias veces, tratando de procesar lo que acaba de decir. ¿Roger y sus amigos apostaron sobre mi virginidad? ¿Es eso lo que discutieron a mis espaldas? Me río, incrédula. —¿Soy un bicho raro porque no quise acostarme con el idiota de tu ahora prometido? —La veo palidecer, consciente del impacto de sus palabras y lo mal que suena todo. Me levanto, tomando mi bolso. —Tranquila, Lauren. No tengo el menor interés en volver a cruzar palabra con ese tonto —digo con una sonrisa cargada de ironía mientras jugaba con un mechón de mi cabello. Mi mirada se clavó en la suya, buscando cualquier señal de incomodidad—. Espero que lo disfrutes. Pero si estuviera en tu lugar, me preocuparía menos por lo que piensas que ganaste y más por lo que todo el mundo anda diciendo de ti. Lauren arquea una ceja, tratando de mantener la compostura. Su fingida confianza no era suficiente para ocultar el leve temblor de sus labios. —¿Qué dices? —responde, con un intento de firmeza. —Oh, ya sabes, "robanovios" no es precisamente un apodo cariñoso. Y, bueno, no soy yo quien lo dice, claro. Es lo que murmuran por los pasillos, en los descansos... pero tranquila, solo te lo dejo de tarea. —Mi tono sarcástico fue como un dardo bien lanzado, directo y efectivo. Lauren abre la boca para replicar, pero no encuentra las palabras. El silencio que siguió fue suficiente para que supiera que mi punto había quedado claro. Me doy la vuelta, acomodándome el bolso al hombro con tranquilidad, y comienzo a caminar hacia la salida. Mientras me alejaba, escuché su voz quebrarse en un murmullo. Tal vez era una disculpa, tal vez una réplica tardía, pero ya no importaba. Había aprendido a soltar a las personas que no aportaban nada positivo en mi vida, y esta situación no era la excepción. Me sentía ligera, como si un peso invisible hubiera desaparecido de mis hombros. Era un recordatorio de que la dignidad no se negocia, y, en ese momento, me prometí que nunca más dejaría que alguien me hiciera sentir menos de lo que merezco. Salgo de la cafetería con la frente en alto, dejándola ahí, boquiabierta. Mientras camino por el pasillo, reflexiono en silencio. No cedí, y no porque me importara seguir siendo "la virgen rara de la escuela", como algunos me han llamado en tono burlón, sino porque algo dentro de mí gritaba que Roger no era el indicado. Desde que tengo memoria, he soñado con que mi primera vez sea con alguien que realmente ame, alguien que sea dueño de mi corazón. Y aunque Roger fue, en términos simples, el "menos peor" de mis exnovios, siempre hubo algo en mi interior que me decía que no era él. La prueba de que tomé la decisión correcta es que, desde que terminamos, no lo he extrañado ni por un segundo. Al contrario, siento una liberación, como si un peso que no sabía que cargaba hubiera desaparecido de repente. Si esa falta de apego me convierte en un "bicho raro", como algunos me han llamado, entonces que así sea. Prefiero ser fiel a mí misma que caer en las expectativas de otros. Llego a mi siguiente clase con una mezcla de pensamientos flotando en mi cabeza. Esta vez, no comparto horario con las chicas; ellas han ajustado sus horarios para coincidir con el entrenamiento de porristas. Aprovecho la soledad para enfocarme en la lección, aunque mi mente a veces se distrae con el ritmo pausado de mis días. Cuando la clase termina, no me quedo a socializar ni a perder el tiempo en los pasillos. Decido regresar directamente a casa. Últimamente, parece que los días transcurren a un ritmo diferente, más calmado, más mío. Tal vez es el preludio que antecede a la nueva vida que me espera. ***** Phillip El insomnio me hace llegar más temprano a la oficina que de costumbre. Le pido a mi asistente que me traiga un café n***o, pues no he dormido casi nada. Pasada la mañana, toca a mi puerta y veo que trae algo en sus manos. Es un chico muy eficiente y confío completamente en sus capacidades. —Señor, aquí tiene todo lo que me pidió. Coloca un sobre sobre mi escritorio y, tras un breve asentimiento de mi parte, se retira. Espero a escuchar el cierre de la puerta antes de abrirlo. Del interior saco una serie de documentos y fotografías cuidadosamente organizadas. Aunque los papeles contienen información relevante, mis ojos son rápidamente capturados por las imágenes. La primera fotografía muestra a un trío de mujeres jóvenes, radiantes en una sonrisa que exuda una calidez desconcertante. Todas comparten el mismo rostro, pero su esencia es completamente distinta. Una pelirroja de ojos brillantes que parece irradiar energía, una rubia con un porte sofisticado que sugiere confianza, y una castaña cuya mirada, más suave y enigmática, parece esconder secretos que atraen sin esfuerzo. Mis preferencias suelen inclinarse hacia las mujeres como la pelirroja o la rubia: audaces, llamativas, del tipo que roba miradas al entrar a una habitación. Sin embargo, mis ojos se detienen más tiempo en la castaña. Su apariencia es más sencilla, menos impactante al primer vistazo, pero hay algo en ella... una cualidad inexplicable que parece envolverla como un misterio por resolver. Dejo esa imagen a un lado y tomo otra fotografía del sobre. En ella aparece una chica más joven, con rasgos similares a las tres mujeres anteriores, aunque todavía conserva la frescura de la adolescencia. Su sonrisa es amplia y despreocupada, como si el peso del mundo todavía no hubiera tocado su puerta. Junto a ella está Daniel, un hombre cuya presencia siempre impone. Por la familiaridad en la postura y el brillo en sus ojos, no me cabe duda de que esta debe ser su hija menor. Mis pensamientos se aceleran. Daniel es meticuloso con todo lo que considera suyo, y su familia no es la excepción. Si estas mujeres están en el centro de su vida, conocerlas significa adentrarse en un terreno donde los sentimientos y los intereses se entrelazan peligrosamente. Muy interesante. Cierro los ojos un momento, intentando reordenar las ideas. Las imágenes, sus rostros, sus sonrisas, todo se siente más significativo de lo que esperaba. Coloco las fotografías sobre el escritorio, en fila, y me detengo en la de la castaña. Esa sonrisa ligera, esa mirada que parece hablar en un idioma que desconozco... Quizá sea hora de dejar que la intuición guíe mi siguiente paso.
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