CAPÍTULO 31

1235 Words

La luz de la mañana se filtra sin piedad por las cortinas, golpeando mis ojos con una punzada dolorosa que me hace maldecir internamente. Me remuevo en la cama, sintiendo el peso aplastante de la resaca en las sienes, pero lo que realmente me espabila es notar el vacío a mi lado. Silas ya no está entre las sábanas, aunque el colchón aún conserva un rastro de su calor. Me incorporo lentamente, frotándome la frente, y lo encuentro de pie cerca del ventanal. Lleva ropa cómoda y sostiene una taza de café entre las manos. Al escucharme, se da la vuelta. El ambiente entre los dos está completamente despojado de las máscaras habituales; no hay espacio para el sarcasmo ni la ironía que siempre usamos como escudo. Solo hay una calma extraña, cruda y madura. —Charles me dio esto para ti —dice, ace

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