Epílogo
“El pasar del tiempo”
Cinco largo años han pasado desde entonces, dando un vuelco positiva en la vida de ambos, AquaMarine se ha adaptado por completo al mundo mortal gracias a Hace, además que ahora no era solo novios sino esposos...
Y hoy era un día llenos de emociones fuertes para la nueva familia Winston, pero principalmente para la hija del mar que no había dejado de “padecer” ese día.
[...]
Uno...
Dos...
Tres...
El siseo de las olas ceso de repente, justo en el preciso momento que el llanto de un nuevo ser llegaba a este mundo, el mar tenía aquel brillo particular de un azul tan vibrante, puesto que su nuevo legado acababa de nacer, en la cuna de una familia que ahora llevaba por apellido Winston, recibía con gran gozo a una pequeña niña de piel tan blanca como una perla recién sacaba de una ostra, pequeños ramilletes de cabellos castaño yacían en la infante, pero lo más cautivador eran esos orbes de azul tan profundo como el mismo mar.
Era la viva estampa de su madre. Daria Zale Winston, ese es su nombre.
Esa noche se celebro con gran gozo la llegada de la nueva integrante de la manada, Camila había organizado un banquete para todos, mientras que madre e hija descansaban tranquilamente después de una dura y larga jornada del parto.
Jace no se había despegado de ambas hasta hace un momento, su lado sobreprotector estaba desatado al máximo.
Aquella habitación algo especial, tenia un gran ventanal que daba directamente a una preciosa vista al oceano, el cual esa noche portaba un brillo especial en sus aguas.
Su nuevo hogar junto a Jace.
Una dulce melodia era acariada entre la suave brisa salada del mar, y solo la pequeña niña era la única que la lograba escuchar, arrullandola entre su sueño, como caricias de un abuelo a su nieta, el mar acababa de ver por segunda vez a su corazón.
El tesoro más valioso del mar y la luna jamás fue una joya.
No obstante, en el horizonte la luna hace su aparición, tan efimeramente que no llamo la atención de la mujer castaña, pero ella sabía la magia naciente esa noche atraída por el nacimiento de su primera hija, pero a su vez temía el futuro que le espera a su heredera.
—¡Cuidado! ahí va, ¡es la hija del mar! ¡Cuidado! pregonó, su voz oí, sonaba sin cesar cuando el mar lo devoró.—la suave voz proveniente del mar resono como un pequeño susurró en el oído de la niña.
Ella abrió lentamente sus ojos, parpadeando para acostumbrarse a la iluminación natural de la habitación.
— Cruzando el mar bañado en luz lunar, su voz llegó hasta mí, ¡Cuidado ahí va, es la hija del mar; ¡Cuidado, estoy... aquí!—la canción se fue apagando lentamente, como cual canto de sirena.
Daria rió alegremente, era como si esta fuera un respuesta o mejor dicho un "Te estoy escuchando abuelo".
La mujer que dormía placidamente a un costado de ella se despertó, a causa del sonido emitido de la recien nacida. Se levanto de la cama con movimientos lentos hasta la cuna de la bebé y con sumo cuidado la tomó entre sus brazos para acomodarla en su regazo, detallandola fijamente su angelical rostro.
—¿De qué te ríes, mi pequeña Daria? —susurró la mayor, a la vez que la mecía entre sus extremidades.
La niña simplemente bostezo.
—Duerme, mi pequeña princesa del mar—dijo la mujer, sonriendo al ver aquella acción de su hija.
La dama sabía que su progenitora era especial, pues en algún momento ella pertenecio al mar, aquel lugar donde esta su hogar, hasta llevaba un nombre con referencia Aquamarine; como una particular joya del profundo mar, pero en su momento declino para llevar esa vida mortal y ahora sabía que el oceano buscaría un nuevo sucesor.
El mar ya había elegido a su próxima gobernante, ya no hay vuelta atrás...
¡Cuidado con la hija del mar!...
—Dulces sueños, Daria—murmurró, acomodando a la pequeña de vuelta en la cuna.
—El mar ha encontrado a su siguiente sucesora—aquella vocecilla llego entre el viento de la ventana a los oídos de la dama.
Sellando de esa manera destino que le esperaba a su hija, al ser la elegida por el mar o mejor dicho por el dios Poseidón como su heredera... Ya no hay vuelta atrás la voz viajó con la espuma y la sal, mientras que en el mar, halló su fin.
¡Cuidado con la nieta del mar, ya llegó a gobernar!...
El mar ha encontrado a su nueva seguidor, que su corazón pertenece al mar.
[...]
—Es tan hermosa y pequeña—la voz de Jace sonó por lo bajo.
El hombre lobo contemplaba a su hija dormir tranquilamente en la cuna, ni siquiera se podía creer que un ser tan perfecto hubiera salido de él, siempre pensó que estaría solo por toda la eternidad.
Pero todo cambio con la llegada de AquaMarine.
—Si, no puedo creer que somos padres como Camila y Matthew—
comento la castaña con un leve entusiasmo en la voz.
Ella estaba tan alegre como asustada de no saber si iba a ser buena madre, pero al menos tenía a Camila a su lado para guiarla en casa momento.
Jace noto el cambio de humor de su mujer por lo cual se coloco justo detrás de ella para fundirla en un abrazo de apoyo, él se encontraba igual o peor que su esposa aunque lo tratara de ocultar, solo para darle seguridad a AquaMarine.
Él sabía que su pequeña niña no era una bebé común y corriente, tenía tanto los genes lobunos de él como los de Aqua.
—Tranquila, todo va a estar bien—le susurro el Winston cerca de su oído, tratando de calmarla.
Ella sabía que el destino de su hija ya ha sido trazado por las moiras tejedoras.
Solo deseaba que nada malo sucediera ...
AquaMarine llevo su mirada una vez más a la cuna para detallar a su niña durmiendo, estaba muy impaciente más por qué sabía que Madeleine ha vuelto y era más que seguro que los buscaría.
La vampira se quería vengar por la muerte de su esposo.
Ella solo esperaba que todas las consecuencias cayeran sobre ellos y no sobre los hombros de su pequeña Daría.
Fin