Sandro El amanecer aún no ha surgido cuando abro los ojos. Estoy acostado, solo, en este sofá del que me he negado a levantarme. No porque tuviera sueño. No porque necesitara descansar. Sino porque ella se ha ido. Porque prefirió dormir en la otra habitación. Lejos de mí. Lejos del fuego que encendimos juntos. Lejos de la elección que no quiso hacer. Y eso es peor que el rechazo. Me dejó ahí, con mi deseo aún ardiente, con mi ira, mi frustración, y esa sensación de fracaso pegada a la piel. Vi su nuca erguirse. Escuché la puerta cerrarse. Y dejé que sucediera. No por debilidad. Ni por compasión. Sino porque una cuerda se tensó entre nosotros anoche. Una cuerda tan fina como un susurro, tan afilada como una navaja. Una cuerda lista para ceder. O para estrangular. Me incorporo. E

